viernes, 28 de noviembre de 2014

Ascensores, grillos y bolas del desierto

Entro a la cocina por la mañana y enciendo la radio. Este acto diario y reflejo me ayuda a soportar ese concepto tan aterrador llamado silencio. Me envuelvo entre tertulianos, debates absurdos y anuncios de teletienda.

La historia se vuelve a repetir al rato. "¿A qué piso?" "Al octavo". "Ah, yo también". Carraspeo, tos, reflexiones sesudas sobre cuestiones metereológicas. Lo que sea para que el otro no escuche nuestros pensamientos.

 ¿Por qué nos forzamos a decir tonterías? ¿Por qué el silencio ha de ser incómodo? ¿Por qué no nos gusta compartirlo con el resto?

No fui consciente de nuestro horror vacui hasta que llegué a Alemania. Quizá a ellos también les asusta, pero no hacen esfuerzos tan exagerados como nosotros para ignorarlo. Está ahí, y lo comparten. Es parte de la escena, no pasa nada. Al menos a ellos parece no molestarles.

 A ti, en realidad, te entra cierta sospecha al principio. ¿Les caeré mal? Podría decir algo para romper el hielo, pero mierda, es peor el remedio que la enfermedad.

 ¿Hablar del tiempo en alemán? Ni de coña. Callas y aguantas estoico. Así pasan los segundos, en los que crees que la nada te absorbe y no habrá vuelta atrás... hasta que alguien mira por la ventana y dice:

- Schönes Wetter heute, oder?

- Ja, stimmt.*



*-Hoy hace buen día, ¿no? - Sí, estoy de acuerdo.

viernes, 21 de noviembre de 2014

Lo nuestro ya fue

Llegué y me encandilaste. Ahora mismo, nada de lo que haces me impresiona. Quien no te conoce, se deja llevar fácilmente por tus encantos.

Son ya tres años. Y el martes me voy. Se quedarán los recuerdos de una historia encendida. El paso de los 24 a los 27 a la velocidad de un estornudo.

He de decir que me lo pones difícil. Una parte de mí te seguirá admirando. ¿Qué ha pasado con todos aquellos sentimientos? No tengo ganas de seguir. Lo siento, no he conseguido pasar la barrera.

Cuando te conocí todo era nuevo y mágico. Cuanto más sabía de ti, más me gustabas. Tantas cosas que hacer juntas, tanto que enseñarme...

Algunos me dirán que aguante, que el amor es así, que la magia dura lo que dura. Pero sabes qué, no me apetece. Llámame egoísta, pero creo que no tengo por qué seguir con una historia que no siento.

"Eso es la crisis de los tres años", me dicen. "Luego se pasa". Vaya... Qué desilusión darte cuenta de que tu historia es solo una más; de que aquí estamos, dentro de ciclos vitales repletos de diagramas y explicaciones científicas.

Te quiero Berlín, pero lo nuestro ya fue.






lunes, 17 de noviembre de 2014

Fotos pivón y otras mentiras del montón

Es mentira que no estés guapa. Es mentira que hayas salido tan mal. Es mentira que fulanito sea un pivón. Tinder es mentira. El posado es mentira. También el pasado. Esa sonrisa es de plástico. Los selfies preparados, tras 29 intentos y con un objetivo de autoafirmación narcisista, son mierda.

Si eres joven eres guapo, y eso es así, y solo te das cuenta de que lo fuiste cuando ya no lo eres. Criticarse lleva a absolutamente nada. Y nadar es bueno. Y si sonríes, no importa que tus dientes estén torcidos o separados.

Tú sigue creyendo en la sociedad del cup cake.






jueves, 13 de noviembre de 2014

Negrooscurocasiazul, o el drama del mensajeleídoeignorado


Podía intuir que a veces somos un poco gilipollas, pero en serio, ¿tanto?

 Me alucina el drama y las películas que algunas personas se montan alrededor de los avisos o no avisos de todas estas plataformas online.

Esta reflexión la hago a raíz de la noticia acerca del ya famoso doble check azul de WhatsApp. Pero como esto, están el "visto" de Facebook y demás.

Parece ser que WhatsApp ha activado una nueva cosa llamada doble check azul, que viene a decir que los dos ticks que antes aparecían advirtiendo que el mensaje había sido recibido, pasarían a azul en cuanto la persona lo leyera.

Y así, drama, terror, angustia, caos, destrucción, ¡vamos a morir todos!

Respiren.

Y es que esto nos deja a la peña en bastante mal lugar. ¿Tan poco nos queremos que la salud de nuestro ego depende de una respuesta en un mísero chat? ¿Por qué damos tanta importancia a la "vida" virtual?

Que alguien no te conteste a través de un aparatito no significa absolutamente nada. O sí, y entonces ambas partes deberían plantearse el asunto. Porque no solo se genera una tragedia en el receptor, sino que el emisor puede sentir una angustia desconsolada por ser consciente de que sin querer ha abierto el mensaje y aunque leído, no quería que la otra persona se enterase.

Y todo esto, ¿qué sentido tiene?

(Ninguno).

 Sorprendentemente puede que todavía existan personas con mejores cosas que hacer que vivir pendientes de lo que se dice o deja de decir a nivel virtual. Que salen a la calle para charlar mirando a su interlocutor a la cara. Atrevidos y valientes, de esos quedan pocos.

Si esto no te convence, tranquilo. Ya se han encargado de crear apps para luchar contra los insensatos ticks azules. La encargada de salvarnos es una aplicación llamada"Shh" (!!!).

Así, leo:

Ahora, la empresa SX Labs quiere que las personas con miedo o desconfianza 
[WTF] al tick azul tenga una herramienta más sencilla para evitarlo. Por eso ha lanzado la aplicación «Shh» [genial] que sirve de filtro de notificaciones y permite leer los mensajes de WhatsApp en modo «incógnito» [uhh...]



Muy bien, "shh". 


Yo también me callo. 

miércoles, 12 de noviembre de 2014

In baking we trust

Soy de esa gente que disfruta comiendo lo que otros cocinan. En realidad, no me molesta ejercer ese papel, pero he de reconocer que a una parte de mí le gustaría que algún día cambiaran las tornas: Yo cocino (con amor). Tú comes (con amor también). Porque sí, me dais un poco de envidia.

También admiro ese momento ritual terapéutico, que si la musiquita, el vinito y ese vamos a olvidarnos de todo por un rato. Tener las manos en la masa (en el sentido más literal), remover, añadir y mezclar. Como un científico loco o un niño al que le gusta pringarse en el barro.

 La sorpresa del final también es un punto a tener en cuenta. Ni el propio chef puede saber cómo quedará su obra. La forma, el sabor y la textura son todo un misterio que deberá ser posteriormente desvelado por el paladar.

Habrá quien piense que hoy en día existen miles de trucos en el supermercado para fardar de pastelero a través de polvitos mágicos. Una tarta bien mona en cinco minutos. Pero incluso el paladar menos entrenado puede ver la diferencia. No es lo mismo, no. Ahí no hay amor, solo un aquí te pillo aquí te mato que no engaña a nadie.

Piensa en la gozada del olor a pastel en el horno. Lo que significa compartir su creación. Saborear. Dejar un trozo para el día siguiente y que te salude con una sonrisa sincera por la mañana cuando tu ya te habías olvidado de él.

 Sí, estoy aquí, soy de verdad. Cómeme.

lunes, 10 de noviembre de 2014

Cracovia. Y sobre todo, outsider.

Kazimierz, zapiekanka, pierogi, milk bars. Gente de apariencia hosca, señores y señoras anclados en un pasado que se refleja en su mirada. 

Cracovia me ha sorprendido. A bien. Me la imaginaba "bonita sin más", pero no. Tiene historia y soul. Muchos bares, gente joven, y un regusto a antiguo, así como de chimeneas de carbón y olor a cerrado, que le sienta bien.

Ese tranvía, el frío que nosotras no pasamos pero te imaginas. Los puestos de fruta y verdura. Las pastelerías. Todo tipo de vodka y mezclas imposibles de cerveza.

Sigue oliendo a tiempos de cartilla de racionamiento. La historia permanece, Cracovia no se ha vendido.

Aún así, niños Erasmus pueblan la ciudad, y el centro parece un escenario de atrezo, reluciente para los turistas que se acercan a ella.

Supongo que la mayoría de los cracovianos viven al margen de todo esto, intentando sobrevivir en una ciudad que todavía es una outsider dentro de Europa.

El sonido a bares y fiesta se mezcla en Kazimierz con el recuerdo de los guetos en los que vivían los judíos tras la ocupación Nazi. Y entonces piensas en Auschwitz, situado a 70km de aquí. Muchos de los habitantes de Cracovia acabaron ahí, en una ciudad matadero, reflejo asqueroso de la barbarie humana.

Y vuelves, y relacionas Auschwitz con la fábrica (ahora museo) de Oskar Schindler, un empresario y espía alemán, además de miembro del partido nazi, que salvó la vida de unos 1200 judíos durante el holocausto, empleándolos como trabajadores en sus fábricas de menaje de cocina y munición.

De repente te plantas de nuevo en hoy, porque entras al MOCAK, el Museo de Arte Contemporáneo de Cracovia, que curiosamente, se encuentra a 500 metros del museo de Oskar Schindler. Y aquí todo huele a recién hecho, a globalización, aire fresco.

Y entonces te has pateado ya media ciudad, y tienes hambre, y quieres descansar. No sales de los zapiekanka ni de los pierogi, pero no te importa. Están ricos, tirados de precio, y los tienes de todo tipo y sabor.

Cracovia es a veces en blanco y negro. Otras vuelve al color. Sigo escuchando violines, un sonido melancólico. Pero me gusta el tono. Sus colores están todavía libres de la capa superficial que puebla otras ciudades.

Y todo esto se mezcla con la propia experiencia del viaje, los acompañantes, esas canciones que sin saber por qué se convierten en la banda sonora de unos días al margen de este tiempo -  http://goo.gl/bGdDgv

Gracias Krakow, gracias Mandy.

Outsiders, que lo sigáis siendo.


lunes, 3 de noviembre de 2014

Primero fueron las tetas

Ahora, el cerebro.

Y me alegra pensarlo. Quizá por esa obsesión que tengo de querer cambiar cosas mías que no me gustan, y pensar que se puede. Como cuando empiezas a ir al gimnasio creyendo que la tableta de chocolate pasará de habitar tu frigorífico a convertirse en una parte de tu anatomía de la que poder fardar.

Cerebro de plástico, por Nick Meek
De vez en cuando podemos sufrir de ansiedades ilógicas, ataquitos que no te explicas, obsesiones que solo descuajaringan tu cabeza. Y entonces, aparece tu amiga psicóloga, y te habla de la teoría cognitiva o algo así. Y dices, qué interesante, voy a investigar. Y terminas leyéndote un libro llamado Cognitive Behavioural Theraphy for Dummies. Se lo intentas contar a tus amigos. Vale, estás pirada.

Y a mí me flipa, pensar que se puede entrenar el cerebro y modificarlo como cuando vas al gimnasio o sales a correr para ponerte en forma.

Puede que un día la gente suba a Instagram sus momentos brain training como ahora hace con sus momentos runner.

En realidad espero que no, porque eso querrá decir que no hemos entendido nada.





Pintxo sonoro: Lil Vicious - The Glock (A Tribe Called Red Remix)