martes, 20 de enero de 2015

Expectativas nocturnas vs Realidad

Todo empieza cuando tomas la primera. A veces antes. Esta noche lo peto, será grandiosa. El fervor se acentúa a medida que el alcohol aumenta en tu sangre. Subidón. Qué divertido todo. Qué maja la gente. 

Hoy sí. Cantas, insultas, fumas, abrazas, pareces divertido. Pero, de repente, llega el clik. Pasas de sentir una unión cósmica con el mundo a cagarte en él. Te cagas en la gente, los empujones, el chico que no te mira, el frío, esa copa que ya te estás bebiendo sin ganas. 

Pero sigues. Esto no puede ser, no puede estar pasando. Beberé una más, quiero volver a mi estado de felicidad inicial. Y eso nunca ocurre. El declive es inmediato y lamentable, no te das cuenta. Entonces crees que es pronto para irte, aguantas. Aguantas. 

¿Otra? El nivel de absurdo llega a su cota máxima, pero ya no puedes parar. Los momentos de lucidez se evaporan, la gente y tu dignidad, también. Y sobre todo, aquello que intuyes, bajo esa bruma de embriaguez, que ya no va a pasar.




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