viernes, 1 de abril de 2016

"La burua es para pensar"

(Burua: cabeza en euskera). 
 
Una frase  tan de primaria esconde un gran significado. "La burua es para pensar", un  mantra que siempre me repetía mi padre de pequeña. Quizá por eso mi manía de quitarme cualquier lacito o moñería que mi madre me ponía en el pelo.  Porque yo ya sabía  que la burua era para pensar y no para que me pusieran "kikis" (sí, así llamábamos a las gomas en el pelo, etc).

La frase puede parecer una perogrullada, pero merece la pena repetirla. No sé si es por eso, pero a día de hoy pienso mucho, quizá demasiado, que no quiere decir que piense bien. Sí, en aquella frase faltaba algo, la burua es para pensar, pero para pensar bien. Creo que a veces lo de pensar se nos va de las manos. Re-pensamos, sobre-pensamos...  Pero lo que es pensar bien, en serio, o sea, razonar y objetivizar, formular algo nuevo y útil, poco. 

Al hilo de esta historia, recupero en mi cerebro también una cosa que dijo un profesor en la universidad. Venía a contar algo así como que si teníamos al menos un pensamiento único en la vida, salido de nosotros mismos, nos podíamos dar con un canto en los dientes. Que casi todas las personas pasamos por esta vida sin pena ni gloria, sin haber hecho un uso personal e intransferible de nuestra burua

El comentario en cuestión, de gran carga filosófica y creo que chungamente expresado por mí, fue de esas cosas que se te quedan sin saber por qué. Un razonamiento que es como profundo pero a la vez parece una tontería y estás entre que lo has entendido y que en realidad no entiendes nada. Pero ahí se queda su eco, porque algo te dice que eso que han dicho, aunque en ese momento no lo entendieras, venía de serie con la etiqueta de "importante, guardar".

Bueno, y que la burua es para pensar, pero el cuerpito está para hacer. Tampoco lo olvidemos.




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