sábado, 20 de febrero de 2016

Nespresso, ¿qué más?

La semana pasada entré por primera vez en una tienda Nespresso. Sí, quizá voy un poco tarde. El caso, flipé. Entré a comprar una simples cápsulas de café y me sentí como si estuviera entrando en  Tiffany's (bueno, como me imagino yo que sería entrar a Tiffany's en su buena época, que ahora se ha convertido en una atracción turística donde te dejan entrar incluso con un perrito caliente y en estilo chandalero) .

A lo que voy. La tienda de Nespresso más que un lugar para comprar café es como una boutique de alto standing, donde un personal trajeado te atiende pasándose de amable y hablándote de usted. 

He de reconocer que el marketing es brutal, pero a la vez, no deja de chirriarme la distancia abismal entre el producto en sí y todo el embalaje y la parafernalia que tiene detrás. Que si el club Nespresso, que si las cafeteras, esos mostradores donde parece que se esconden joyas de no sé cuantos kilates... Sinceramente, me pareció un poco ridículo. Entendería esta historia para un producto de otras características. Más que orgullo, la bolsa Nespresso que me dieron para llevar los tubos del café me dio un poco de vergüenza.   

Granos de café, rebelaos. Sí, la cápsula es muy cómoda, pero... 

Una mente encapsulada da mal rollo. 

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