jueves, 22 de enero de 2015

Birdman

Birdman no es una película de superhéroes, tampoco una parodia sobre ellos. Birdman va de otra cosa. Es una especie de tragicomedia, canalla y macabra. Birdman son muchas cosas y creo que he entendido la mitad. 

Me quedo con el sabor a Nueva York, a antros con música en vivo (esa batería de fondo a modo de jazz improvisado), a decadencia, a egos maltrechos. Birdman es un pequeño desvarío que vuelve loca a la cámara, perdida entre los pasillos de un backstage en pleno Broadway.

La película saca a la luz eso que se esconde detrás de los focos. Una realidad distorsionada y loca, algo surrealista, reflejo de las neuras y paranoias de un actor venido a menos. Y Nueva York no es una casualidad. Es una ciudad llena de luces que esconde millones de sombras, y eso puede sentirse aquí. Habitáculos estrechos que huelen raro, donde se invisibilizan tantas carreras frustradas.

Empiezan las contradicciones. Llega la obsesión por sentirse reconocido. Se palpa la lucha entre hacer algo bueno per sé o simplemente cualquier cosa que llegue al público. Los personajes viven la crueldad de la fama, que un día te eleva y al siguiente te empotra contra el suelo. ¿Ser una celebrity o un actor de verdad? El teatro sentido contra las películas prefabricadas. La crítica despiadada, los medios de comunicación. 

¿Crees que importarías más encarnando a un superhéroe taquillero?

you don't matter




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