miércoles, 31 de diciembre de 2014

Tostadas para el rey

 Richard estudió mecánica, trabajó en un taller hasta que un sonado incendio obligó a cerrarlo y echar a todo el personal. Desde entonces sobrevive con la pensión de su madre y un dinero que le dejó su padre antes de irse con la furcia de Jessica.


Hoy se ha despedido de su madre antes de lo habitual. El apartamento enano y cochambroso del centro de Londres en el que viven se quedará calmado por un rato.


Ha salido a comprar un nuevo marco para la única foto donde aparece con su hermano gemelo John, que murió a los siete años a causa de un disparo accidental. De eso hace ya 52 años. Además, tiene que llevar a arreglar la hevilla de su cinturón antes de pasarse por el Firecracker.

El  Firecracker está situado en Horseferry Road y dispone de varias salas con Karaoke. Richard es un fijo en él. Nadie lo diría, ya que este restaurante oriental es bastante pijo y nuestro hombre lleva demasiado tiempo sin trabajar. Lo mejor es que no tiene que pagar nada y dispone de una enorme sala para él solo. Todo esto gracias a Mary, la mujer del jefe y gran amiga de su infancia.

Ahora mismo son las 11.14 de la mañana, de acuerdo con el reloj al que Richard echa un vistazo todos los días al llegar al Southbank Centre. Se tiene que dar prisa, tiene hambre, recados que hacer y muchas ganas de afinar su voz.

Pasa por el singular puesto de fruta de la esquina y saluda a James Booth, antiguo chofer de celebrities y actual empresario hortofrutícola.  Decide, antes de continuar su marcha, desayunar en otro de sus locales favoritos, una franquicia de comida rápida atendida por estudiantes y gente de fuera. 

Llega al mostrador escoltado por alguna mirada extrañada. Su Smoked Chicken Breast, Caesar Mayonnaise, Almonds, Basil and Chilli on a Stonebaked Ciabatta aguarda en alguna de las baldas.

La chica que le atiende le conoce de sobra, se sonríen. Marchando una tostada para Elvis, dice ella. Que sea para llevar, responde Richard.

Sale del local, el sol se refleja en sus gafas. El Támesis observa indiferente. Richard todavía tiene cosas que hacer. El Firecracker tendrá que esperar un rato. ¿Con cuál empiezo hoy?, piensa. ¿Suspicious Minds

¿Por qué no? "Because I love you too much baby..." 


viernes, 19 de diciembre de 2014

Reset

 ¿Dónde estás, botón?

Cuando te pones nervioso frente a alguien que te impone y dices cualquier gilipollez (Reset)

Cuando has hablado más de la cuenta (Reset)

Cuando piensas demasiado (Reset)

Cuando comes ese polvorón que ayer censuraste (Reset)

Cuando el nunca más se convierte en un  "bueno, quizá" (Reset)

Cuando lo dejas para mañana, y después para pasado mañana, y así hasta el infinito (Reset)


miércoles, 17 de diciembre de 2014

Calles de MadriZ

Este fin de semana he estado en MadriZ.

Hacía mucho que no me pasaba por aquí. Reconozco que nunca he sido mucho de esta ciudad. Además, tiende a generar en mí fatiga y gripazos. Pero en el fondo, y bien mirada, es una ciudad singular que me produce simpatía.

MadriZ me parece entrañable. La gente, las tiendas raras, los baretos y ese halo de pueblo castellano pero a lo bestia, con ganas de marcha, son algo a tener en cuenta.

Hablando de lo entrañable y simpático me vienen a la cabeza los nombres de algunas calles. Acostumbrada a los nombres de reyes, políticos, princesas y otros personajes rimbombantes que pueblan normalmente los letreros, la calle Pez, la calle Barco o la calle de la Pasa me parecen como sacadas de un cuento infantil. No sé si influidas por esta tradición, muchas tiendas siguen el mismo patrón; que si la librería "Libros", la peluquería "Corto Cabezas", el café "La Bicicleta"...

Parece un invento reciente de algún malasañero de pro. Los nombres suenan modernos y transgresores, minimal, normcore, como un básico del HM.

Pero no.

Son nombres que llevan ahí siglos, riéndose de los condes, los reyes y las princesas.

Tenía curiosidad por conocer su orígen y la verdad es que muchas de las leyendas están a la altura de la denominación de las calles. Como por ejemplo, la historia de la Calle del Codo. Se dice que por esta calle solía pasar el escritor del Siglo de Oro (siglos XVI y XVII) Francisco de Quevedo cuando volvía a su casa tras una noche de fiesta. Parece ser que esta callejuela era su meadero particular, su "urinario clandestino". Siempre lo hacía en el mismo sitio y quizá todavía hoy se pueda ver la marca.

Creo que necesito tiempo para conocerte en serio, MadriZ. Seguiremos en contacto.


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lunes, 8 de diciembre de 2014

El viento nos llevará



Sé que esta canción te gustaba. Te echaré de menos, joder.

También sé que te gustaba leerme, así que este post es todo para ti.

Pequeña Willy Fog, a pesar de todo, le echaste huevos a esta vida, y sí, viviste mucho, te atreviste, y lo que es más importante, has conseguido que parte de ti siga por ahí danzando a través de la gente que conociste y a la que has marcado.

Gracias por haber existido, gracias por Ámsterdam, por las conversaciones interminables, por aquel juego que inventamos de callar y escuchar, por la noche en la estación, por ser tan de puta madre.

Quiero pensar que aunque estuviéramos lejos, en el fondo, estábamos (estamos) bastante cerca.

Ójala te llegue este mensaje, con un besazo enorme de tu "tronkilla", de "berdin", de Ankara

Al fin y al cabo, el viento nos llevará a todos, ¿no?

P.D.: Prepárate porque seguiremos viajando, siempre.

domingo, 7 de diciembre de 2014

Single bell, single bell...

"No es ciudad para solteros", decía una amiga.

Tienes 27 años y los planes de pareja empiezan a conquistar demasiado terreno.

A mí particularmente me aburren los mensajes del tipo "I'm single, I'm awesome". Esa apología tan chorra a la soltería mientras lloras a escondidas con cualquier comedia romántica.

También me repatea ese sentimiento de orgullo exagerado por cosas que uno simplemente es. Véase el orgullo desmesurado por ser gay, cristiano vegano o jugador de mus.

La palabra soltera sigue teniendo una connotación negativa, pero single, esa versión edulcorante de la misma cosa, me supera igualmente.

Admito que a veces echo de menos compartir cosas con alguien a cierto nivel, ser parte de una minisociedad secreta, con sus propias leyes, al margen del resto. Sobre todo cuando a tu alrededor, poco a poco, la gente se acerca al nivel bebé más monovolumen. Pero tengo claro que el aburrimiento o la edad no serán criterios que yo tendré en cuenta para dejar de estar en el grupo chachi de los que no tienen pareja.

De momento dormiré tranquila mientrás ésta siga siendo una ciudad para cuadrillas.

martes, 2 de diciembre de 2014

La vida es "vella"

O lo que es lo mismo: la vida está llena de pelos.

Sin embargo, el rasurado es la ley.

He de reconocer que mis pelos suelen campar mucho a sus anchas, sobre todo si no hay visitas en el horizonte. También admito que no me siento del todo cómoda con ellos. Aún así, me fastidia esa sensación de culpabilidad solo por el hecho de mantener en tu cuerpo algo que está ahí desde que Adán y Eva eran unos teenagers.

Barba sí, pelo en las piernas no. Pelo en los brazos puede, en las ingles, ni de coña.

¿Por qué?

Ójala cambien los cánones de belleza, o mejor, ójala nos los saltemos a la torera desde ya.

Sería bonito aprender a liberarse de ciertas torturas autoimpuestas.