lunes, 24 de octubre de 2016

Vivir en el extranjero vs. Viajar al extranjero

Vivir en el extranjero

La idea parece tentadora. Sobre todo cuando viajas a algún lugar y te fascina. Imagina vivir aquí, piensas. Es el sueño de alguno y, por suerte o por desgracia, la realidad de muchos. Primero suena a aventura, grandes comienzos y expectativas arrolladoras. Después, todo se normaliza, o se va a la mierda. O te quedas y tienes niños. Cualquier cosa puede pasar. Pero cualquier cosa dentro de tus rutinas, que se parecen a las que tenías en "casa". Sin serlo. A lo mejor con el tiempo. Pero ahí está la gran falla, el agujero: no es tu casa. Sí, pero la tierra es la tierra y cada oveja en su rebaño. 

No hay más que ver Callejeros Viajeros. Gente que vive fuera, que te enseña su pedazo choza, sus niños, su estiloso marido finlandés al que conoció en Thailandia, el trabajo de su vida. Pero cuando la periodista pregunta si les gustaría algún día volver, la mayoría dice que sí. No saben ni cómo ni cuando, pero la nostalgia, las raíces, el calor del primer hogar, son demasiado fuertes la mayoría de las veces como para ignorarlos.  Aunque vivas en un ático en Manhattan o en Islandia viendo atardeceres de película, normalmente acabas echando de menos el bar de siempre, a tus amigos y las conversaciones alrededor de una caña.

No sé cuántos años tienen que pasar para que tu casa deje de ser tu casa. Para que uno deje de ser guiri en ese nuevo lugar de residencia. A mí todavía no me ha pasado. 

Vivir en el extranjero es tener un pie dentro y otro fuera. Flotar sin saberlo. Un esfuerzo, reinventarse. Un quiero y no puedo. Vivir en el extranjero es ponerse a prueba, quitarse una capa y ponerse otra. Vivir sin parapeto. Puede ser una putada o la mejor experiencia del mundo. ¿Tu casa? Quizá. Ni idea.





Viajar al extranjero

Genial. Viajar es desconectar, pero por un rato. Conoces a medias, quedándote con lo bueno. Esto es así en parte también porque sabes que vas a volver. Es una aventura que se queda ahí, sin llegar a la rutina. También es una experiencia más superficial. La seguridad de la vuelta y la poca incertidumbre hacen del viajar una desconexión necesaria.

Yo quiero viajar y mucho. Vivir viajando, al margen de la rutina que te come.  Y quiero mi casa. Ser nómada por necesidad es una putada.







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