domingo, 5 de noviembre de 2017

Do, Re, Mi, Fa... Foco


Todos los días a todas horas.¿Cuándo empezó? Acompaña esa intensidad con una música a veces pegadiza y otras veces solo martilleante. A las ocho de la mañana, las doce del mediodía o diez de la noche.  Mundo de luces permanentes, ciegamentes. Escaparates. Escápate.


Hay quien pasa más tiempo debajo del foco que debajo del sol. Abruma pensarlo. Sentirnos tan acostumbrados es delito. Dime dónde iluminas y te diré de qué oscureces. Los focos como maquillaje. Foco aquí, foco allá, maquíllate, maquíllate.

¿Qué necesidad real existe de tanta iluminación? A mi entender, ninguna. ¿Brillar significa ser mejor? Al hilo de esta reflexión pienso en la fruta y verdura de los supermercados. Ahora las manzanas brillan, los calabacines vienen barnizados. Una manzana sin brillo y con un pequeño agujero queda desterrada a producto de descuento o directamente va a la basura. Claro que sí, gente.

Puedes poner un reloj de plástico barato y muy rompible debajo de un foco que parecerá un Rolex. También puedes coger a un tipo cualquiera, ponerlo bajo los focos con un poco de maquillaje y que ocurra lo mismo. Somos como polillas atraídas irremediablemente a la luz. Del tipo que sea, nos idiotizamos. El tiempo mercantilizado, las personas, más.

No solo quien trabaja en una tienda, por ejemplo, vive bajo un foco permanente. Hay focos muy intensos que están sin notarse. Somos productos y nadie quiere ser el calabacín feo. ¿Qué implica desaparecer de los focos, salir del escenario, pasar del escaparate?

Muchas veces es  arriesgarse a no tener quien te compre. A coger polvo en el almacén. Estar pasado de moda, qué horror.

Pero ay el día que alguien te encuentra debajo del polvo, en aquel rincón del almacén, o que sales solito y ves que quizá sirvas para algo más que ser camiseta de un día en el armario de una adolescente. Ay cuando brillas sin foco.

Cuando das la nota más alta. O cuando suena sol.









martes, 17 de octubre de 2017

Josetxos

Algunos entornos se prestan más y mejor. No en todos los barrios cuecen las mismas habas. Hay más caldo en algunos, más ingredientes en ebullición. Eso que llaman "vida en común" se ve reflejado, por ejemplo, en esta zona. Los barrios residenciales no tienen opción entre tanto garaje y jardín. Pero aquí... Lo que dan de sí 5 minutos y 100 metros cuadrados.

Sacas de tu casa a la basura un sillón que previamente cogiste de otra basura parecida, lo dejas medio tirado en la acera y empieza el espectáculo: Señoras que pasaban por ahí se te acercan y comentan. La planta huérfana, abandonada a su suerte al lado del contenedor, nos viene muy bien para el atrezzo improvisado. Queda perfecta al lado del sillón, ya tenemos salón. Pero falta algo. Gracias Josetxo por entrar en escena. Bueno, tu perro y tú. Que da la casualidad de que también conocéis a las otras dos actrices espontáneas. "Oye, ¿nos sacas una foto?", dice Josetxo. Y así, repentinamente, quedan retratados en este salón de techo alto y muy azul su perro y él, como si todo estuviera preparado para el momento.

Termina la sesión y de rebote la planta consigue un nuevo hogar. Si Josetxo pudo con las plantas de maría de su sobrino, esta palmerita es pan comido. Arranca las hojas secas  mientras nos habla, antes de irse a casa. Las señoras, entre tanto, piensan que quizá el sillón les podría encajar en su vivienda. Reculan al explicarles que en realidad está carcomido. Entonces, nos ayudan a desmontar el escenario y tirar definitivamente (o no, quién sabe) este asiento multiusos. "Ponlo así, no vaya a ser que algún niño se pinche con ese clavo". Los niños del barrio.

Agur Josetxo, perro y planta. Gracias señoras por su colaboración.





domingo, 8 de octubre de 2017

El verano de Maribel

No es un cuento chino. ¿O sí? Tal vez medio español. Cuando Luo Zhen Xu (por ejemplo) opta por llamarse Maribel o en la taberna Ricardo puedes pedirte un Shao-Mai junto con unas bravas, algo pasa. Hay que contarlo. 

La suya es una revolución silenciosa. De tiempo. Nos reímos, nos hacen gracia. Pero, sinceramente, creo que ellos se están riendo de nosotros. Pobrecitos europeos, no tienen ni idea. Nosotros hemos aprendido de vosotros mientras por aquí os rascabais la barriga admirando vuestra historia, noches parisien y amaneceres en Islandia, cómo mola. Pero chicos, en realidad sois pocos y envejecéis deprisa. 

Compramos cantidades ingentes de leche para lactantes por Internet, porque la prole es gigante y tiene hambre. Conquistamos vuestros bonitos locales para poder después haceros la manicura o venderos coladores de colores para esos zumos de naranja que hace tiempo dejó de ser de Valencia. Aprendemos vuestro idioma mientras vosotros os reís de nuestra pronunciación. Sí, sí. Seguid así. Si ni siquiera inglis pitinglis, como para darle a chino mandarín. 

Antes China solo aparecía en las etiquetas, ahora, lucen su seña orgullosos. En camisetas de fútbol, bares, tiendas y cómo no, en arrogantes smartphones que siempre han hecho en nombre de otros. ¿Qué pasa Xiaomi? ¿Cómo te va, Huawei? 

Por aquí hemos vivido de nuestro propio cuento, sin ser conscientes de lo que se estaba cociendo a una distancia casi imposible para algunos. "Humor amarillo". Qué risas. Ya están dentro. No se avergüenzan, toman el control. Bye, bye, Europa. Una cacerolada no hará nada. (¿Cacerola made in... dónde, dices?).

Mientras tanto por aquí nos peleamos en colores pasados de moda: que si rojos y grises. Que si países o pueblos. Cuando el color mundial puede que sea el amarillo y Maribel ya habla euskera y catalán.

La primavera fue árabe, pero el verano... ay, el verano. Es de Malibel, sin cuentos. 



sábado, 16 de septiembre de 2017

martes, 12 de septiembre de 2017

Pulir la mirada

Tus lentes maravillosas, es decir, tus ojos, son capaces de ver la vida de infinitas maneras. Basta un color, un calor o un estado de ánimo para que la película cambie. El estado mental, qué importante. Básico para sentir el asombro cotidiano, la cadencia de la vida. 

Hay días en los que  te basta con la mera contemplación para sentirte pleno. Los sonidos de la calle, los movimientos de la gente, la luz a esa hora exacta... Los encuadres funcionan. La banda sonora está en su punto y solo tienes que dejarte llevar por ella. Todo encaja. Ese señor con esa luz o esa sombra junto a ese árbol quedan perfectos. Foto mental. Si hay suerte, puede ser una foto real, física, analógica o digital. Si controlas, todo eso que pasa por tus lentes maravillosas podrá quedar plasmado de verdad para poder compartirlo. De tus ojos a los de los demás. Menudo arte. La mayoría de las veces se queda solo dentro de nosotros porque no tenemos ni pajolera idea de cómo "revelarlo" para el otro,  cómo expresar o explicar lo que ves en tu cabeza. 

Que quede bonito, qué difícil y en apariencia tan sencillo.

Cuando uno se pone en estado contemplativo siente que está casi dentro de una película. Las conversaciones, el tren que pasa, la paloma que vuela, el mar a su ritmo. La gente como parte de todo el engranaje. Ante ti como una gran pantalla.

El cine en tu cabeza. Hacer cine, eso sí que es un pulido serio de mirada. Mezcla tú bien fotografía, con música, pintura con psicología, tempos... Casi nada.

 Y ahora llega su fiesta. Este rato en la ciudad donde el cine se engalana y brilla con una luz mucho más potente. Sale a pasear vestido de domingo. Es la excusa perfecta para celebrar algo que ocurre en realidad todos los días del año. Ese anonadamiento universal ante la vida como narrativa. La magia de ser capaz de crear vidas dentro de otra vida. Bailar con la luz. Enfocar y disparar. Jugar a ser otro, vivir el doble a través de miradas que se atreven.

Dar cine, pulir cine.


Ana Torrent en el Espíritu de la Colmena viviendo cine, puliendo la mirada con sus lentes maravillosas







jueves, 7 de septiembre de 2017

Mañanear

Puedes hacerlo por hobby, o, más probablemente, por obligación. Da igual, ambas versiones son, a su modo, disfrutables.

Como diría  Haruki Murakami: "¿De qué hablo cuando hablo de mañanear? "

 Hablo de esos cinco minutos de café solo, o sola, o acompañada, pero cinco minutos tuyos,  de los que puedes saborear. Hablo del camino al autobús cronometrado pero también pausado; del programa de radio en el coche y esa canción que te pilla de sorpresa y te pone de buen humor. Hablo de las calles en blanco para que las podamos pintar, de nuevo, a lo largo del día. El ruido de las persianas levantándose, ¡¡los desayunos!!, el olor a tostada, la mermelada.

La cucharilla acariciando la taza (ese tintineo), el periódico doblado, los "aupa egunon", las caras con aroma a sábana pegada. "Son las 8, las 7 en Canarias".  Hablo de esos ratitos de lectura rápida, de tiempo muerto pero en realidad muy vivo, pausas antes de ir a cavar, a sacar oro. Un tiempo que es más tuyo que ninguno, tú verás lo que haces con él.

Los vecinos, la de la limpieza en el descansillo. "Ha refrescado, ¿eh?"  Sacar al perro en pijama pero con el abrigo puesto para luego, si hay suerte y mañaneas por gusto - o por chucho -, volver a tu guarida. Comprar el pan, ir a por croissant. El lujazo de un zumo recién exprimido.

El beso y ese "agur amá". El cole. "Txintxo izan".  El silencio al ser el primero en la oficina, organizar la mesa, abrir las ventanas, elegir playlist. El gozo latente de poder estrenar tantas mañanas.

El arranque a veces es potente, un poco masoca, hasta que llegas a la velocidad de crucero. Miras al cielo, qué gusto poder respirar otro día más.

Mañana, mañanea. Hoy, también.

Buenos días. Good morning. Bonjour. Egunon, Guten Morgen.