sábado, 19 de agosto de 2017

Tote Bags

El bolso no bolso, una telita. Unisex. Multiusos y llena de mensajes. Los del Eroski compiten con los del Festival de Cine Experimental de Bogotá. 

Tengo alguna sí, pero hay quien las luce cual bolso de Hermès. Quizá la del Eroski menos que la del Festival, pero ahí están, paseándose orgullosas como un lienzo en movimiento. 

Recalco lo de unisex porque es un accesorio que he visto llevar bastante dentro del sector masculino, como si una tote fuera aceptable pero un bolso no.  

¿Qué tienen para conquistar almas de esa manera?

Umm... 

Bueno, un punto a su favor es su precio, o directamente su gratuidad. Puedes tener muchas por nada. A por el pan vas con la que te han regalado en la frutería y ya para la inauguración de la performance utilizas una de aquel grupo garajero en el que tocaba el colega de un colega. O si no, la que compraste en aquella ciudad de Europa del Este cuando estuviste becado como acuarelista. O, por qué no, te plantas con la del Festival de Bogotá.

Otro punto positivo de estas telas es que se doblan, y mucho. Así, en un momento dado puedes meterla en tu bolso Hermès. ¿Que te acercas al Festival de Cine Experimental de Bogotá? Pues metes tu Hermès en la tote bag.

Estos saquitos tienen, además, el tamaño ideal para guardar el guión de tu próxima película o la carpeta con los papeles de la herencia de una tía segunda. También te entran el Mac y la Jot Down

La Tote destila arte y sofisticación. Totero, aunque uno las consiga regaladas en el súper, no puede ser cualquiera. 

Totero se nace, no se hace. 

Una tote guapa guapa

lunes, 14 de agosto de 2017

sábado, 12 de agosto de 2017

Aires, ¿díganme?

Vientos y huracanes. Del norte, sur, este, o este, o aquel. Corrientes (circulares y en el tiempo). Quiero decir, que vienen y que van. O sea, que a veces parece que corremos en esas rueditas de hámster, dentro de una urna, como si no hubiera más opción. Como si no conociéramos más. Hasta que vuelve a sonar el teléfono. No, pero qué digo, hasta que te llega un WhatsApp de un móvil desconocido que dice lo siguiente: Maripili, ¿sigues por Barrioalto de la Frontera de Atrás? Y tú: Perdona, pero no tengo tu número. ¿Quién eres? Y número desconocido responde: ¡Maripili! Soy Jacinta, de nuestros años dorados en Sri Lanka. 

Joder Jacinta. Cierto, viví esos años, en ese lugar y con esa gente. Me pasó todo eso que me recuerdas. ¿Cómo lo he podido olvidar? Este café me sabe a gloria, a un pasado muy presente, de repente. Esa fui yo esos días. Y yo pensando que mi vida era completamente anodina. Que puede que en este momento lo sea, o lo parezca. Pero ¡eh! Que no, que no. Jacinta, tienes razón. Nuestras historias se merecen varias temporadas en Netflix. Todo eso queda ahí, no se ha ido, lo guardan mi memoria y la tuya. Esa película sin rodar. ¿Y sabes? Esto que te pasa ahora mismo es digno de narrar también.

Llámalo vientos, llámalo mareas, llámalo X. Yo diré vida. Yo diré personas que no ves en dos años y que cuando vuelven te traen su presente y vuestro pasado compartido. Te traen las historias que tenías olvidadas, llenas de polvo y telarañas. Te muestran sin querer a esa persona que eras, que te has dejado por algún lado y que intuyes que aunque escondida, no se ha esfumado del todo.

Bocanadas de aire. Mensajeros. No eres un hámster y esa ruedita está demasiado gastada. Gentecilla que aparece y desaparece, que está sin estar. Que cuando están te abren todas las ventanas de golpe, casi rompiendo el cristal.

Se genera corriente, no sé si circular y en el tiempo, pero sí como una bofetada de aire fresco en una habitación que llevaba tiempo cerrada.








sábado, 5 de agosto de 2017

Sobre la gente

Te pueden dar el cielo o directamente llevarte al infierno. 

Como muñecas rusas o caleidoscopios. A algunos les "pone". Estar con gente les proporciona el chute de energía necesario. Buenrolleros, sociales, guiñaojos. Otros, sin embargo, lo forzamos. Nos exponemos por necesidad. Lidiamos. Porque no queda otra, porque en realidad pensamos que nos hace bien. Más que un disfrutar, esa relación con las personas significa una lucha constante.  Es complejo. A veces no tanto, cuando las elegimos y nos gustan. Sin embargo, hay tantas personas que no... 

Trabajar de cara al público confirma mis sospechas: la peña se droga. Es increíble lo diferentes que podemos llegar a ser y al mismo tiempo, tan iguales. La vida es un absurdo constante, y cuando te "enfrentas" a personas que te aparecen así, sin elegir, que pasaban por ahí, se ve todavía más claro. 

Normalidades que tú consideras rarezas, gustos dispares, energías que chocan. Todo ello crea un desgaste invisible pero absoluto. Sin solución, un Windows contra Apple. 

Que todos lloramos, reímos, nos sentimos queridos, heridos, lo que sea. Pero cada uno a su modo, dentro de su capa, de su minimundo. Orbitan planetas donde se hablan lenguajes irreconciliables. ¿O quizá no? ¿Puede que se entiendan a través del abrazo, el beso, o el silencio? No hay tanto tiempo para comprobarlo con todos. Sí con algunos. Hagamos terapia.

Somos tonalidad, matiz, contraste. Debemos serlo. Yo me entiendo, o me confundo del todo, cuando me pongo delante del otro. Nos entendemos o confundimos en contraposición. A veces como un espejo en el que no nos queremos mirar. 

El caso es que luego, cuando se apagan las luces, se sube el telón y comienza la música, cualquier barrera anterior se difumina. Desaparece el contraste y la señora pide un kleenex al niño mientras el marido se aguanta las lágrimas.

Películas que nos unen, vidas, mentes complejas y enredadas, que nos separan.