lunes, 5 de septiembre de 2016

Belgrado .

Belgrado ha sido la resaca definitiva. La guinda del pastel. El cierre o la apertura. Escribo esto habiendo dormido solo dos horas, recién aterrizada de vuelta, tan zombie que todo me parece genial.

A mi ida no estaba nada segura de mi decisión. Eso de que te envalentonas, compras un billete un mes antes y cuando llega el día te entra el canguelo o la pereza y te dices, ¿en qué momento se me ocurrió?  Un fin de semana sola en Belgrado. Pero este nombre vibraba hacía tiempo en mi cabeza. Así que adelante. Había que ir. Gracias, intuición.

¿Qué tiene esta ciudad?


Vamos a ver.



["El Toit et moi" de Belgrado es un poco como el "Bonjour Tristesse" de Berlín]


Belgrado es como la hermana de Berlín en los Balcanes. A esta ciudad, la capital de Serbia, le han dado palos por todos los lados en todas las épocas. Por eso es más bien hosca y fea. Muy del este. Comunista. Está llena de edificios toscos, grises y cuadrados. Ha sido destruída y reconstruída innumerables veces. Conquistada, reconquistada, invadida, bombardeada.

Hago un inciso para comentar que su nombre significa en eslavo "Ciudad Blanca" o "Muralla Blanca", por el color de la piedra de dicha fortaleza, que era lo primero que se veía al llegar en barco a la ciudad. Pero más que blanca, Belgrado es gris y horrenda. Sigue siendo muy soviética, todo está escrito en cirílico (a pesar de que cada vez se ven más carteles escritos también en alfabeto latino).



["I wish I was the verb 'to trust' and never let you down" + Pablo Picasso. En la fachada]


[Los tranvías molan]



Es una ciudad muy barata (el nivel de vida es bastante bajo) que se ha convertido en lugar de destino de jóvenes con ganas de fiesta. Que la hay, y mucha. Eso me lo comentaba una profesora de español originaria de Belgrado con la que me topé en un restaurante de comida china para llevar (las cosas del viajar). Se notaba que quería sugerirme lugares para ver, pero decía un poco con pena que Belgrado era la "Tailandia europea", una ciudad enfocada en la fiesta barata. Un sitio en el que hay museos muy importantes que llevan cerrados diez años. Y se avergonzaba. No sabía qué enseñarme más alla de Kalemegdan (lugar del que luego hablaré) y un par de museos (abiertos) . Quizá porque se le veía una enamorada de España y en comparación su ciudad no salía muy bien parada. En fin, que nos dijimos adiós como en el programa  "Españoles por el mundo". La cámara alejándose, y la profesora cada vez más pequeña, en este caso despidiéndose con un "besitos, que te vaya todo muy bien".  (Estas son las cosas que me ponen triste del viajar, esas personas que aparecen en tu vida durante breves instantes, te iluminan, conectas y sabes que probablemente nunca más).



[Inesperados bares "monos"]


Digo que Belgrado es un poco Berlín hace años atrás por su decadencia, sus innumerables ataques y la forma que está teniendo de salir de ello. Después de toda crisis o catástrofe llega un momento de renacimiento, o al menos, llega ese momento en el que se ven brotecitos de nueva vida, aunque no vaya a más. Esto pasa en Belgrado.  Edificios destartalados se mezclan con bares cuquis de reciente apertura. Gente de fuera se instala en la ciudad, debido a lo económico del asunto, y se ven galerías de arte y tiendas de alto standing, mezcladas con sitios de kebap y boutiques estilo Yugoslavia años 80.  Aunque políticamente Serbia y Alemania no están al mismo nivel, así que el contexto es en realidad diferente.


[Balkan way of life]

Como hice con mi viaje a Zagreb, aquí van algunos apuntes de mi fin de semana en Belgrado:

  • Miedito" en los suburbios


Ir del aeropuerto al centro en autobús cuesta unos 150 dinares, o lo que es lo mismo, 1.22 euros. Sí, me pasó que fui a sacar dinares a un cajero, un poco empanada con el cambio, y saqué 1000 dinares pensando que sería una cantidad aceptable. Estaba sacando 8 euros.

Diré que viendo las afueras de Belgrado no me sentí muy segura. Seguramente sean mis prejuicios. Ese aire entre gypsy y soviético, tan poco actual y abandonado, no inspira demasiada confianza al acomodado occidental.


[To'a "loki"]

  • El hostel , la clave


Tengo que decir que este viaje no habría sido igual si no hubiera conocido a la gente que he conocido en el hostel donde me hospedaba. Durmiendo en una habitación de hotel, la experiencia hubiera sido diferente. Lo más curioso es sentir esa sensación de comunidad casi instantánea entre desconocidos que viajan solos. Porque sí, diría que el 95% de los que estábamos alojados en el hostel estábamos de ruta sin acompañante, cada uno con su aventura personal. También es verdad que algunos de estos sitios te lo ponen todo tan fácil y acogedor que el viaje puede convertirse en un Gran Hermano, donde vives las 24 horas dentro del alojamiento, con la misma gente y lo único que ves es una montaña de cervezas locales encima de una mesa.



  • Kalemegdan

Fue el primer sitio que visité, y el que más me ha gustado. Vi el atardecer desde lo alto de las murallas, en la zona que da a la confluencia del río Sava y el gran Danubio. Enfrente hay una isla en la que no se puede construir en la que viven unas treinta personas en unas casitas de madera. Solo se puede acceder si algún barco de pescadores se enrrolla.

Kalemegdan fue una ciudad fortaleza, también destruída y recontruída innumerables veces por diferentes imperios. Hoy en día es un parque enorme donde la gente va a pasar el día, beber, o quedar para ver románticos atardeceres con el acompañamiento de la guitarra de algún cantante callejero. Enfrente del río pueden verse unas pequeñas construcciones semiflotantes, en la orilla, que de noche se convierten en ruidosos y luminosos clubs de fiesta.

[Una de las zonas de las murallas estaba repleta de mosaicos con animales, como este. Hola, Garfield]





[Kalemegdan por dentro es como un pueblo medieval]
                                         

[Enorme y bonito]
                           

[Atardecer desde arriba]

[Gente viendo el atardecer desde arriba]

[Gente que se casa y quiere fotos con el atardecer, desde arriba]
                           



   
  • Free walking tours
Estos tours los puedes encontrar en la mayoría de las grandes ciudades. En este caso se organizaba uno desde el propio hostel. Está bien para hacerse una idea general de la ciudad si no se tiene demasiado tiempo. Además, los guías suelen ser muy simpáticos y agradables ya que su sueldo depende de cuánto se lo trabajen. Se les llama "free" walking tours pero como digo, gratis no son, ya que al final acabas dándole al guía algo de dinero en base a cuánto te haya gustado. A mí me gustó mucho. Paramos en una panadería y la guía compró burek (un pastel típico de Bosnia que se come en todos los Balcanes) para que probarámos y acabamos sentados en Kalemegdan tomando chupitos de rakia.


[El arte nos salva del gris]

[Arte - y basura - callejeros]

[Es valiente ser vegano en Serbia]


[Oh, really?]


  • Museos
Dos de los más visitados son el de Nikola Tesla, dedicado a este famoso científio serbio y el museo sobre la historia de Yugoslavia. Confieso que no vi ninguno de los dos. Llama la atención que todavía no se hable demasiado sobre lo que pasó hace 30 años. Los museos sobre historia deben de tratar la historia, según me han dicho, ignorando bastante los acontecimientos más recientes. Creo que todavía es una herida abierta.


[En realidad esto es la embajada de Francia]



  • Serbia en las alturas
Increíble. Los chicos y las chicas son extremadamente altos por estas tierras. Mucho.


[Charla casual entre un señor vestido con un traje tradicional y un chico que pasaba por ahí]

  • Fiesta
El objetivo principal de muchos de los que aterrizan por aquí. Llama la atención porque la música en los locales se pone hacia fuera y se mezcla la de unos con otros, creando un ambiente curioso y loco. 

    • Festival Apgrade 
Es un festival de electrónica que se organizaba este fin de semana de septiembre dentro de Kalemegdan, entre las murallas, y estuvo muy bien. No está de más cuando uno aterriza en una ciudad desconocida ver qué es lo que se cuece por ahí esos días. Nunca sabes con qué podrás sorprenderte. Yo lo hice con esto. De ahí mi resaca.
   


               


Sé que la ciudad es enorme y no he visto ni la mitad de la mitad. No llegué a Nuevo Belgrado, el barrio creado en la época comunista repleto de edificios gigantescos de hormigón. Todos iguales, uno tras otro. Hubiera sido interesante pero no tenía tiempo. A pesar de haber sido una visita fugaz, me llevo un buen sabor de boca de esta pequeña pincelada. 

Balcanes, me habéis convencido.

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