miércoles, 4 de noviembre de 2015

Símbolos que vienen y van

El de la izquierda de la foto se construyó en 1961. Hoy en día está lleno de pintadas, te quieros con corazoncitos escritos a boli y firmas del equipo de críquet de Kuala Lumpur. Antes de esto, algunos artistas, tomándose el trozo de hormigón un poco más en serio, plasmaron su arte para dejar constancia de la vergüenza histórica y abrir caminitos de esperanza. Y si nos remontamos al principio de los tiempos, llegaremos a aquella época en la cual el muro representaba para muchos una situación vital triste, gris y carente esperanza. 

¿Quién iba a decirles a aquellas personas que miraban hacia arriba del muro, mientras intentaban descifrar la realidad del otro lado, que aquel armatroste se convertiría en un reclamo turístico carente de sentido? Puede que aquí se vean más cámaras tipo réflex que palos de selfie, pero a fin de cuentas el resultado es el mismo. Es que a una ciudad como esta hay que venir con la cámara buena, hombre. Que la foto del beso no es la misma si la sacas con la cámara mala. El beso, qué, quién y por qué, ¡eso da igual!

Así pasamos al otro simbolito que se ve a la derecha de la foto, construído en el 2014, a un escupitajo de distancia del muro este de colorinchis. Hablamos de unos apartamentos muy tochos y muy lujosos dando en la cara a la dichosa pared de hormigón.  Ésta de repente se queda en nada frente al edificio "colosal" plantado enfrente. "¿Tú de qué vas, enano?", parece que pregunta arrogante el joven y nuevo vecino.

De qué vas, si eres un pedacito de mierda, feo y viejo, sin cristaleras para fardar, ni vistas frente al "mar" (río Spree). Un pedacito de mierda de otra época que ya no importa. Un pedacito de historia de acabará aplastado, si no es por este nuevo vecino, por el de al lado, Mercedes-Benz u otro cualquiera.

Bueno jovencito, pensará el muro, espera tu turno, que ya te llegará.




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