sábado, 16 de septiembre de 2017

martes, 12 de septiembre de 2017

Pulir la mirada

Tus lentes maravillosas, es decir, tus ojos, son capaces de ver la vida de infinitas maneras. Basta un color, un calor o un estado de ánimo para que la película cambie. El estado mental, qué importante. Básico para sentir el asombro cotidiano, la cadencia de la vida. 

Hay días en los que  te basta con la mera contemplación para sentirte pleno. Los sonidos de la calle, los movimientos de la gente, la luz a esa hora exacta... Los encuadres funcionan. La banda sonora está en su punto y solo tienes que dejarte llevar por ella. Todo encaja. Ese señor con esa luz o esa sombra junto a ese árbol quedan perfectos. Foto mental. Si hay suerte, puede ser una foto real, física, analógica o digital. Si controlas, todo eso que pasa por tus lentes maravillosas podrá quedar plasmado de verdad para poder compartirlo. De tus ojos a los de los demás. Menudo arte. La mayoría de las veces se queda solo dentro de nosotros porque no tenemos ni pajolera idea de cómo "revelarlo" para el otro,  cómo expresar o explicar lo que ves en tu cabeza. 

Que quede bonito, qué difícil y en apariencia tan sencillo.

Cuando uno se pone en estado contemplativo siente que está casi dentro de una película. Las conversaciones, el tren que pasa, la paloma que vuela, el mar a su ritmo. La gente como parte de todo el engranaje. Ante ti como una gran pantalla.

El cine en tu cabeza. Hacer cine, eso sí que es un pulido serio de mirada. Mezcla tú bien fotografía, con música, pintura con psicología, tempos... Casi nada.

 Y ahora llega su fiesta. Este rato en la ciudad donde el cine se engalana y brilla con una luz mucho más potente. Sale a pasear vestido de domingo. Es la excusa perfecta para celebrar algo que ocurre en realidad todos los días del año. Ese anonadamiento universal ante la vida como narrativa. La magia de ser capaz de crear vidas dentro de otra vida. Bailar con la luz. Enfocar y disparar. Jugar a ser otro, vivir el doble a través de miradas que se atreven.

Dar cine, pulir cine.


Ana Torrent en el Espíritu de la Colmena viviendo cine, puliendo la mirada con sus lentes maravillosas







jueves, 7 de septiembre de 2017

Mañanear

Puedes hacerlo por hobby, o, más probablemente, por obligación. Da igual, ambas versiones son, a su modo, disfrutables.

Como diría  Haruki Murakami: "¿De qué hablo cuando hablo de mañanear? "

 Hablo de esos cinco minutos de café solo, o sola, o acompañada, pero cinco minutos tuyos,  de los que puedes saborear. Hablo del camino al autobús cronometrado pero también pausado; del programa de radio en el coche y esa canción que te pilla de sorpresa y te pone de buen humor. Hablo de las calles en blanco para que las podamos pintar, de nuevo, a lo largo del día. El ruido de las persianas levantándose, ¡¡los desayunos!!, el olor a tostada, la mermelada.

La cucharilla acariciando la taza (ese tintineo), el periódico doblado, los "aupa egunon", las caras con aroma a sábana pegada. "Son las 8, las 7 en Canarias".  Hablo de esos ratitos de lectura rápida, de tiempo muerto pero en realidad muy vivo, pausas antes de ir a cavar, a sacar oro. Un tiempo que es más tuyo que ninguno, tú verás lo que haces con él.

Los vecinos, la de la limpieza en el descansillo. "Ha refrescado, ¿eh?"  Sacar al perro en pijama pero con el abrigo puesto para luego, si hay suerte y mañaneas por gusto - o por chucho -, volver a tu guarida. Comprar el pan, ir a por croissant. El lujazo de un zumo recién exprimido.

El beso y ese "agur amá". El cole. "Txintxo izan".  El silencio al ser el primero en la oficina, organizar la mesa, abrir las ventanas, elegir playlist. El gozo latente de poder estrenar tantas mañanas.

El arranque a veces es potente, un poco masoca, hasta que llegas a la velocidad de crucero. Miras al cielo, qué gusto poder respirar otro día más.

Mañana, mañanea. Hoy, también.

Buenos días. Good morning. Bonjour. Egunon, Guten Morgen.

sábado, 19 de agosto de 2017

Tote Bags

El bolso no bolso, una telita. Unisex. Multiusos y llena de mensajes. Los del Eroski compiten con los del Festival de Cine Experimental de Bogotá. 

Tengo alguna sí, pero hay quien las luce cual bolso de Hermès. Quizá la del Eroski menos que la del Festival, pero ahí están, paseándose orgullosas como un lienzo en movimiento. 

Recalco lo de unisex porque es un accesorio que he visto llevar bastante dentro del sector masculino, como si una tote fuera aceptable pero un bolso no.  

¿Qué tienen para conquistar almas de esa manera?

Umm... 

Bueno, un punto a su favor es su precio, o directamente su gratuidad. Puedes tener muchas por nada. A por el pan vas con la que te han regalado en la frutería y ya para la inauguración de la performance utilizas una de aquel grupo garajero en el que tocaba el colega de un colega. O si no, la que compraste en aquella ciudad de Europa del Este cuando estuviste becado como acuarelista. O, por qué no, te plantas con la del Festival de Bogotá.

Otro punto positivo de estas telas es que se doblan, y mucho. Así, en un momento dado puedes meterla en tu bolso Hermès. ¿Que te acercas al Festival de Cine Experimental de Bogotá? Pues metes tu Hermès en la tote bag.

Estos saquitos tienen, además, el tamaño ideal para guardar el guión de tu próxima película o la carpeta con los papeles de la herencia de una tía segunda. También te entran el Mac y la Jot Down

La Tote destila arte y sofisticación. Totero, aunque uno las consiga regaladas en el súper, no puede ser cualquiera. 

Totero se nace, no se hace. 

Una tote guapa guapa

lunes, 14 de agosto de 2017

sábado, 12 de agosto de 2017

Aires, ¿díganme?

Vientos y huracanes. Del norte, sur, este, o este, o aquel. Corrientes (circulares y en el tiempo). Quiero decir, que vienen y que van. O sea, que a veces parece que corremos en esas rueditas de hámster, dentro de una urna, como si no hubiera más opción. Como si no conociéramos más. Hasta que vuelve a sonar el teléfono. No, pero qué digo, hasta que te llega un WhatsApp de un móvil desconocido que dice lo siguiente: Maripili, ¿sigues por Barrioalto de la Frontera de Atrás? Y tú: Perdona, pero no tengo tu número. ¿Quién eres? Y número desconocido responde: ¡Maripili! Soy Jacinta, de nuestros años dorados en Sri Lanka. 

Joder Jacinta. Cierto, viví esos años, en ese lugar y con esa gente. Me pasó todo eso que me recuerdas. ¿Cómo lo he podido olvidar? Este café me sabe a gloria, a un pasado muy presente, de repente. Esa fui yo esos días. Y yo pensando que mi vida era completamente anodina. Que puede que en este momento lo sea, o lo parezca. Pero ¡eh! Que no, que no. Jacinta, tienes razón. Nuestras historias se merecen varias temporadas en Netflix. Todo eso queda ahí, no se ha ido, lo guardan mi memoria y la tuya. Esa película sin rodar. ¿Y sabes? Esto que te pasa ahora mismo es digno de narrar también.

Llámalo vientos, llámalo mareas, llámalo X. Yo diré vida. Yo diré personas que no ves en dos años y que cuando vuelven te traen su presente y vuestro pasado compartido. Te traen las historias que tenías olvidadas, llenas de polvo y telarañas. Te muestran sin querer a esa persona que eras, que te has dejado por algún lado y que intuyes que aunque escondida, no se ha esfumado del todo.

Bocanadas de aire. Mensajeros. No eres un hámster y esa ruedita está demasiado gastada. Gentecilla que aparece y desaparece, que está sin estar. Que cuando están te abren todas las ventanas de golpe, casi rompiendo el cristal.

Se genera corriente, no sé si circular y en el tiempo, pero sí como una bofetada de aire fresco en una habitación que llevaba tiempo cerrada.