domingo, 8 de octubre de 2017

El verano de Maribel

No es un cuento chino. ¿O sí? Tal vez medio español. Cuando Luo Zhen Xu (por ejemplo) opta por llamarse Maribel o en la taberna Ricardo puedes pedirte un Shao-Mai junto con unas bravas, algo pasa. Hay que contarlo. 

La suya es una revolución silenciosa. De tiempo. Nos reímos, nos hacen gracia. Pero, sinceramente, creo que ellos se están riendo de nosotros. Pobrecitos europeos, no tienen ni idea. Nosotros hemos aprendido de vosotros mientras por aquí os rascabais la barriga admirando vuestra historia, noches parisien y amaneceres en Islandia, cómo mola. Pero chicos, en realidad sois pocos y envejecéis deprisa. 

Compramos cantidades ingentes de leche para lactantes por Internet, porque la prole es gigante y tiene hambre. Conquistamos vuestros bonitos locales para poder después haceros la manicura o venderos coladores de colores para esos zumos de naranja que hace tiempo dejó de ser de Valencia. Aprendemos vuestro idioma mientras vosotros os reís de nuestra pronunciación. Sí, sí. Seguid así. Si ni siquiera inglis pitinglis, como para darle a chino mandarín. 

Antes China solo aparecía en las etiquetas, ahora, lucen su seña orgullosos. En camisetas de fútbol, bares, tiendas y cómo no, en arrogantes smartphones que siempre han hecho en nombre de otros. ¿Qué pasa Xiaomi? ¿Cómo te va, Huawei? 

Por aquí hemos vivido de nuestro propio cuento, sin ser conscientes de lo que se estaba cociendo a una distancia casi imposible para algunos. "Humor amarillo". Qué risas. Ya están dentro. No se avergüenzan, toman el control. Bye, bye, Europa. Una cacerolada no hará nada. (¿Cacerola made in... dónde, dices?).

Mientras tanto por aquí nos peleamos en colores pasados de moda: que si rojos y grises. Que si países o pueblos. Cuando el color mundial puede que sea el amarillo y Maribel ya habla euskera y catalán.

La primavera fue árabe, pero el verano... ay, el verano. Es de Malibel, sin cuentos. 



sábado, 16 de septiembre de 2017

martes, 12 de septiembre de 2017

Pulir la mirada

Tus lentes maravillosas, es decir, tus ojos, son capaces de ver la vida de infinitas maneras. Basta un color, un calor o un estado de ánimo para que la película cambie. El estado mental, qué importante. Básico para sentir el asombro cotidiano, la cadencia de la vida. 

Hay días en los que  te basta con la mera contemplación para sentirte pleno. Los sonidos de la calle, los movimientos de la gente, la luz a esa hora exacta... Los encuadres funcionan. La banda sonora está en su punto y solo tienes que dejarte llevar por ella. Todo encaja. Ese señor con esa luz o esa sombra junto a ese árbol quedan perfectos. Foto mental. Si hay suerte, puede ser una foto real, física, analógica o digital. Si controlas, todo eso que pasa por tus lentes maravillosas podrá quedar plasmado de verdad para poder compartirlo. De tus ojos a los de los demás. Menudo arte. La mayoría de las veces se queda solo dentro de nosotros porque no tenemos ni pajolera idea de cómo "revelarlo" para el otro,  cómo expresar o explicar lo que ves en tu cabeza. 

Que quede bonito, qué difícil y en apariencia tan sencillo.

Cuando uno se pone en estado contemplativo siente que está casi dentro de una película. Las conversaciones, el tren que pasa, la paloma que vuela, el mar a su ritmo. La gente como parte de todo el engranaje. Ante ti como una gran pantalla.

El cine en tu cabeza. Hacer cine, eso sí que es un pulido serio de mirada. Mezcla tú bien fotografía, con música, pintura con psicología, tempos... Casi nada.

 Y ahora llega su fiesta. Este rato en la ciudad donde el cine se engalana y brilla con una luz mucho más potente. Sale a pasear vestido de domingo. Es la excusa perfecta para celebrar algo que ocurre en realidad todos los días del año. Ese anonadamiento universal ante la vida como narrativa. La magia de ser capaz de crear vidas dentro de otra vida. Bailar con la luz. Enfocar y disparar. Jugar a ser otro, vivir el doble a través de miradas que se atreven.

Dar cine, pulir cine.


Ana Torrent en el Espíritu de la Colmena viviendo cine, puliendo la mirada con sus lentes maravillosas







jueves, 7 de septiembre de 2017

Mañanear

Puedes hacerlo por hobby, o, más probablemente, por obligación. Da igual, ambas versiones son, a su modo, disfrutables.

Como diría  Haruki Murakami: "¿De qué hablo cuando hablo de mañanear? "

 Hablo de esos cinco minutos de café solo, o sola, o acompañada, pero cinco minutos tuyos,  de los que puedes saborear. Hablo del camino al autobús cronometrado pero también pausado; del programa de radio en el coche y esa canción que te pilla de sorpresa y te pone de buen humor. Hablo de las calles en blanco para que las podamos pintar, de nuevo, a lo largo del día. El ruido de las persianas levantándose, ¡¡los desayunos!!, el olor a tostada, la mermelada.

La cucharilla acariciando la taza (ese tintineo), el periódico doblado, los "aupa egunon", las caras con aroma a sábana pegada. "Son las 8, las 7 en Canarias".  Hablo de esos ratitos de lectura rápida, de tiempo muerto pero en realidad muy vivo, pausas antes de ir a cavar, a sacar oro. Un tiempo que es más tuyo que ninguno, tú verás lo que haces con él.

Los vecinos, la de la limpieza en el descansillo. "Ha refrescado, ¿eh?"  Sacar al perro en pijama pero con el abrigo puesto para luego, si hay suerte y mañaneas por gusto - o por chucho -, volver a tu guarida. Comprar el pan, ir a por croissant. El lujazo de un zumo recién exprimido.

El beso y ese "agur amá". El cole. "Txintxo izan".  El silencio al ser el primero en la oficina, organizar la mesa, abrir las ventanas, elegir playlist. El gozo latente de poder estrenar tantas mañanas.

El arranque a veces es potente, un poco masoca, hasta que llegas a la velocidad de crucero. Miras al cielo, qué gusto poder respirar otro día más.

Mañana, mañanea. Hoy, también.

Buenos días. Good morning. Bonjour. Egunon, Guten Morgen.

sábado, 19 de agosto de 2017

Tote Bags

El bolso no bolso, una telita. Unisex. Multiusos y llena de mensajes. Los del Eroski compiten con los del Festival de Cine Experimental de Bogotá. 

Tengo alguna sí, pero hay quien las luce cual bolso de Hermès. Quizá la del Eroski menos que la del Festival, pero ahí están, paseándose orgullosas como un lienzo en movimiento. 

Recalco lo de unisex porque es un accesorio que he visto llevar bastante dentro del sector masculino, como si una tote fuera aceptable pero un bolso no.  

¿Qué tienen para conquistar almas de esa manera?

Umm... 

Bueno, un punto a su favor es su precio, o directamente su gratuidad. Puedes tener muchas por nada. A por el pan vas con la que te han regalado en la frutería y ya para la inauguración de la performance utilizas una de aquel grupo garajero en el que tocaba el colega de un colega. O si no, la que compraste en aquella ciudad de Europa del Este cuando estuviste becado como acuarelista. O, por qué no, te plantas con la del Festival de Bogotá.

Otro punto positivo de estas telas es que se doblan, y mucho. Así, en un momento dado puedes meterla en tu bolso Hermès. ¿Que te acercas al Festival de Cine Experimental de Bogotá? Pues metes tu Hermès en la tote bag.

Estos saquitos tienen, además, el tamaño ideal para guardar el guión de tu próxima película o la carpeta con los papeles de la herencia de una tía segunda. También te entran el Mac y la Jot Down

La Tote destila arte y sofisticación. Totero, aunque uno las consiga regaladas en el súper, no puede ser cualquiera. 

Totero se nace, no se hace. 

Una tote guapa guapa

lunes, 14 de agosto de 2017