sábado, 11 de marzo de 2017

De la paz, la luz

Tu paz. Cuando las piezas encajan, cuando no quieres escapar, cuando salir a la calle es sentir un fogonazo dentro de ti. Que miras a los ojos de la gente y algunos hasta te responden, cómplices. Los serenos, los de tu frecuencia, incluso te sonríen, o te abordan con frases fuera de contexto pero que entiendes perfectamente.

Los otros, sin un yo sano, no son posibles. No estás solo. Somos solos. Pensado así todo es mucho más simple, lógico y normal. Puede sonar a milonga budista, pero piénsalo desde la practicidad, desde qué es mejor para ti. Por ti y para ti.

Seguramente eso que es mejor para ti va a acabar siendo mejor para los demás. Cuídate mucho. No salgas fuera sin ordenar lo de dentro. Para que se cure a veces tiene que doler. Salta.

Es esa paz después de haber hecho deporte o llegar al orgasmo, esa cara de tonto y placer sereno que te lleva ligero por la vida.

Se puede. Echándole huevos. No es cosa de un día. Puede que haya gente que venga así de serie, pero otros se lo van a tener que currar. "El dolor es inevitable, pero el sufrimiento es opcional". ¿De qué vamos? ¿Qué nos creemos?

Puede que también suene muy místico ( o "fiu fiu", como diría alguien que yo me sé...) el tema de las energías, pero en parte, yo me lo creo, o al menos, las siento y las percibo. Las energías de los demás. Hay personas que tienen luz y otras que sientes llenas de oscuros. Infinitos matices.

De hecho, creo que estando en paz se transmite luz. Cuando el cerebro de alguien anda en guerra se sienten los cortocircuitos, mejor no acercarte o huir despavorido.

Lo bueno es que todo esto se puede modular. El feng shui personal es posible.

"Ama, ama y ensancha el alma".

Ah, y enciende la luz.





No hay comentarios:

Publicar un comentario