lunes, 27 de junio de 2016

Hago

Esta foto tendrá unos tres años. 2013 en Berlín. Es mi habitación. En esos papelitos hay una historia. Puedo decir orgullosa que por fin empecé algo y lo terminé, todo gracias a mi amiga María. Hay sitios y personas que hacen que todo parezca muy fácil. Ni te lo piensas, solo haces. En este caso la átmosfera de la ciudad, mi situación vital y mi compi ayudaron mucho.

 Tengo un serio problema con eso de acabar algo que empiezo. Se me ocurren muchas ideas pero nunca remato. O bien porque no tengo las habilidades necesarias para hacerlo - y mi mente perezosa no las aprende - o porque... en realidad no lo sé. ¿Miedo? ¿Perfeccionismo? Me sale solo ese no acabar. 

Mal. Muy mal. Lo sé.

 Por eso ahora que tengo tiempo le doy al hacer (hablo en presente del indicativo, voy a decir que "hago", porque el "haré" lo tengo demasiado manido y no me lleva a nada). Hago un pastel que nunca he hecho, toco un instrumento,  diseño un poster, empiezo y termino todo aquello que yo nunca he. Para crear algo bueno tienes que haber hecho, al menos, un millón de cosas malas o regulares o sucias. Eso es así.
Únicamente tiendo a hacer cuando es una obligación, un trabajo, existen plazos, si no, por mí misma, cero. Hasta luego.

Os dejo este proyecto empezado junto mi amiga María de la época en la que un rayito de luz me ilumino para hacer algo:  http://www.mankilou.com/ Man Kilou me hizo mucha ilusión pero lleva años en coma. Quiero que resucite, o si no, tener otro niño.


Disciplina, Voluntad, hola...

HE VUELTO.


domingo, 26 de junio de 2016

Rožat: Exploración #2



El miércoles 22 de junio fue fiesta en Croacia (dan antifašističke borbe - día de la resistencia antifascista), no tenia ningún plan interesante en el horizonte, así que me decidí, valiente, a salir  a explorar los alrededores de la casa bajo un calor húmedo, sofocante y chorreante. 




Desde que llegué, la iglesia que se ve desde la terraza del apartamento me ha llamado poderosamente la atención. Tiene una forma peculiar y por la noche se ve cuidadosamente iluminada entre la oscuridad de los árboles. Llevaba tiempo queriendo subir la montañita donde se encuentra, así que, pereza fuera y pa'lante

Esperé a que refrescara un poco pero ese día fue imposible, a las 7 de la tarde, da igual cuantas duchas uno se diera, que a los 30 segundos de vestirte, gotones de sudor volvían a inundar absolutamente todos los poros de tu piel. 

Župa Velike Gospe, así es como se llama la iglesia. En realidad, es una parroquia con cementerio incluído. No sé los vivos, pero los muertos en Dubrovnik disponen de vistas privilegiadas. La traducción sería Parroquia de la Asunción. Si os interesa, que estoy segura de que sí, podéis haceros fans en Facebook: https://goo.gl/I81KIu



Allá vamos

Hay varios carteles que la señalizan, eso está muy bien, me genera confianza. Para subir, hay que pasar antes por varias casas que disponen de sus respectivas huertas y gallinas, y encontrarte con varias señoras que te miran con recelo, en plan, esta guiri se ha perdido, qué hace aquí. Tú sonries y sueltas casi lo único que sabes: "dobar dan", buen día, y  les dejas contentas y entonces dudan, ya no saben si eres guiri o una croata rara recien aterrizada en el pueblo. 

Los mosquitos, escarabajos voladores y crujires varios entre los yerbajos me mantienen alerta. No hay aboslutamente nadie y el calor es sofocante. Ruido de cigarras. Continuo subiendo y veo que hay dos caminos, uno asfaltado y con escaleras, y otro salvaje. Elijo este último. Voy despacio y un poco acojonada en realidad, no sé lo que me voy a encontrar. Las zarzas me pican las piernas. Zumbidos de bichos por todos los lados, cosas que se mueven entre los arbustos. Continúo un poco más y doy con una caseta de hojalata. Oigo el balar de una oveja o algo parecido, movimiento.... Miedo de nuevo. Creo que está dentro de la caseta. No me asomo mucho por si acaso. Temo que de repente me aparezca un toro salvaje o cualquier otro gran animal peligroso. Sigo andando por la yerba, ya sin camino, y doy con otra de esas casetas. Me paro, los ruidos entre los matorrales  me ponen demasiado nerviosa como para seguir y doy la vuelta. Regreso al camino asfaltado. Ya más tranquila. Hay hasta bancos y todo, civilización, estoy a salvo. 


Ahí dentro algo balaba

En realidad no quiero saber qué esconde la caseta
Vistas al subir


Me voy a perder, verás tú

Civilización

Es un paseito, en 5 minutos llego arriba. A pesar de ser de día, da un poco de yuyu, todo tan silencioso. Solo estamos las cigarras, alguna culebra escondida, el jodido calor, los muertos y yo. Aunque vaya de agnóstica, los sitios religiosos me imponen respeto - mi background monjil-católico-apostólico es lo que tiene- , así que voy con cuidado. Saco varias fotos, intentando respetar el lugar y me voy enseguida antes de que alguien o algo aparezca por ahí - como si estuviera haciendo algo malo... - .





Ahí estás, por fin
Uou, bonita entrada
Oremos, rápido

Después de esta aventura por lo salvaje, bajo, saludo a un perrillo que antes también me ha ladrado pero en realidad quiere ser mi amigo, cojo la carretera, bueno, la acera, y tiro dirección Mokosica - prununciado Mokositza - (a todo el mundo le hace gracia el nombre de este barrio, sobre todo si lo leen en versión castellana). A mi derecha se encuentra la ría y a mi izquierda me topo con casas desperdigadas. Rožat tendrá una longitud de... ¿cuánto? ¿800 metros? Así que en un minuto he entrado en otro "pueblo": Prijevor



Ni idea



Las flores salvajes que asoman por todos los lados me siguen flipando



Continúo. Sudor continuo también. En 15 minutos un cartel y unas casas tirando a feas me indican que estoy en Mokosica. Digamos que es el barrio residencial de Dubrovnik por excelencia, ese que ningún turista conoce, pero donde viven la mayor parte de los locales. Hoy no entro, lo veo desde fuera, pero mi impresión no es demasiado favorable. Bloques de edificios apelotonados, un poco anárquicos. Ciudad sin ley. Gente que me mira desde los balcones tipo colmena. La pintada con la esvástica y esos coches descojonados en el andén me dicen, hora de volverse, nena

Hasta otro día. 

Feismo urbano
Me gusta el detalle de las sombrillas verdes


Aquí aparcan los coches que descojonan en las carreras ilegales (me lo he inventado)

Torcida es un grupo radical de seguidores del Hajduk Split, un equipo de fútbol. Ojo al detalle de la esvástica.




































viernes, 24 de junio de 2016

Ese árbol

cuando no estoy
estás
seguirás estando 
observador silencioso de cuentos sin final
lecho de aves exóticas
testigo eterno de sueños
en muchas noches de verano

- 23.06.2016 - Ese árbol en ese lugar -



jueves, 23 de junio de 2016

Algún día te acordarás para que te acuerdes



Dubrovnik
King's Landing
Pomalo
23.06.2016
Sweating



Por probar

"Oye, deberiamos hacer una especie de evento o meeting para conocer a la gente que trabaja en nuestro edificio", suelto así como de coña. (Porque todavía somos jóvenes y tenemos fe en la simpatía escondida de la gente de Dubrovnik). Queremos romper la barrera del hola tímido en las escaleras, a ver si funciona.

La gracia de esto reside en que la propuesta, en vez de quedarse en un "eso estaría guay" seguido de un silencio que todo el mundo sabe que durará para siempre, es bien vista por  alguien que te salta: Vale, escríbeme el texto que yo te hago el cartel mañana y lo pegamos por ahí.

Así de fácil. El tandem perfecto. Has dado con alguien resolutivo, que tiene las mismas ganas de hacer que tú y además controla de eso que a ti te falta. Y se hace. ¿Por qué costará tanto el resto del tiempo? Nace así el 1st Friday Afterwork de DURA. 

Reconforta pensar que esas ideas que se comentan en una charla informal a la hora de comer o mientras te tomas una caña  (o cinco) a veces incluso se llevan a cabo. Tienes que dar con ese alguien en la misma frecuencia que tú y ¡pam! 

Por probar...




viernes, 17 de junio de 2016

¿Qué tienes, mochila?

Iba a escribir sobre mi mochila como si esto fuera algo original, pero me acabo de dar cuenta de que la magia de la mochila, esa mochila de uno, es un asunto bastante generalizado. ¿Por qué?  ¿Adoramos de igual manera una maleta? Creo que no. Las mochilas tienen un diseño ergonómico, esto es, se fabrican en base a un estudio del cuerpo de la persona para que sean lo más cómodas posible. Y la verdad, no es por nada, pero mi Nixon cumple eso a la perfección. ¿Cuánto llevamos ya, seis años? 


Apareciste en mi vida de casualidad, gracias a un vale que tenía para cambiar. Te vi y me gustaste, aunque en realidad me dije, para qué quiero yo semejante mochilón. No sabía que la vida me haría necesitarte. Esta mochila no estaba hecha para mi ciudad realmente. Bueno vale, si no recuerdo mal hubo un tiempo en que te llevaba a la Zurriola, aunque me venías enorme.  Pero... el destino nos deparaba grandes cosas a ti y a mí. Empezaste el trote en mi primer festival, allá por el año 2010, te fuiste a Copenhague, Götteborg, Berlín, Londres, París. ¿Nueva York? Logroño o  Pamplona. Descansaste mucho en Donostia. Y joder, sigues como nueva. Tus asas se adaptan super bien a mi cuerpo y siempre haces que quepa algo más. Tus cremalleras, suaves, nunca fallan. 


Mucha gente me entenderá cuando hablo así de mi mochila. Es un objeto simbólico. Tu maleta de ruedas no lo es. La mochila va pegada a ti, es donde metes tus imprescindibles, aquello que sí o sí tiene que estar contigo vayas donde vayas. Como una prótesis de quita y pon que usas solo en los viajes. Todo lo que necesitas cabe en una mochila. Dinero, documentación, agua, alimento y unas mudas. Es el continente perfecto para lo esencial. Por eso te importa. Además, se mueve a la par que tú, y a veces te sorprende. Uy, no me acordaba de que había metido esta tableta de chocolate Milka, qué bien.  Ey, mi último kleenex, menos mal. Las tiritas, guay. ¿Y este billete de 20?

Encima son buena gente, muy sufridas. Cuando llegas a un sitio la puedes tirar por ahí a lo bestia que no pasa nada.  A veces sirven de almohada.  Seguramente los grandes viajeros podrán contar historias mucho más interesantes acerca de sus mochilas. Porque no solo guardan tus cosas, también todas las aventuras que vives con ellas. Las aventuras que vivirás, porque la mochila siempre está atenta, tirada en ese rincón - ya he dicho que es muy sufrida-, esperando a que la saques de nuevo. Y no, olvídate, con tu maleta de rueditas nunca llegarás tan lejos. Pregúntaselo a Labordeta. 












martes, 14 de junio de 2016

Rožat: Exploración #1

Son las 19.00 horas del trece de junio de 2016. Me dirijo a explorar los alrededores de mi nuevo hogar. Vivo en Rožat, un pueblo de menos de 400 habitantes ubicado a unos 10 km de Dubrovnik. En realidad, es un poco extraño que esto sea un pueblo - dividido por una carretera - porque si sigues un poco más adelante vuelves a encontrarte con un barrio de la ciudad, y uno de los más habitados además: Mokošica - pronunciado algo así como "Mocoshitza"-.

Llevo desde el día uno de junio por aquí ya que no hay quien encuentre piso en verano por el "centro" de Dubrovnik. Los precios se disparan y lo que ganan contigo en un mes se lo sacan en cinco días con los turistas. Así que chao pescao. Ya sabía desde el principio que el 31 de mayo tendría que dejar la casita de verano y no tenía ni idea de cuál sería mi futuro destino. La verdad es que no me imaginaba que fuera a ser tan lejos (Relativamente, claro. Es lejos según la percepción de distancia de una ciudad de 50.000 habitantes. En una gran urbe no es nada, a 20 minutos en autobús del centro). 


La tarde ha sido una de esas en las que respiras frescor postlluvia. Cuando deja de llover y parece que el verde se enciende y la naturaleza quiere entrar a lo bestia en tus pulmones. Creo que esta lluvia es la que hace que todo sea tan frondoso y las huertas den tanta envidia. Hasta las flores silvestres parecen puestas ahí por alguien para que quede bonito.




Mi primera exploración ha sido satisfactoria. He caminado por los lugares que siempre veo desde el autobús, y es una gozada. La casa se encuentra entre unas enormes montañas rocosas y  lo que llaman "la Marina", que es digamos el puerto donde duermen los barcos de vela. No sé si esto que veo es un río o una entrada de mar... ¿Una ría? Es agua, y mucha, pero no hablamos de mar abierto, sino de agua tranquila con sus juncos a los lados - Bien, ando muy pez en términos geográficos y naturaleza en general... -.

Solo hay dos autobuses que te traen hasta aquí, con una frecuencia de unos 15/20 minutos. Al menos la parada está bien resguardada y tienes un cómodo banco para sentarte a esperar.

Rožat es un sitio tranquilo con sus casitas con huerta y sus campanas de iglesia tocando las 24 horas del día. Es la primera vez que vivo en una zona tan rural y estoy flipando. Vale, acabo de leer en la Wikipedia - gracias por existir - que el río es justo lo que está al final del todo, que son solo 30 metros. Ombla se llama. Lo demás pues eso, ría o entrada de mar o lo que sea. Esta zona del Ombla es la que más me ha gustado. Hay como una mini cascadita o bajada de río y a un lado se encuentra lo que en su día sería una pedazo casona con su pedazo terreno, que ahora, como todo aquí, son ruinas. Si no he leído mal en su fachada, creo que data del siglo XVI. Las montañas son altísimas, como ya he comentado en más de una ocasión, y su contraste con el agua cristalina y las ruinas de piedra hacen que quiera de repente dedicarme a la fotografía para jugar con los colores. Porque no escucháis el ruido del mar y los pájaros... Si no, fliparíais como yo.

En fin, que os invito a pasear conmigo a través de este link donde podréis ver las fotos de la Exploración #1: https://goo.gl/photos/zt2riNi9YYGATrKq5































































































































































































domingo, 12 de junio de 2016

Flamenco y consciencia

Ayer quedé por primera vez en este rato con gente de mi generación. Me sentí mayor. Llevo tres meses saliendo de vez en cuando con gente nacida en 1994. Sí, existen. A veces me creo que somos de las misma edad, pero no. Cuando piensas en que son de mediados de los 90 primero crees que son todavía niños. Pero un momento, esta gente ya es adulta y podrían tener hijos. 

Los de ahora: tres arquitectos, dos españoles y una chica de Zagreb. Los temas de conversación cambian mucho. Con los "niños" me lo paso bien, pero los años, aunque no nos demos cuenta, se notan. Las conversaciones, la visión de la vida, las prioridades. La mayoría están todavía frescos, sin curtir. Cosa que se agradece. Un soplo de aire fresco que nunca deberíamos perder, nadie. Pese a todo. Pese a los años y los palos de la vida. 

El beber también se nota. Los de mi generación estuvimos de charleta, de tranquis. Unas cervecitas en un bar coqueto, bebidas típicas de la zona, porque con la edad el paladar se refina. Un par y a casa. Los niños en eso no tienen filtro, ni paladar, el alcohol es para emborracharse, rápido y mal. No hay bares, sino supermercados y parques, barato siempre es mejor. 

Otra diferencia: los niños pueden estar de fiesta de viernes a domingo non stop. Salen hasta las seis de la mañana y a las diez ya estás haciendo  un plan para ir a una isla y volver a empezar de nuevo. Eso un casi treintañero no lo contempla. Su cuerpo con una noche ya tiene de sobra, y necesita otras dos para recuperarse.

Ayer hablamos del duende en el flamenco, de la consciencia, de qué es el éxito, de si sabemos quiénes somos en realidad, de por qué hacemos lo que hacemos, de la cultura, la existencia en general. Fue una de esas conversaciones que aparecen de vez en cuando en la vida y todo se para por un momento para que cojas aire, perspectiva y te des cuenta de la morralla que llevamos de serie. De que en realidad estamos todos conectados y somos parte de lo mismo. A pesar de los acentos, a pesar de las vivencias. A pesar de todo. Si viajas, sales y hablas con la gente, gente diferente, siempre hay un momento en el que llegas a ese punto de comunión.

Me gustaría pensar que estas conversaciones sirven de algo. Que nos agitan de verdad. A veces una buena charla con alguien puede salvarte de muchas cosas. O cambiarte para siempre. Imagínate. Otras son solo anecdóticas. Cuando piensas que te aburres y joder qué agusto pillarías la cama.

Yo digo que si puedes, las aproveches. De eso va estar en este mundo.


jueves, 9 de junio de 2016

La paz de mis ojos

Cómo voy a ver la paz de tus ojos si los míos los tengo siempre en guerra. Cómo voy a cuidarte si yo ando descuidada. Cómo voy a saber de ti si no tengo ni idea de mí. La paz de mis ojos va primero. Es una cuestión práctica, de supervivencia. La travesía en el desierto es necesaria. Habrá tierra después del río. Todavía no. La paz de mis ojos.

Busqué mi paz en los tuyos. Me equivocaba. Tú debes estar para ti y yo para mí, siempre y primero. Mis piernas nunca fueron tuyas, ni tus pecas, mías. Llegamos a otros de visita. A veces son viajes a ciudades que ni siquiera sabías que existían. Un cambio de rumbo inesperado en el vuelo de tu vida. 

Esta introspección es necesaria. Mucho. Respira. Abre mula bandha. Machaca a tu ego. Más fuerte. No lo intentas demasiado. La vida no gira en torno a ti, pero tú tienes que girar en torno a tu vida.

Que la paz de mis ojos se encuentre algún día con la de los tuyos.  











domingo, 5 de junio de 2016

A mar

A mar
El salto al vacío
El abrazo colectivo
Amar
El calor de tu cuerpo
El cielo estrellado en una noche de verano
A mar
El mar
La mirada del otro
Los otros
He bebido
El alcohol me dice la verdad
Que la vida son dos segundos
Que no se pueden perder
Que el sol siempre está en el cielo aunque no lo veas
Y la gente
La puta gente
Siempre dispuesta, si tú quieres,
A abrazarte
Abrázalos tú también
No queda tanto tiempo











Hotel Belvedere, Dubrovnik underground

A veces me quejo sin pararme a pensar en que a lo mejor hay un porqué razonable para cierto tipo de comportamientos o hechos. No me suelo acordar de que esta gente sufrió una guerra muy chunga en 1991. Fue durante la Guerra de la Independencia de Croacia. Parece ser que los serbios se cebaron bastante. Entre los edificios dañados se encuentra el Hotel Belvedere, a las afueras de las murallas. Este hotel tenia solo seis años en el 91, y en el asedio que los serbios hicieron a Dubrovnik salió bastante perjudicado. 

La gracia es que está como lo dejaron, bueno, ahora con yerbajos y graffitis, pero la esencia de sitio abandonado en el que escuchas el chirriar de su estructura y ruiditos extraños varios, lo tiene. Vamos, que estás todo el rato en tensión y a nada que escuchas el crujido de una hoja saltas y te haces caquita.  Es el típico sitio guay para sacar fotos. Un lugar que si estuviera en Berlín aparecería en las guías como sitio a tener en cuenta para visitar y estaría lleno de modernos haciendo cosas.

Los edificios abandonados tienen su morbo. Los escombros, el imaginar lo que fue y lo que es ahora. Ese silencio inquietante que en ocasiones se rompe súbitamente por algo que el viento mueve o una piedra que cae. El no saber por donde pisas... Como cuando ves una de miedo que estás de... ostras, y ahora qué.

Es un puntazo porque está a 20 minutillos andando del Old Town y no había absolutamente nadie a las 18.30 de un soleado sábado cuatro de junio. Se llega por una carretera en la que no pasan coches y solo hay... sí,efectivamente, gatos. Gatos echándose la siesta en mitad del camino, otros mirándote en plan, ¿dónde crees que vas? Parece que están protegiendo el hotel , ahí apelotonados en la entrada.

Salir por caminos así es una gozada. Al menos para mí. Subir aunque sea el pequeño montículo fuera de la ciudad ya te hace... no sé, sentirte más "libre", quizá. ¡Oh! la periferia. Qué grandes momentos. Dubrovnik desde fuera y desde arriba mola más. Vistacas, silencio, gatos. ¿Qué más? En realidad es fácil evadirse si uno quiere. El espíritu explorador se agradece por días como hoy. 

No he indagado mucho porque hay carteles por todos los lados que te dicen que eso es una propiedad privada y que cuidado que te puede caer algo a la cabeza. Pero quizá otro día le eche huevos y me meta dentro. Ahí está la gracia. Puede que te encuentres con un rollo de papel higiénico made in 1991 o quién sabe, a lo mejor te caes por un agujero. 

(Las fotos están sacadas con el móvil y sin mucho ojo. - Sí, pon un fotógrafo en tu vida e inyéctate sangre exploradora- ).