lunes, 12 de septiembre de 2016

Oye perdona, ¿eres de aquí?

Creo que sí. Supongo. Asiento, sonrío. Y no tengo ni pajolera idea de la respuesta la mitad de las veces. En ocasiones, demasiado confiada, indico algún lugar de manera errónea. Genial. Me doy cuenta tarde. 

No sé si es por la empanada que llevo, pero creo que nunca antes me habían hecho la pregunta "Oye perdona, ¿eres de aquí?" tantas veces en tan poco tiempo.

Cuando me lo dicen, tiemblo. A ver, ¿qué buscáis ahora? La gente pone toda su confianza en ti, que para eso eres de aquí y te lo sabes. Pero muchas veces no te lo sabes. Lo siento. 

¿Me preguntan eso porque no parezco de aquí o por todo lo contrario? Quizá soy su último recurso porque ya no queda nadie "de aquí" a quien poder asaltar por la calle, así, a lo loco, sin avisar.  

Es raro. 

Turistas por doquier. No matter where. Un día estás aquí y mañana vete. De hecho me siento una guiri en mi propia ciudad - bueno, que no es mía, diré mejor, la ciudad en la que nací - , así que la pregunta me viene grande. Ya no sé qué es ser de aquí o de allí. Aunque en parte me hace ilusión, presumir de lugar. Ser de aquí mola. Aunque todo sea parte del azar, de la casualidad. De una situación política, un enfado repentino o un billete barato. Si fuera por genes respondería rotundamente que no, no soy de aquí. Si fuera por mi nombre tampoco. Si fuera por mi constante desapego, mi incultura o mi automático renegar de las tradiciones, menos.

Pero es que cuando me lo preguntan, me hincho. Una se viene arriba.

"Sí, soy de aquí. ¿Qué quieres saber? Dime".



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