miércoles, 25 de marzo de 2015

Manda huevos (Kinder), Uwe

De pequeño ese chocolate en realidad te daba más o menos igual. Tú buscabas la sorpresa, a veces satisfactoria, otras muy decepcionante. Eso sí, a tu primo siempre le tocaba la más guay. Algunas eran para almas de ingeniero, pero el chasco venía también cuando no había nada que montar. De todas formas, la ilusión por el trastito en cuestión era más bien pasajera. Como el efecto sorpresa dura lo que dura, a las horas ya querías abrir otro, olvidándonte del ilustre regalito anterior.

Hace poco fue el cumple de una amiga y decidí regalarle un huevo Kinder, clásico que a pesar de los años, sigue jugando en primera división. ¿Y qué le tocó? Un hipopótamo de una sola pieza; bueno bien, que mi amiga de ingeniera tiene poco. Pero el colmo fue que dicho animal llevaba a su vez en brazos a su bebé hipopótamo. Cuanto menos, inquietante. No soy una freak coleccionista de sorpresas de huevo Kinder, pero basta con observar un poco para darse cuenta de que surrealistas son un rato. 

¿En qué piensan sus creadores? Ayer leí un artículo sobre el diseñador de estas sorpresitas, Uwe Grünewald, que lleva 20 años haciendo realidad en versión mini todo lo que le pasa por la cabeza. 8000 modelos diferentes diseñados hasta ahora, tócate los pies. Y ahí lo tienes, dibujando planos dignos del último modelo de BMW. Oye, que los niños también son exigentes.

Y también más vagos, porque salta a la vista que Uwe utiliza cada vez menos piezas en sus creaciones. Ya no es lo mismo, señor Grünewald. Una sorpresa es menos sorpresa si la ves de golpe, ¿no?








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