sábado, 12 de noviembre de 2016

Ponerlas pa ná'

Hablo de la iluminación navideña. La que yo he visto hasta ahora es cutre de casi llorar. Como esos kits de belleza (champú, crema hidratante, sales de baño y colonia sepultados bajo plástico y papel de colores) que regalas a tu tía abuela a última hora justo antes de que cierren el IF que hay debajo de tu casa. Es decir, como esos regalos que haces porque toca. Sin pasión, sin espíritu, con cero empatía. Por compromiso, porque ya vuelve la Navidad. Y el cumple de tu tía abuela.

Más que ilusión da pena. Para hacerlo así, tan ni fu ni fá, mejor dejarlo, ¿no? Las luces de Navidad a veces son como esa ilusión de lo que podría llegar a ser pero no es. Como un payaso triste en una fiesta de cumpleaños o un Chanel de imitación. Ser sin serlo no mola. Hacerlo por hacer, pa'ná, es tontería. Además de un gasto innecesario. Como los regalos frustrados o los flyers que van del repartidor a tu mano y de tu mano a la basura. 

Otro hecho digno de mencionar es el diseño de tan elegantes alumbrados. Antes quizá eran igual de tristes pero al menos identificabas los símbolos navideños. Ahora lo que nos va es la abstracción, no vaya a ser que alguien se indigne por ver a un Papa Noel y no al Olentzero o que crea que las estrellas son  símbolos extremadamente religiosos. Así que ni pa ti ni pa mí, ponemos unas bombillas de colores y que cada cual piense lo que quiera. A lo loco. ¡Que viva la Navidad!

La ilusión es de plástico y se fabrica en China.



Iluminación navideña que representa claramente a la mujer de Olentzero

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