viernes, 30 de septiembre de 2016

Nunca vuelves igual

De ningún sitio ni persona. Creamos y destruimos conexiones neuronales todo el rato. Imagínate con los cambios constantes, las idas y venidas, esos países y ciudades por los que te pasas de vez en cuando. La vida marca. Nos estamos haciendo y rehaciendo sin darnos cuenta, cada dos por tres. Cualquier vivencia, por pequeña que sea, se te va a quedar pegada como una mota de polvo, invisible, hasta que acumulas, y entonces, estornudas. 

He vuelto y soy yo pero ya no soy la que era antes. O sí, pero con añadidos y sustracciones. Nuevos olores, imágenes, sabores, acentos, gente, se han quedado ahí. El filtro de la existencia se modifica con las nuevas experiencias. Los cristales de las gafas cambian de color. Paseo por mi ciudad y ya no la veo como la dejé. Ella ha cambiado y yo también. Percibo diferente. Hay tantos matices... El mundo es tan jodidamente grande y yo no he visto nada. 

Todavía.




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