jueves, 1 de febrero de 2018

Tengo miedo

Tengo miedo, luego existo. Existo. ¿Luego vivo? Tengo miedo. Bueno, ahora no. El miedo está por ahí, agazapado, esperando a saltar en el momento más inesperado.

 Tengo miedo.

¿Qué hacer con ello? Es fuerte esto del miedo. Verbalizarlo es un paso. Da miedo el miedo.

Haz una prueba: vete hacia un espejo, mírate
y dilo en alto:

TENGO MIEDO

Acojona.

Porque lo tienes. Porque el miedo consigue que hagas, o más bien y sobre todo, que dejes de hacer cantidad de cosas, que las hagas al revés, que hable un monstruo ajeno a ti pero que llevas dentro y no te cae muy bien.

Por el miedo te excusas, no llamas, dejas de saludar, te atas a a la rutina.

Aguantas.

El miedo te separa, o te junta demasiado.

No respiras. Zombi callejero.

Aunque también puede ser el resorte que te lance al otro lado. El miedo convertido en energía repentina, bruscamente liberada.

¿Qué seríamos sin él (ello o lo que sea)? ¿Quién habla cuando hablas (o escribes)? El miedo controla gran parte de nuestro mecanismo, aunque lo obviamos, vivimos mejor ignorándolo.

No estés con miedo, estáte de miedo.

Tengo miedo, pero también tengo medio. Medios.

Tengo medios para frenar los miedos. Tenemos medios. Hay que saber cómo jugarlos, mezclar y equilibrar.

Medio miedo medio audacia.

Osadía, estás entre medio del miedo.

Vete hacia el espejo, mírate y dilo en alto:

Tengo medio.

Remedio.

Contra el remiedo.