lunes, 25 de julio de 2016

Cositas Pequeñas

Quizá este texto lo escriben mis hormonas, no lo sé. Porque gente, aquí a una rancia le está entrando el instinto maternal, qué se le va a hacer. Creo que estoy un poco harta del viaje sin rumbo, del psicoanálisis frente al espejo. La vida molaría más si tuviera a alguien a quien criar, un pequeñín al que abrirle paso. Criarlo pero a la vez dejarlo libre. Ver su evolución, acompañarle. Que sean lo que quieran, pero que sean felices. Siempre he sido más de perros, pero ahora me empiezo a pasar al otro bando. La vida compartida siempre es mejor. 


Así son, cositas pequeñas, inocentes, flipando con todo, nuevos pasajeros en el mundo. Criaturillas que se dejan hacer, que no saben lo que es la maldad, la bondad o un corazón roto. Personitas que pueden hacer de tu día un teatro improvisado. Si te abstraes y entras en su mundo la vida se ve mucho más fácil, más sencilla, más como un patio en el que jugar.

 A veces, en algunos círculos de gente de mi generación, queda bien eso de decir que puff, qué pereza, tener un niño, con todo lo que implica, que dejas de tener vida, y blabla. Obviamente, hablo desde la ignorancia. Me aterra el momento parto, toda la responsabilidad que conlleva hacerse cargo de una vida. También sé que muchas veces no es viable porque los pequeñines necesitan de tu estabilidad económica (y emocional). Pero creo que a cierta edad ya has tenido tiempo de vivir "tú" vida e imagino que es solo una forma diferente de estar en el mundo, punto. 

Si todo esto no te convence, al menos, alucina como un niño, te irá mejor. Quiere como un niño, vuelve ahí, donde todo estaba por hacer.

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