viernes, 17 de junio de 2016

¿Qué tienes, mochila?

Iba a escribir sobre mi mochila como si esto fuera algo original, pero me acabo de dar cuenta de que la magia de la mochila, esa mochila de uno, es un asunto bastante generalizado. ¿Por qué?  ¿Adoramos de igual manera una maleta? Creo que no. Las mochilas tienen un diseño ergonómico, esto es, se fabrican en base a un estudio del cuerpo de la persona para que sean lo más cómodas posible. Y la verdad, no es por nada, pero mi Nixon cumple eso a la perfección. ¿Cuánto llevamos ya, seis años? 


Apareciste en mi vida de casualidad, gracias a un vale que tenía para cambiar. Te vi y me gustaste, aunque en realidad me dije, para qué quiero yo semejante mochilón. No sabía que la vida me haría necesitarte. Esta mochila no estaba hecha para mi ciudad realmente. Bueno vale, si no recuerdo mal hubo un tiempo en que te llevaba a la Zurriola, aunque me venías enorme.  Pero... el destino nos deparaba grandes cosas a ti y a mí. Empezaste el trote en mi primer festival, allá por el año 2010, te fuiste a Copenhague, Götteborg, Berlín, Londres, París. ¿Nueva York? Logroño o  Pamplona. Descansaste mucho en Donostia. Y joder, sigues como nueva. Tus asas se adaptan super bien a mi cuerpo y siempre haces que quepa algo más. Tus cremalleras, suaves, nunca fallan. 


Mucha gente me entenderá cuando hablo así de mi mochila. Es un objeto simbólico. Tu maleta de ruedas no lo es. La mochila va pegada a ti, es donde metes tus imprescindibles, aquello que sí o sí tiene que estar contigo vayas donde vayas. Como una prótesis de quita y pon que usas solo en los viajes. Todo lo que necesitas cabe en una mochila. Dinero, documentación, agua, alimento y unas mudas. Es el continente perfecto para lo esencial. Por eso te importa. Además, se mueve a la par que tú, y a veces te sorprende. Uy, no me acordaba de que había metido esta tableta de chocolate Milka, qué bien.  Ey, mi último kleenex, menos mal. Las tiritas, guay. ¿Y este billete de 20?

Encima son buena gente, muy sufridas. Cuando llegas a un sitio la puedes tirar por ahí a lo bestia que no pasa nada.  A veces sirven de almohada.  Seguramente los grandes viajeros podrán contar historias mucho más interesantes acerca de sus mochilas. Porque no solo guardan tus cosas, también todas las aventuras que vives con ellas. Las aventuras que vivirás, porque la mochila siempre está atenta, tirada en ese rincón - ya he dicho que es muy sufrida-, esperando a que la saques de nuevo. Y no, olvídate, con tu maleta de rueditas nunca llegarás tan lejos. Pregúntaselo a Labordeta. 












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