viernes, 27 de marzo de 2015

Entre el Mendia y los copilotos suicidas

Mendia, que significa monte en euskera, es también el nombre de una exposición que se presenta en el museo de San Telmo de San Sebastián con la colaboración del Club Vasco de Camping. Allí estuve el martes pasado (todos los martes la entrada es gratis en este museo).

Me gusta su planteamiento. Combina datos técnicos con historia y muchos cachibaches super antiguos. Leo que se divide en cuatro partes: La liturgia de la montaña, El descubrimiento de la montaña, Espíritu de conquista y la Montaña es nuestro espejo. Se trata de una visión de la montaña desde un punto de vista no solo deportivo, sino cultural y social. En concreto, centrada en el montañismo vasco. Ya sabemos que aquí existe una larga y profunda tradición mendizale (montañera).

Pero una cosa es ir al monte los domingos y otra muy distinta cascarse expediciones de meses hasta el otro lado del mundo, de las que muchas veces no sabes ni siquiera si vas a volver.

Mi paso casual por la expo "Mendia" y la terrible noticia del avión estrellado esta semana en los Alpes me han hecho reflexionar acerca del poder de la montaña. Escuchaba en la radio, al hilo de la fatídica noticia, decir a un comentarista que el enclave de la tragedia podía en cierta forma aliviar a los familiares que se acercasen al lugar de los hechos, como si perder a alguien entre las majestuosas montañas de los Alpes fuera más reconfortante que morir atropellado en el parking de un híper. Al mismo tiempo, pienso, en el caso de que esto que se dice del copiloto sea verdad, si lo de hacer de kamikaze en los Alpes fue algo elegido o simple casualidad.

¿Qué tiene la montaña para hacerla tan atractiva? No creo que la gente de mar se vuelva tan loca por la playa. La rudeza y el espíritu de sacrificio lo veo mucho más en los montañeros. En realidad hablo sin tener ni idea. Me gustaría tener un pelín más de montañera. Pienso en el silencio ahí arriba, la respiración entrecortada,  los callos, arañazos y heridas. La climatología adversa. Los músculos tensos a más no poder. El machaque sobrehumano para un ascenso pasajero.


Lo de algunos es casi adoración. La montaña como religión, como metáfora de la vida; y de la muerte. Esa fina línea con la que a estos locos mendizales les gusta jugar. Cuanto más a pelo, mejor. La montaña, esa cosa enorme, y tú, un ser más bien pequeño; parece una lucha que debe poner bastante. Es el impossible is nothing marcado a fuego en la cabeza.

Y algunos vivimos quejándonos en las laderas.


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