domingo, 1 de marzo de 2015

La Furgoneta

 Detrás de mí tengo a aquella mirada que me conquistó intentando camelar a esa otra sonrisa que en su día me hipnotizó. Justo enfrente veo a mi batallitas favorito comentando con mi pequeña exploradora aquella escena que tanto vimos en su día. Batallitas no sabe que la pequeña exploradora también vio esa escena conmigo.

Sería una pena, y todo un desperdicio, que no se hubieran conocido. Me daban miedo sus reacciones, pero parecen contentos. Es más, creo que algunos incluso se atraen.

Me gusta tu camisa, le dice el mexicano a mi canadiense. Cómo no le va a gustar si la compré en la tienda que él me enseñó en nuestra primera cita, aquella de las lámparas con forma de elefante.

Estamos en la mitad del trayecto, y la cosa promete. Ha costado lo suyo traerlos a todos. Que si menuda movida, que se te va la oya, que no voy ni de coña.

Encontré la furgoneta y pensé en este viaje como una necesidad, casi un deber. Por fin se ven las caras el primero, el de verano y algunos imposibles.




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