miércoles, 25 de febrero de 2015

Cagarse en todo nivel Michel Houllebecq

Mi primer encuentro con este escritor fue casual. Ocurrió en una de esas compras impulsivas de libros  en un aeropuerto. Me gustó la portada y el nombre del autor se me hacía familiar. A veces esos impulsos tienen algo detrás, y efectivamente, no fue solo cosa de una foto.

A Houllebecq lo han tachado de misógino, islamófobo, racista y demás cosas bonitas. Cierto es que no se corta un  pelo, que es políticamente incorrecto. Bueno, ¿y qué? 

Alarmarse por lo que diga un escritor a través de sus personajes me parece demasiado. Y es que, además, yo diría que él se divierte con eso. Cuanto más se metan con él, más "sandeces" dira. "Sandeces" que, por otro lado, están cargadas de verdad, casi siempre bañada por una visión pesimista del mundo. Pesimista o quizá, una visión certera que a la gente le cuesta aceptar: la enfermedad, la vejez, la muerte, la soledad... El peso y el paso de nuestra existencia.

Pero Michel Houllebecq encuentra también momentos poéticos que atisban borrosamente un leve canto, o susurro, a la vida. Y seguramente esos pequeños momentos son los que le salvan en su día a día y los que a pesar de los pesares, le convierten, a su modo, en un ser entrañable que se atreve a escribir sobre cosas que muchos otros piensan.







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