domingo, 31 de julio de 2016

Pintxo Sonoro: Mursego - Cumbia villera de la ciudad armera

Vuelve a por mí

Ven a darme una torta en la cara. ¿Dónde te quedaste? ¿En qué momento nos separamos? No soy consciente, solo veo una evolución (o involución) a través de las fotos. Al menos a veces sirven para algo. Las fotos encienden recuerdos y en ocasiones sirven para reflexionar, para que pares, y digas, ey, yo un día fui así, y no estaba mal. Deja de andar un momento e intenta retrotraerte un pelín para ir en busca de eso que funcionaba. Luego sigue el camino de nuevo, pero llévate contigo aquello bueno que por diversas razones te dejaste atrás. Has ido acumulando de todo, los años te llenan de cosas útiles e inútiles. Es hora de tirar estas últimas. La morralla.  

Amigos, la vida nos arrastra. Sin compasión. Nos arrastra entre ramas, compresas y bolsas de plástico. ¿Algo de esto te sirve? Creo que no. A la mierda.

Vuelve a por mí, yo que molaba. Caminemos juntos hacia adelante. Limpitos y coleando. Hasta la próxima parada.

viernes, 29 de julio de 2016

Ibrica Jusić

Un remanso de paz para la bulliciosa ciudad vieja. Bálsamo para las antiguas paredes que reivindican su historia. Encontré un trozo de Dubrovnik entre tanto souvenir y grupito de turistas. Eran las doce de la noche pero parecía de día. Las luces que se reflejan en la claras paredes de las antiguas fachadas inspiran calma y atemporalidad. El arco bajo el que se cobija Ibrica Jusić, el aire templado de una noche de verano y su música hacen del lugar el escenario perfecto. Creo que no lo hubiera descubierto si no conociera a gente local. Me comentaron que se planta ahí todos los martes y jueves, junto a su perro, una especie de collie negro que se tumba placenteramente a los pies de su dueño para disfrutar tranquilamente de esta atmósfera tan especial. Ibrica nació en Dubrovnik en el año 1944. Toca desde joven este tipo de música folk, tranquila y emotiva. Uno de los géneros folkies que controla es el sevdalinka, proveniente de Bosnia-Herzegovina.

En efecto, el estilo cantautor se lleva mucho por aquí. Son muy de tocar la guitarra y tararear canciones populares. Incluso en el autobús, algún conductor emocionado te planta un disco de canciones tradicionales a todo trapo. Si me las supiera, yo las cantaba. A pesar de lo pastelosas que me suenan, me hacen gracia. Aquí pegan, quedan bien.

Pero Ibrica no es el único que conquista los espacios de la ciudad vieja de Dubrovnik, aunque quizá sí el más conocido. No solo en la calle, las sobremesas o encuentros de amigos y familiares suelen acabar con alguien tocando la guitarra y la gente cantando. Es gracioso porque la persona que menos te esperas se sabe las canciones. Todo esto ambientado por chupitos de rakia, un licor de frutas muy fuerte que se bebe en los Balcanes. O sea, que la exaltación de la amistad y el abrazo inesperado a tu cuñado están servidos.

Ibrica Jusić, según me dijeron, no quiere aplausos, ni calderilla. Quiere que compres su música y disfrutes de ella. De ese todo especial. 

Ojalá su tradición perdure. La resistencia pacífica de la música bien entendida. 

El alma de la ciudad vive escondida en los mejores rincones.



                      

martes, 26 de julio de 2016

Quiero decirte una cosa

Decírtela a ti que me estás leyendo. Decirte que hace seis años abrí un blog, por necesidad de escupir lo que se me aturulla en la cabeza, pero era privado, una especie de diario con pegotes que usaba para desahogarme además de poder guardar cositas de internet que me gustaban. No sé cómo ni por qué di el paso de hacer público mi caos mental. Ahora a veces me da un poco de vergüenza cuando alguien dice que me ha leído, porque cuando escribo no soy consciente (del todo), y creo que mejor así. Mejor así siempre, en todos los aspectos de la vida. Porque cuando empiezas a ser otro por los demás, estás jodido.

En fin, que recomiendo esto de escribir. Y que gracias. Es raro. Pero a veces uno se siente menos solo cuando comparte sus cosas y ve que hay gente ahí detrás que empatiza. Que no somos tan diferentes, joder. También me he dado cuenta del salto abismal que existe entre el lenguaje escrito y el hablado. Entre la persona que se toma una caña contigo y la misma cuando escribe desde la soledad de su habitación. ¿Cuál de las dos eres? ¿Cuánto hay de personaje en ambas? No tengo ni pajolera idea de la respuesta. Pero yo soy muy de creer en los silencios, no sé, creo que ahí está el verdadero alma de cada uno. Qué bonito, ¿no? "Compartir un silencio".

Podemos entrar también en el tema del egocentrismo o del ombliguismo. Tener un blog para airear tu ego. ¿A quién le importa tu vida? Bueno, creo que somos una dicotomía con patas. Yo no sé la verdadera razón de hacer esto, y me da igual, lo hago por necesidad, porque me alivia. Porque dar a los demás un poco de ti, aunque sea por escrito, no viene mal. Abrirse, aunque sea online, aunque después te pongan a parir, pero ahí estas.

Alguien un día me dijo que sacara a la luz lo que hay en mí y que no tuviera miedo de dejarme llevar. Que escribiera. Que no dejara mis cosas dentro, y me lo intento aplicar. Puede que ella fuera el desencadenante. Aquí estoy, tú, wherever you are - Le vent nous portera - . Y seguiré. Por mí y por ti. Por las cosas que vivimos. Por si acaso. Ella sabía lo que decía. Porque es muy jodido para algunos, para mí lo es. Para mí es muy jodido abrirme. Me acojona. ¿A ti no? De esta forma vivimos relaciones superficiales que en el fondo no nos creemos, donde nos falta algo todo el rato.

Quiero decirte que voy a seguir diciendo, a seguir hablando, aunque meta la pata. Llámalo escupir. Sudar, llorar... Hora de ir al baño.

Obviamente la parte fundamental es pasar del escrito al real, y ahí está el abismo. La parte importante es la buena conversación en el cara a cara, el contacto humano, que no se nos olvide. Esto no va de literatura ni de artículos bien argumentados y sin faltas de ortografía. Ahora mismo no. Va de sentimientos, de estar en el mundo y compartir de alguna forma lo que uno es, o le gustaría ser.

Quiero decirte que gracias, que seguimos on the road, a pesar de los batacazos, las abolladuras o los cortes.

A pesar de nosotros mismos.




lunes, 25 de julio de 2016

Recuerda. . .




Tommy de Lapad
25.07.2016


Cositas Pequeñas

Quizá este texto lo escriben mis hormonas, no lo sé. Porque gente, aquí a una rancia le está entrando el instinto maternal, qué se le va a hacer. Creo que estoy un poco harta del viaje sin rumbo, del psicoanálisis frente al espejo. La vida molaría más si tuviera a alguien a quien criar, un pequeñín al que abrirle paso. Criarlo pero a la vez dejarlo libre. Ver su evolución, acompañarle. Que sean lo que quieran, pero que sean felices. Siempre he sido más de perros, pero ahora me empiezo a pasar al otro bando. La vida compartida siempre es mejor. 


Así son, cositas pequeñas, inocentes, flipando con todo, nuevos pasajeros en el mundo. Criaturillas que se dejan hacer, que no saben lo que es la maldad, la bondad o un corazón roto. Personitas que pueden hacer de tu día un teatro improvisado. Si te abstraes y entras en su mundo la vida se ve mucho más fácil, más sencilla, más como un patio en el que jugar.

 A veces, en algunos círculos de gente de mi generación, queda bien eso de decir que puff, qué pereza, tener un niño, con todo lo que implica, que dejas de tener vida, y blabla. Obviamente, hablo desde la ignorancia. Me aterra el momento parto, toda la responsabilidad que conlleva hacerse cargo de una vida. También sé que muchas veces no es viable porque los pequeñines necesitan de tu estabilidad económica (y emocional). Pero creo que a cierta edad ya has tenido tiempo de vivir "tú" vida e imagino que es solo una forma diferente de estar en el mundo, punto. 

Si todo esto no te convence, al menos, alucina como un niño, te irá mejor. Quiere como un niño, vuelve ahí, donde todo estaba por hacer.

sábado, 23 de julio de 2016

El niño que se santigua, la niñas que se besan

Los viajes en autobús dan para muchos estudios sociológicos. Desde que vivo en el pueblo, me veo abocada a cogerlo todos los días, aunque no quiera. Así veo cosas. Veo muchos turistas. Veo mochilas que me atacan, señoras que se encuentran, hombres que sudan. También veo niños que se santiguan y niñas que se besan. 

Lo de santiguarse es algo que me ha llamado poderosamente la atención desde que estoy aquí. Tanto en el autobús como por la calle, mucha gente se santigua al pasar por delante de algún símbolo religioso, ya sea una iglesia o un cuadro de la virgen. Creo que lo hacen de manera automática, sin pensar. No son solo las personas mayores, sino gente de todas las edades. He visto a jóvenes en ese período difícil de la vida llamado pubertad, santiguarse al entrar al Casco Viejo, donde hay una imagen de un santo (eso sí, en este caso concreto vi que lo hacía por lo bajini, como para que no afectara a su reputación)  y también, obviamente, he visto a personas muy mayores. Pero la gente de treinta o de cuarenta tampoco se salva. 

Quizá el gesto no va más allá, pero para mí dice mucho de un lugar. Quizá no sean 100% practicantes, pero la tradición aquí está arraigada hasta la médula. A lo mejor lo hacen como protección ante conjuros, pensando que si dejan de hacerlo les pasará algo malo. Supersticiones y esas cosas. 

Ayer precisamente, en el autobús, coincidieron dos situaciones antagónicas encarnadas en varias personas de la misma edad. A mi izquierda estaba sentado un chico de unos quince años y enfrente había dos chicas de edad similar. Las niñas tenían una actitud bastante cariñosa entre ellas y al despedirse se dieron unos efusivos besos en las mejillas, solo ahí, como por si acaso. Me pareció que el niño de mi lado hizo un comentario al respecto. Una de las niñas se bajó del autobús y los demás seguimos el camino. A los dos minutos vi que el niño se santiguaba porque pasábamos por delante de una iglesia.   

Entonces ahí pensé. Estos niños y niñas tienen 15 años, ¿nada ha cambiado? ¿Esas niñas disimularon porque no podían darse un beso en la boca? No quiero pensar qué hubiera pasado si lo hubieran hecho. A 200 kilómetros de aquí hay una ciudad tirando a grande llamada Split donde hace no mucho se liaron a piedras con a la gente que celebraba el día del Orgullo Gay.

El peso de la religión y la tradición sigue muy presente en Croacia (al menos aquí en el sur). Todavía te preguntan si estás "sola" o casada. Y si no tienes novio a cierta edad eres un bicho raro y ya te están buscando al sobrino de la prima de la vecina para juntarte con él. Son detalles, como el de santiguarse, que pueden parecer chorradas sin importancia, pero creo que no ayudan demasiado ni al progreso ni al desarrollo personal. Porque te censuran y tú mismo te censuras. A lo mejor hay veces que hasta de manera inconsciente. Hay ciertos comportamientos que están mal vistos y tienes que ir por la calle disimulando.

Bien,  quizá no le vea lógica alguna al hecho de que un niño de quince años se santigüe al pasar por una iglesia, pero no por eso lo voy a censurar, no voy a tirarle piedras o a señalarle con el dedo. Pero niñas como las del autobús todavía tienen que andar con cuidado. ¡Andar con cuidado! Tenemos que ir con cuidado por la calle, de fiesta, todos los días, en cualquier lugar. Ahora en Europa más que nunca, que estamos en el punto de mira. Así que no hablo solo de sexualidad, también de "razas", etnias, religión y desviaciones varias.

Detrás de todo esta simbología, de estos  pequeños detalles "sin importancia" se esconden ideas mucho más profundas, formas de ver la vida y valores que chocan entre sí y que no somos capaces de integrar de manera satisfactoria. No somos capaces de conseguir que las diferentes formas de estar en el mundo sean parte de un todo compartido.

Algo no funciona y no lo queremos ver. 





lunes, 18 de julio de 2016

Todo se diluye

"La zona de las rocas, por la parte izquierda, Lapad Beach"

Un día cualquiera 

18.07.2016

Agua salada, Mar Adriático

Cuando te falte, no te olvides








miércoles, 13 de julio de 2016

Vivir en pelotas

¿Qué te pones cuando todos los días, ya a las ocho de la mañana, vives a unos 30 grados sin nubes en el cielo y con una humedad que hace que chorreen todos los pliegues de tu piel? Lo único que quieres es ir con la menor ropa posible. El look es lo de menos. Te la suda, y mucho además. En todos los sentidos. Solo quieres ir en chancletas y camisetas sin mangas. En realidad quieres ir sin parte de arriba, pero me temo que por ahora no está permitido.

El calor te cambia, tus prioridades son otras. Te da igual combinar o no. El cuerpo te pide colores chillones o muy claros, el espíritu dark desaparece y solo quieres beber mojitos. Básicamente las prendas pasan a un segundo o tercer plano. Te atreves incluso a cortarte unos vaqueros largos malamente con unas tijeras cutres, y sales así a la calle. Usas bikinis roídos, los pelillos que crecen por el cuerpo son ya tus amigos.

Lo mejor es que no te precupa. En realidad a nadie. Tus vecinos están igual. En el autobús intuyes la sudoración extrema de hombres en camiseta a través de las manchas de humedad que traspasan su ropa. Tú tienes también tus propios arroyos corporales que intentas disimular al principio pero que luego olvidas para dejarte llevar por el flow.

Imagino que por eso suelen decir que en el norte se viste mejor. El frío es un buen aliado para el estilo. El calor solo saca tu vena más paso-de-todo. Llegas casi al encefalograma plano. A veces hasta pasas de trabajar. En Dubrovnik en verano mucha gente entra a trabajar a las 7 de la mañana y sale a las 15, porque el calor es un rollazo. No sé cómo funcionan entonces en, por ejemplo, Arabia. 

Será cuestión de acostumbrarse. En el fondo me gusta esta idea de "vivir el pelotas". Das menos importancia al cuerpo y a las formas porque solo piensas en no pasar calor. Así ves que no pasa nada, que los michelines son bienvenidos, esa mancha que siempre has tapado ahora debe salir a la superficie si no quieres morir asfixiado. Somos más animales, más naturales.









lunes, 11 de julio de 2016

Zagreb: Hola Europa, hola mundo

Me acabo de dar cuenta de que llevo casi cinco meses aislada. Casi cinco meses en un pueblo. Un pueblo grande, pero pueblo al fin y al cabo. Con su mentalidad de pueblo, sus gentes (de pueblo), y los turistas que vienen  de visita, al pueblo. 

Lo de "pueblo" no lo digo como algo despectivo, sino como algo que se nota, que puede ser objetivamente descrito. Por eso, al salir a Zagreb, a pesar de no ser una megaciudad y de sus 30 grados bien sudorosos bajo el asfalto, una fresca brisa de aire urbano me ha dado en la cara.

Las famosas diferencias norte y sur se notan. Zagreb y Dubrovnik están separados por unos 600 km de distancia que se pasan "volando", y nunca mejor dicho, si vas en avión (45 minutos). Además de estas diferencias geográficas, las culturales también se perciben. A lo mejor no son tan llamativas como las de los "nortes" y los "sures" de otros paises, pero existen. 





He aquí los apuntes, las percepciones, de mi primer viaje -express- a Zagreb:

1. Zagreb es verde, llana y la gente va en bici


Comparada con Dubrovnik, Zagreb tiene la leche de carriles bici que, además, se usan. Aunque si oyes a la gente de la ciudad te dicen que estos carriles son una mierda, pero a mi me llamó la atención. En realidad, es lógico y normal teniendo en cuenta que a diferencia de Dubrovnik, con sus muros de piedra instransitables, Zagreb es una ciudad plana. 






2. Zagreb es joven en serio

Con esto quiero decir que se respira un ambiente "juvenil" y más libre que en Dubrovnik, donde los jóvenes y jóvenas parecen cortados por un mismo patrón. Para eso es la capital, y a donde emigran, antes de saltar a otro país, los chicos y chicas que quieren salir de sus pueblitos croatas.





3. Zagreb es cultura, historia y tiene una herradura gigante

Haber sido parte del imperio austrohúngaro marca, deja huella. En el caso de Zagreb, una huella gigante que es una herradura verde. Así llaman a la forma que hacen vistos en el mapa varios parques y plazas en los que se encuentran algunos de los edificios emblemáticos de la ciudad.




4. En Zagreb les va el  rollo terraceo y los cafés


No sé cómo será en invierno, pero el verano, o te lo tomas con calma y a la fresca, o mueres. En este sentido, sí que he notado un poco esa "pachorra" del sur de Croacia. El "pomalo style" en versión centroeuropea.





5. Zagreb no es para el verano

La gente de Zagreb huye a la costa porque por estas fechas hace mucho calor. De hecho, son también muy de ir a Dubrovnik ("Cuando tú vas, yo vengo de allí..."). Hay también varios lagos urbanos un poco a las afueras y una zona de monte a  media hora - Sljime - donde  escapan en días de calor. Es como para los madrileños ir a La Sierra.




6. Oh, tranvía

Si el centro de Zagreb parece muy tranquilo creo que es porque la carretera está pensada para el uso del tranvía, silencioso a la par que práctico.







7.  Los museos de las ilusiones a veces desilusionan


Para aguantar el calor y pasar un poco el rato decidimos mi compi singapurense del hostal  y yo ir al museo de las ilusiones, que me lo imaginaba como una especie de sitio a lo Alicia en El País de las Maravillas, pero es un museíto con cuatro cosas que brillan más en las fotos. Espejos, efectos ópticos, juegos de lógica... Tienes de todo y te puedes tirar horas intentando montar un rompecabezas, que no es lo mio, así que me desilusionó un poco. Aunque está bien para hacer el idiota un rato.







Como el calor no cesaba y tenía tiempo antes de ir al aeropuerto, decidí pasarme por otro museo, el de las relaciones rotas. Antes de pisar Zagreb había leído sobre él y quería ir, pero una vez en Zagreb me dijeron que no era para tanto.  Saqué una foto desde la entrada y me fui sin entrar a la exposición. Tuve una sesanción de... "menudo postureo todo", no sé. Aunque lo peta internacionalmente y la idea la están ya imitando otras ciudades. Es así como algo "guay"... (Parte de esta sociedad del "yoismo" extremo y los dramas primermundistas).






8. Ljetu na Stross

O lo que es lo mismo, "verano en Stross". Stross viene de Strossmayer, que es como se llama el paseo donde, de mayo a septiembre, cualquier día que vayas, hay música en vivo, teatro y mogollón de actividades entre casetas para pedir bebida  y bancos para sentarse a emborracharse. Está en la parte alta de la ciudad, detrás del funicular, y tiene su encanto.





9. Túnel Segunda Guerra Mundial ( ? )

Este túnel inmenso lo encontré por casualidad al dar una vuelta por los alrededores del hostel. Vi que entraba gente y me decidí a pasar, pero todavía no me queda clara cuál es su historia. Pregunté a una chica de Zagreb y me dijo que lo habían abierto hace poco. Como en todo lugar, turistas are coming y hay que darles chicha.




10. El funicular

Este funicular que tendrá no mas de 30 metros, conecta la parte baja con la parte alta, pero diría que lo mantienen más como símbolo que como algo práctico. Aun así, está guay.



11. Arte callejero

La ballena voladora se encuentra también en un edificio de la parte alta que ahora está cerrado y no recuerdo el nombre. Me gustó mucho. Para verla entera y decentemente tienes que pillar una buena perspectiva. En Zagreb creo que puedes encontrar fácilmente lugares así, graffitis, etc.




12. Jardín botánico


Es pequeño pero muy mono. No hay que pagar para entrar - no estoy segura de si en los demás del mundo mundial tampoco - y merece la pena perderse por él un rato. Atención sobre todo a los do's - lo que está permitido hacer - dentro del jardín (foto 2).






13. Los edificios emblemáticos que "hay que ver"


Iglesia de San Marco



Teatro Nacional de Croacia 



La catedral y la torre de la derecha

(Además de otros muchos de los que no saqué fotos y tampoco sé su nombre. Ya he dicho que la visita fue express. La próxima me lo empollo mejor).

En general, y para terminar, diré que Zagreb me ha gustado. La verdad es que me gustan este tipo de ciudades abarcables, que son grandes pero no (Tendrá alrededor de 1.000.000 de habitantes). Ciudades en las que tienes de todo pero no te agobian, ni los ciudadanos viven extremadamente agobiados. Otra de esas ciudades escondidas de Europa que merece la pena conocer.

Vidimo se, Zagreb!



Juego de Tronados


Zračna luka Dubrovnik, 8.7.2016