jueves, 3 de marzo de 2016

Tiempo y distancia

Quizá la salida de la burbuja, ese momento de reposo después de haber sido agitada dentro de un bote lleno de liquido aflora mi vena metafísica. Recuerdo haber escrito sobre travesías en el desierto donde tragaba insípida arena. Ahora árboles de especies desconocidas aparecen por el camino. 

Apuntes que tenía olvidados en emails bien resguardados me recuerdan que el 25 de noviembre de 2014 dejé una tierra que fue de todo menos desierto para tratar de aclimatarme una vez mas a una conocida tierra yerma. Debido a sus aguas tranquilas, o estancadas, no lo sé, algo me ha estado tiempo insistiendo en volver "al monte".

Aquellos que dicen que cuando realmente deseas algo todo el universo conspira para que lo consigas están equivocados. Tengo una visión mas racional de todo el rollo. Es tu inconsciente el que hará que lo consigas.  No hay mas. 

 Ha tenido que pasar un año y pocos meses para que la cabra se pire de nuevo. Pensé que seria más fácil, cosa de meses.  Con el tiempo sentí sin embargo que ya seria cosa de años, pero en realidad la vida es de talla mediana. Nunca nada dura tanto, ni tan poco, como pensamos. 

Pensar, qué gran cosa y qué gran putada. Recordar, lo mismo. El tiempo y la distancia se expanden y se contraen en nuestra cabeza como les da la gana. Los ahoras olvidados, ese echar de menos que se esfuma, otro que vuelve. ¿Y qué mas dará? Estamos hechos de estaciones, de sol y tormenta, de lluvia torrencial y llovizna débil. Somos distancia y tiempo. Aunque nos empeñemos en vivir bajo la serenidad del anticiclón, absolutamente todo seguirá moviéndose, entre paraguas y gafas de sol.

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