domingo, 24 de mayo de 2015

Eurovisión 2015, entre escotes y ventiladores

 Este año he vivido el fenómeno Eurovisión en mis propias carnes. Ha sido de casualidad, al asistir, sin saberlo, a una cena eurovisiva. 

Sí señor, estas cosas se hacen, y muy a gusto además. Ahí que tuvimos nuestra pantalla gigante y nuestros mantelitos individuales de papel, con el logo de Eurovisión por un lado y, atentos, el listado de todos los países participantes para hacer nuestra propia votación, con su correspondiente porra, por el otro. 

La cena fue en el Bide-Berri, y moló. La verdad es que nos echamos unas risas, a pesar de mi euro(visión)escepticismo del comienzo.

No sabía que hubiera tantos eurofans, de toda edad y condición. Gente que se sabe canciones de cuando se retransmitía en blanco y negro y que ahora se chupa los cuartos, la semifinal y la final sin pestañear.

Tampoco sabía que la gente encargada de la puesta en escena se flipara tanto con las melenas al viento de las concursantes. Ni con los escotazos, algunos con poco criterio, enseñando chicha en muchos casos innecesaria y de dudosa estética.

En realidad la estética es una parte muy importante en Eurovisión. La euroestética, esos vestidos brilli brilli, looks que no sabes en qué década situar, grupos que imitan a otros grupos, las luces cegadoras, el sentimentalismo encarnado en una chica que ahora va en silla de ruedas, gordis que pretenden generan ternura, representantes de países a lo Neutrex Futura pero viniendo del pasado, Yoko Ono por Australia... Y sobre todo, las siempre presentes "divas de ventilador".

Ayer me fijé en lo que gusta en este certamen una melena al viento acompañada de una mirada intensa a cámara. Lo que no sabía es que este fenómeno ya tuviera un término.

Muy euro-fan.


* Fan: ventilador en inglés








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