domingo, 7 de diciembre de 2014

Single bell, single bell...

"No es ciudad para solteros", decía una amiga.

Tienes 27 años y los planes de pareja empiezan a conquistar demasiado terreno.

A mí particularmente me aburren los mensajes del tipo "I'm single, I'm awesome". Esa apología tan chorra a la soltería mientras lloras a escondidas con cualquier comedia romántica.

También me repatea ese sentimiento de orgullo exagerado por cosas que uno simplemente es. Véase el orgullo desmesurado por ser gay, cristiano vegano o jugador de mus.

La palabra soltera sigue teniendo una connotación negativa, pero single, esa versión edulcorante de la misma cosa, me supera igualmente.

Admito que a veces echo de menos compartir cosas con alguien a cierto nivel, ser parte de una minisociedad secreta, con sus propias leyes, al margen del resto. Sobre todo cuando a tu alrededor, poco a poco, la gente se acerca al nivel bebé más monovolumen. Pero tengo claro que el aburrimiento o la edad no serán criterios que yo tendré en cuenta para dejar de estar en el grupo chachi de los que no tienen pareja.

De momento dormiré tranquila mientrás ésta siga siendo una ciudad para cuadrillas.

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