sábado, 18 de febrero de 2017

La rutina

Giacomo Balla - Dinamismo de un perro con correa (1912)
Cuando ves que sales todos los días de casa a las 9 y 17 para coger el autobús que siempre llega a esa parada a las 9 y 29 justo después de que  aquel semáforo vuelva a ponerse en verde te dices, ¡eh! PARA. Aunque te has dado cuenta de churro, que la mayoría de las veces ese "para" llega tarde, o no llega, o nunca te das cuenta. "Pararses" hay muchos, está bien detectar al menos algunos, da igual lo estúpidos que parezcan.

Paras, y te calmas. Decides llegar tarde a propósito, o sin él. Pero no quieres correr. Te mereces incluso pasar un día en la cama porque sí, pero solo te das 20 minutos más de goce matutino, chute vital.

No quieres buscar excusas, hoy es tu día de saborear el té, o hacerte un café de los buenos, nada de torrefacto. Es el día de tomarte una birra por la tarde, entre semana, o un chupito de tequila, o dos. El día de sentarte en un banco a observar aquello que  normalmente ignoras. El día de mirar a los ojos de la gente y encontrar alguna señal. Porque vamos tristes y a toda hostia por la vida.

La rutina te pilla aquí y en la Conchinchina. Da igual que quieras irte a Kuala Lumpur, ella tarde o temprano se plantará ahí, sigilosa, invisible. ¿Qué hacer para deshacerte de su sombra?

Suelo tener presente una frase de Julio Cortázar que me gusta mucho: "Solo viviendo absurdamente se podría romper alguna vez este absurdo infinito".  Tenerla en mente, la frase, la tengo, pero no le hago demasiado caso. Se necesitan chutes de absurdez y locura con más frecuencia.

Viajes locos, gente "loca". Lo nuevo, el cambio. Shake it! Vive absurdo, sé absurdo.

Por tu bien.




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