lunes, 3 de noviembre de 2014

Primero fueron las tetas

Ahora, el cerebro.

Y me alegra pensarlo. Quizá por esa obsesión que tengo de querer cambiar cosas mías que no me gustan, y pensar que se puede. Como cuando empiezas a ir al gimnasio creyendo que la tableta de chocolate pasará de habitar tu frigorífico a convertirse en una parte de tu anatomía de la que poder fardar.

Cerebro de plástico, por Nick Meek
De vez en cuando podemos sufrir de ansiedades ilógicas, ataquitos que no te explicas, obsesiones que solo descuajaringan tu cabeza. Y entonces, aparece tu amiga psicóloga, y te habla de la teoría cognitiva o algo así. Y dices, qué interesante, voy a investigar. Y terminas leyéndote un libro llamado Cognitive Behavioural Theraphy for Dummies. Se lo intentas contar a tus amigos. Vale, estás pirada.

Y a mí me flipa, pensar que se puede entrenar el cerebro y modificarlo como cuando vas al gimnasio o sales a correr para ponerte en forma.

Puede que un día la gente suba a Instagram sus momentos brain training como ahora hace con sus momentos runner.

En realidad espero que no, porque eso querrá decir que no hemos entendido nada.





No hay comentarios:

Publicar un comentario