lunes, 27 de julio de 2015

Pon tu nombre, que apareceré yo

Una de las magníficas fotos que Google
me brinda al buscarme en Internet


En la era del marujeo fácil y anónimo, el online, quien más y quien menos ha pasado el rato "googleando" el nombre de un conocido, un posible conocido, un vecino demasiado odiado o alguien adorado en extremo. La tecnología es lo que tiene, puede convertir a mindundis en celebrities en un abrir y cerrar de ojos. Marujearás y serás marujeado, la mayoría de veces sin saberlo; otras, te lo chivarán las tripas de ese programa tan majo, tan público y tan libre al que te has unido. Así que ojito, que aquí todo se queda. Cuídate de salir bien en la foto, de no subir aquella otra, de hablar siempre bien de los demás y de ir limpiando de vez en cuando toda la morralla que vas dejando por ahí: fotologs adolescentes, retratos de orla endemoniados, webs desactualizadas con proyectos universitarios que desearías olvidar... 

De todas formas, tengo comprobado que por más que la cuides, la información en Internet es tan bestial, que Google, tan hasta las narices de que juguemos con él, le hagamos la pelota o trampeemos para colocarnos los primeros, decide sacar su punto socarrón con las fotos que aparecen en Google Imágenes al teclear el nombre de cualquier persona viviente. Pon tu nombre y apellidos en el buscador y ya me dirás por qué al lado de tu mini foto de LinkedIn sale un tío gordo y con bigote originario de Singapur.

Google, no te entiendo, ¿qué me quieres decir con esto?



lunes, 20 de julio de 2015

Hegoak ebaki banizkio


Hace un año no tenía ni jodida idea de la existencia de la mítica canción euskaldun llamada Txoriak Txori, de Mikel Laboa. Sí, es un clásico, sí, es cultura. Lo sé. ¿En qué mundo vivo? Eso ya ni idea... Y la letra tiene puntazo.

 Precisamente hoy me ha venido la canción a la cabeza cuando jugueteaba con una piedra de playa, de estas sin aristas, suavecitas, que a veces pienso en llevarme a casa. Las que coges y al tiempo encuentras en una balda llena de polvo entre libros que no lees, tickets olvidados y mecheros que no funcionan. ¿Por qué lo haría? ¿Con qué derecho? 

Así es cuando ha aparecido la canción de Mikel Laboa en mi mente para decirme que no, que el sitio de esa piedra es la playa, no mi casa. En el momento parece buena idea, pero con el tiempo veré esa piedra abandonada, sintiéndose fuera de lugar y pensaré, ¿Soy acaso la loca de los gatos? La piedra aquí no pinta nada, solo la cogí porque podía hacerlo, porque me gustó en ese momento, dentro de ese contexto, bajo esa luz y en esa playa. Ahora lo admito, la balda no le queda bien. 

No quiero que seas una piedrecita que ya no es una piedra.

[Aquí la canción]

Hegoak ebaki banizkio
nerea izango zen,
ez zuen aldegingo.
Bainan, honela
ez zen gehiago txoria izango
eta nik...
txoria nuen maite


Si le hubiera cortado las alas
hubiera sido mío
no se escaparía
Pero así, habría dejado de ser un pájaro
Y yo lo que amaba
era el pájaro




martes, 7 de julio de 2015

Artista o mercenario, para mí o para ti


https://www.behance.net/georgeslemercenaire
Pregunta: ¿Hasta qué punto hacemos lo que hacemos por decisión propia? Según la cuarta acepción de la RAE, un mercenario es alguien "que desempeña por otro un empleo o servicio por el salario que le da". Es decir, es alguien que come mierda que no le gusta, impuesta por otra persona desde no se sabe dónde, y lo hace porque no le queda otra si quiere pagar las facturas, y así, hasta el infinito. Es decir, somos todos nosotros alguna vez, o muchas.

Pero a veces somos mercenarios porque sí, nos vendemos porque sí. Punto. Sin darnos cuenta empezamos a hacer cosas absurdas que nos parecen de lo más normal porque alguien o algo nos lo dicta a escondidas y de manera subliminal. Pensamos mil veces las cosas antes de lanzarlas, el envoltorio es mega importante, no filter, no picture

Lo peor de todo es que si no entras en el juego, ese algo conspira para desterrarte. Puedes entrar y luchar, o aliarte, simplemente resistir o mejor, irte. Que no te echen. Olé la gente que no se vende. En este primer mundo (eso de "primer" en realidad apesta) es casi imposible no hacerlo un poco. Lógico, somos seres sociales, todo se nos pega, sobre todo, la tontería.

Quiero reivindicar la parte artista que todos llevamos dentro, pero la de verdad, no la de postureo de diseñador gráfico o publicista. Menos mal que siempre quedará algún reducto. Este meadero, aunque a veces entre en el juego, intenta serlo.