domingo, 5 de junio de 2016

Hotel Belvedere, Dubrovnik underground

A veces me quejo sin pararme a pensar en que a lo mejor hay un porqué razonable para cierto tipo de comportamientos o hechos. No me suelo acordar de que esta gente sufrió una guerra muy chunga en 1991. Fue durante la Guerra de la Independencia de Croacia. Parece ser que los serbios se cebaron bastante. Entre los edificios dañados se encuentra el Hotel Belvedere, a las afueras de las murallas. Este hotel tenia solo seis años en el 91, y en el asedio que los serbios hicieron a Dubrovnik salió bastante perjudicado. 

La gracia es que está como lo dejaron, bueno, ahora con yerbajos y graffitis, pero la esencia de sitio abandonado en el que escuchas el chirriar de su estructura y ruiditos extraños varios, lo tiene. Vamos, que estás todo el rato en tensión y a nada que escuchas el crujido de una hoja saltas y te haces caquita.  Es el típico sitio guay para sacar fotos. Un lugar que si estuviera en Berlín aparecería en las guías como sitio a tener en cuenta para visitar y estaría lleno de modernos haciendo cosas.

Los edificios abandonados tienen su morbo. Los escombros, el imaginar lo que fue y lo que es ahora. Ese silencio inquietante que en ocasiones se rompe súbitamente por algo que el viento mueve o una piedra que cae. El no saber por donde pisas... Como cuando ves una de miedo que estás de... ostras, y ahora qué.

Es un puntazo porque está a 20 minutillos andando del Old Town y no había absolutamente nadie a las 18.30 de un soleado sábado cuatro de junio. Se llega por una carretera en la que no pasan coches y solo hay... sí,efectivamente, gatos. Gatos echándose la siesta en mitad del camino, otros mirándote en plan, ¿dónde crees que vas? Parece que están protegiendo el hotel , ahí apelotonados en la entrada.

Salir por caminos así es una gozada. Al menos para mí. Subir aunque sea el pequeño montículo fuera de la ciudad ya te hace... no sé, sentirte más "libre", quizá. ¡Oh! la periferia. Qué grandes momentos. Dubrovnik desde fuera y desde arriba mola más. Vistacas, silencio, gatos. ¿Qué más? En realidad es fácil evadirse si uno quiere. El espíritu explorador se agradece por días como hoy. 

No he indagado mucho porque hay carteles por todos los lados que te dicen que eso es una propiedad privada y que cuidado que te puede caer algo a la cabeza. Pero quizá otro día le eche huevos y me meta dentro. Ahí está la gracia. Puede que te encuentres con un rollo de papel higiénico made in 1991 o quién sabe, a lo mejor te caes por un agujero. 

(Las fotos están sacadas con el móvil y sin mucho ojo. - Sí, pon un fotógrafo en tu vida e inyéctate sangre exploradora- ). 


































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