miércoles, 1 de junio de 2016

Apuntes después de tres meses en Dubrovnik

Tres meses puede parecer mucho tiempo o casi nada. Ahora no sé decirlo, estoy perdida en los días. No sé qué ha cambiado o qué no en este rato. Si algo ha cambiado, en realidad. Me parece que llevo siglos y a la vez, dicho en voz alta, tres meses no son nada en la vida de una persona. Dejando estas disertaciones vitales a un lado, puedo decir objetivamente que tres meses sí son suficientes para hacerse una idea más o menos aproximada de un lugar.

El 28 de febrero de este año aterricé en Dubrovnik, saliendo desde Bilbao y con una escala previa en Roma. Un mes antes me habían dicho, oye, ¿qué te parecería ir a Dubrovnik? Me pilló todo muy de repente. Una parte de mí, en el fondo, estaba agusto en la pequeña Donosti. Había asumido que este año no me movería y estaba proyectándome en la ciudad. La ilusión de una posible salida desapareció  cuando me dijeron que no a una beca para Chile - apunto estuve - Y tras ese golpecillo, (yo que ya me veía por el desierto de Atacama, haciendo surf y sacando fotos a alpacas) cambié el chip. "Mejor que te olvides de ir a ningún lado..." me dijeron. Y de repente, por una carambola del destino, Dubrovnik. He de confesar que la idea no me emocionó demasiado al principio. He vivido un tiempo fuera, pero después de un año y cuatro meses en mi ciudad estaba un poco achantada, empequeñecida, acomodada, donostiarrizada. Todo eso, sí, para qué negarlo. Así que Dubrovnik no me llamaba ni me apetecía ponerle ojitos. De todas formas, mi vena inconformista, mi vena de... salta joder, que hay mucho mundo ahí fuera y no has visto una mierda, me animó. De nuevo, solo son seis meses, me dije.

Y ahora, en el ecuador, estos tres meses me parecen una barbaridad. Cuando estás fueras pierdes la noción de todo, hasta de ti mismo. Como si no hubiera suelo bajo tus pies. Esa sensación de... no somos nada, estás sola en el mundo. O le echas huevos y vuelas, o caes en picado, aquí no hay termino medio. Ahora mismo planeo, más serena quizá. También algo perdida en la traducción a veces. La sensación de vacío es clara cuando sales.

Se mezclan tantos sentimientos... Como de montaña rusa. Has salido al inmenso mar, y todo lo que conocías, eso que te ataba y te daba seguridad, desaparece. Imagino que el espíritu nómada lo tenemos que sacar a la fuerza en los tiempos que corren. En realidad no es tan dramático y seguramente me curta. Pierdo y gano. Espero.

Ya sabía antes de venir que Dubrovnik es un lugar pequeño y que no iba a haber mucho culo que rascar. Estando aquí, lo confirmo.  Oh sí, las murallas, Old Town, qué bonito. Y sobre todo en marzo, cuando puedes sentir la ciudad vieja de verdad, llena de gatos, palomas y señores mayores que te miran con recelo. Intuyes el murmullo del mar tras las murallas. Todo muy idílico, en plan, qué pasada, parece de cuento. Además, la primera semana la pasé en todo el meollo del casco histórico. ¡Qué decir! Para más inri, estaban preparando la calle principal de la ciudad vieja para grabar parte de la nueva peli de la Guerra de las Galaxias (Están que no cagan con el tema pelis y localización, porque, para quien no lo sepa, aquí se rodó también Juego de Tronos). El caso es que ver una Dubrovnik gris, lluviosa y el mar envalentonado estuvo muy bien. Pero ya. En marzo no había gente por la calle, estaba todo cerrado. Bien que no haya turistas, ¿pero la gente de aquí?

Podría decirse que Dubrovnik tiene dos caras: La de verano - que empieza en abril y acaba en octubre- y la de invierno. He tenido la suerte de haber catado un poco de la temporada baja (para poder vivir la ciudad en condiciones, más en su esencia aunque con peor tiempo). Y ahora estoy en plena  vorágine turistico-veraniega, y lo que nos queda.

Por favor, dejad de venir en masa.


El turismo es la peste. El turismo de crucero, más

En Donostia hay turismo, pero lo de aquí es otro nivel. Hay días en los que a la entrada de lo viejo se pone una catenaria que divide la entrada en dos carriles. Uno para entrar y otro para salir, como si te metieras en un parque de atracciones. Que si lo piensas, la idea es parecida. Entras, das una vuelta, pagas por subir a las murallas, te compras un helado, sacas dos fotos y sales. Como tengas prisa para algo estás jodido, aunque en realidad aquí de prisa no gastan.

Hay millones de hoteles a las afueras de la ciudad, pero también están los adorables cruceros.  Esto se traduce en masas de peña pululando sin sentido por la calle y abultando en el autobús. Seguramente, desde la perspectiva de un turista todo se ve distinto, porque llegan con el chip de no estresarse y de nos da todo un poco igual, ya nos estresamos en casa si eso. Pero si trabajas aquí y tienes que coger un autobús, respira hondo. Es dificil según en qué zonas ir andando a los sitios. Ni qué decir tiene que ir en bici es algo extraterrestre. Así que todo hijo de vecino se mueve en coche o en autobús. Teniendo en cuenta que los hoteles están a las afueras y que los turistas cogen el autobús sí o sí, imagínate el caos diario ya desde pronto por la mañana. Los de los cruceros, igual. A veces se juntan tres cruceros en un día. Si no has visto uno de cerca, no te haces a la idea de lo que hablo. Además, como ovejitas, a los pasajeros les ponen una pegatina, sí, verídico, y ale, dos horitas por Dubrovnik y pa'dentro de nuevo. Si hace malo hay gente que ni sale. Y los que salen consumen cero porque ya tienen todo pagado dentro del barco. Es decir, no tiene sentido promover este tipo de turismo, a mi entender. 

"Pomalo" style


Pomalo es una palabra que solo se usa en esta zona (Dalmacia). Si buscas en un diccionario de croata no aparece el término. Por algo será. Aquí el "pomalo" se estila mucho. Significa "tranqui", "con la calma", "despacio", "no te preocupes". Vamos, la pachorra elevada al infinito. Y es que aquí parece que las cosas les preocupan poco. Si algo no es hoy será dentro de cinco días. Si no ves a la dependienta es que está fumándose un cigarrillo fuera. Si la que te tiene que registrar en la ciudad está hablando por teléfono con su prima, te jodes.  ¿Que en la frontera tienes que esperar dos horas? Pues oye, lo haces. ¡Pomalo! 










Carreteras, conexiones

El problema que veo yo aquí para muchas cosas son las conexiones, las carreteras, el transporte. Dubrovnik es una ciudad aislada. Por un lado, el espacio es muy estrecho porque la ciudad se asienta entre el mar y unas montañas rocosas con las que no hay nada que hacer. Por otro, las carreteras, quizá también por el terreno tan montañoso, son  una mierda, y solo se puede acceder en coche o autobús. No hay trenes. No se puede. Además, Dubrovnik está en la punta de la punta de Croacia, abajo, atascada entre dos paises (que están fuera de la Unión Europea), Bosnia i Herzegovina y Montenegro. Esto significa que cada vez que te muevas un poco vas a pillar una aduana y tendrás que sacar el pasaporte junto con el espíritu "pomalo", por tu bien. Split es la ciudad grande más cercana a Dubrovnik, 230km que se hacen en casi cuatro horas. ¡Cuatro! (Pomalo...Y a viajar en avion).


Amaneceres y atardeceres, paisaje, naturaleza

Esto mola. Aquí el paisaje te da una torta en la cara todo el rato. Se agradece. Aunque los escarabajos asalten tu casa o los mosquitos perturben tus noches. Es vida. Y es una pena que no se repare mas en ella. Los ragusianos parece que solo tienen ojitos para el dinero en verano, encarnado en inocentes turistas. Somos eso, billetes, dinero, y muchas veces, poco más. Nos quieren y nos odian a partes iguales o quizá, dependiendo de cuánto lleves en el bolsillo. A lo que voy, que aquí es casi imposible terminar teniendo un mal día si te acercas al mar. Y si ya tienes la posibilidad de ir en barco, ni te cuento.


Restaurantes

Lo hablaba ayer con un chico de Dubrovnik. Mucha gente llega y pregunta por restaurantes típicos, familiares, donde den comida casera y de la tierra. O sea, una cosa muy normal en Italia o en Euskal Herria - miss you - . Bien, pues de eso aquí no hay. Todavía no sé cuál es el plato típico de la zona y nadie me ha sabido decir de algún restaurante o txoko más para la gente local. Ellos te dicen lo mismo que lees en las guías. ¿Dónde estás, esencia? Echo en falta eso. Un aire especial, una cultura característica, un sabor genuino. Si sales un poco, y entras en Bosnia, por ejemplo, sí se respira algo distinto. En Dubrovnik respiras turistas, su sudor.

Personas

Se nota el influjo italiano. En la forma y en el fondo. En la manera de hablar. Aunque entienda cero me siento más cómoda rodeada de croatas (hablo de los de Dalmacia, no sé cómo serán en Zagreb), que de alemanes. También es muy guay conocer a personas que están de paso, como tú, y compartir visión. O gente de aquí y su forma de ver las cosas. Me gusta el hecho de que, a pesar de tener casi 50.000 habitantes la gente se salude como en un pueblo pequeño. Saludo a más gente en Dubrovnik que en San Sebastián. Y eso está guay, un poco de humanidad. Aunque la masa de turistas no sea muy agradable, de manera individual a muchos merecerá la pena conocer. Como toda la gente con la que me he encontrado hasta ahora. Me quedo con eso. La gente y la vida.

Podría seguir con muchas anécdotas e historias pero quizá algún otro día. De todo esto, por ahora, saco la conclusión de que a Croacia le queda mucho camino por recorrer, pero lo entiendo. Es un país joven que viene de una guerra y está en pañales. Es increíble la de espacio vacío o casas impresionantes y destartaladas que tienen. Con un poquito de dinero, ganas e ideas chulas se podrían hacer la hostia de cosas. De momento, creo, siguen cegados por lo que ese guiri lleva en la cartera. Es lo cómodo, el dinero fácil, la cultura pomalo.

Así que esto es, grosso modo mi percepción en tres meses. Ahora empieza la segunda etapa, el verano. Voy a viajar: Sarajevo, Zagreb, Belgrado... La Europa desconocida. Los balcanes. Me apetece saber de ella aunque sienta que no es mi sitio. 

Y los que nos quedan...




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