martes, 19 de abril de 2016

Azahar en los pulmones

Vengo del norte del sur, donde no tenemos azahar. Realmente creo que hasta ahora no sabía que el azahar es la flor de los naranjos o limoneros. Ahora sí. Ahora, además, puedo olerla a diario. Y joe, qué gusto. Una calle perfumada por esta flor no es una calle cualquiera. 

He vivido en sitios más fríos, húmedos, y con más contrastes en lo que a clima se refiere. No estaba acostumbrada al temple mediterráneo/adriático, y la verdad es que me gusta su efecto balsámico.  Quizá la clave está en las propiedades del azahar, que según la Wikipedia:

"Las flores presentan una acción sedante, ligeramente hipnótica y espasmolítica, aperitivo-eupéptica y aromatizante. Los frutos tienen propiedades como vitamínicos, por su riqueza en ácido ascórbico, y laxantes. La pectina le confiere propiedades como antidiarreico e hipocolesterolemieante. El pericarpio y también las hojas actúan como venotónico y vasoprotector; los principios amargos son responsables de su efecto aperitivo y eupéptico. Las flores se utilizan para ansiedad, insomnio, espasmos gastrointestinales o distonías neurovegetativas". (Queda claro, no?)
 
Ya véis, todo tiene una explicación científica. Adiós romanticismo. O no.

Romeros, olivos y otros árboles que desconozco también ayudan a crear esta sensación de embeleso. Y el mar, oh, el mar, eso siempre. Haced la suma, vamos bien. Me fallan un poco las enormes montañas de roca caliza donde no abunda la vida. Parece que están siempre enfadadas. Tan grandes y rudas. Intentando arrinconar a los arboles perfumados, tratando de hacerle sombra al mar.

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