miércoles, 7 de enero de 2015

Regalos

A veces hacen ilusión. Otras...

Otras veces parecen ser parte de un ritual extraño y masoca.

Esto es, comprar por comprar a gente a quien ni siquiera conoces. Tachar nombres en la lista, hacer colas interminables. Pegarse con la muchedumbre, elegir mal. Y después, el gran momento, abrir ese regalo que no te va a gustar, tratar de ser educado, trucar tu cara, que no se note.

Y se nota, demasiado. Estos Reyes habrán traído mucha alegría, sobre todo a los niños, pero también se han regalado muchos momentos incómodos. Momentos ( y dinero ) que podríamos ahorrarnos.

Pero no, ahí seguimos, año tras año cayendo en lo mismo.

Regalar debería considerarse un arte, no una obligación. Regalar porque te sale y lo sientes, no porque se te supone. No porque sea seis de enero o nueve de agosto.

Regalamos sin confianza, sin saber del otro, como si regalar fuera un reto para uno mismo. Ya está, ya lo he hecho. Bienvenidas las compras materialistas de objetos sin sentido.

Así cumplimos con el comercio y la economía, con nuestro sistema. El regalo es para ellos.





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