sábado, 23 de julio de 2016

El niño que se santigua, la niñas que se besan

Los viajes en autobús dan para muchos estudios sociológicos. Desde que vivo en el pueblo, me veo abocada a cogerlo todos los días, aunque no quiera. Así veo cosas. Veo muchos turistas. Veo mochilas que me atacan, señoras que se encuentran, hombres que sudan. También veo niños que se santiguan y niñas que se besan. 

Lo de santiguarse es algo que me ha llamado poderosamente la atención desde que estoy aquí. Tanto en el autobús como por la calle, mucha gente se santigua al pasar por delante de algún símbolo religioso, ya sea una iglesia o un cuadro de la virgen. Creo que lo hacen de manera automática, sin pensar. No son solo las personas mayores, sino gente de todas las edades. He visto a jóvenes en ese período difícil de la vida llamado pubertad, santiguarse al entrar al Casco Viejo, donde hay una imagen de un santo (eso sí, en este caso concreto vi que lo hacía por lo bajini, como para que no afectara a su reputación)  y también, obviamente, he visto a personas muy mayores. Pero la gente de treinta o de cuarenta tampoco se salva. 

Quizá el gesto no va más allá, pero para mí dice mucho de un lugar. Quizá no sean 100% practicantes, pero la tradición aquí está arraigada hasta la médula. A lo mejor lo hacen como protección ante conjuros, pensando que si dejan de hacerlo les pasará algo malo. Supersticiones y esas cosas. 

Ayer precisamente, en el autobús, coincidieron dos situaciones antagónicas encarnadas en varias personas de la misma edad. A mi izquierda estaba sentado un chico de unos quince años y enfrente había dos chicas de edad similar. Las niñas tenían una actitud bastante cariñosa entre ellas y al despedirse se dieron unos efusivos besos en las mejillas, solo ahí, como por si acaso. Me pareció que el niño de mi lado hizo un comentario al respecto. Una de las niñas se bajó del autobús y los demás seguimos el camino. A los dos minutos vi que el niño se santiguaba porque pasábamos por delante de una iglesia.   

Entonces ahí pensé. Estos niños y niñas tienen 15 años, ¿nada ha cambiado? ¿Esas niñas disimularon porque no podían darse un beso en la boca? No quiero pensar qué hubiera pasado si lo hubieran hecho. A 200 kilómetros de aquí hay una ciudad tirando a grande llamada Split donde hace no mucho se liaron a piedras con a la gente que celebraba el día del Orgullo Gay.

El peso de la religión y la tradición sigue muy presente en Croacia (al menos aquí en el sur). Todavía te preguntan si estás "sola" o casada. Y si no tienes novio a cierta edad eres un bicho raro y ya te están buscando al sobrino de la prima de la vecina para juntarte con él. Son detalles, como el de santiguarse, que pueden parecer chorradas sin importancia, pero creo que no ayudan demasiado ni al progreso ni al desarrollo personal. Porque te censuran y tú mismo te censuras. A lo mejor hay veces que hasta de manera inconsciente. Hay ciertos comportamientos que están mal vistos y tienes que ir por la calle disimulando.

Bien,  quizá no le vea lógica alguna al hecho de que un niño de quince años se santigüe al pasar por una iglesia, pero no por eso lo voy a censurar, no voy a tirarle piedras o a señalarle con el dedo. Pero niñas como las del autobús todavía tienen que andar con cuidado. ¡Andar con cuidado! Tenemos que ir con cuidado por la calle, de fiesta, todos los días, en cualquier lugar. Ahora en Europa más que nunca, que estamos en el punto de mira. Así que no hablo solo de sexualidad, también de "razas", etnias, religión y desviaciones varias.

Detrás de todo esta simbología, de estos  pequeños detalles "sin importancia" se esconden ideas mucho más profundas, formas de ver la vida y valores que chocan entre sí y que no somos capaces de integrar de manera satisfactoria. No somos capaces de conseguir que las diferentes formas de estar en el mundo sean parte de un todo compartido.

Algo no funciona y no lo queremos ver. 





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