viernes, 3 de junio de 2016

Pitzaduretan loratzen*


somos grietas que se forman en la pared que construisteis
respirando por las fisuras
floreciendo entre las hendiduras*
revolución natural



Hoy me he levantado y al abrir la puerta de la terraza lo he visto claro. Vuelve la luz. Estos meses han sido más bien oscuros, no lo digo por la lluvia. Me he desestabilizado bastante a nivel emocional. Cuando no te puedes agarrar a nada y encima hay algo que no va bien, caes en picado, entre un mar de nubes negras. 

Hay días en los que tu cabeza te hace creer que permanecerás en ese estado para siempre. Lloras. A veces crees que con motivo, otras porque sí. Hasta que un día te das cuenta de que te estás haciendo daño a ti mismo sin ninguna razón. De que hay maneras. De que a veces la cabeza necesita su tiempo de ajuste, como cuando te haces un esguince. Todo pasa. Hay esperanza.

Lo he sentido al abrir la puerta de la terraza del que va a ser mi nuevo hogar por al menos tres meses. Vistas al campo, los árboles que se enredan, el verdor. El frescor de la tierra, los pájaros. Ese sol dándote una hostia en la cara. Desayunar con ese paisaje, al aire libre. Aprovechemos esos momentos que nos da el día y vivamos vacaciones de un minuto.  Asumamos el fluir de la vida. La naturaleza enmarañada contra la que no puedes luchar, mejor así. No debes hacerlo. Las cosas pasan por alguna razón. El sufrimiento viene cuando nos aferramos a lo que quisiéramos que fuera y no aceptamos lo que es. Cuando cortamos el árbol para adaptarlo a nuestro camino y no dejamos que la vida explote salvaje y libre ante nosotros.

El control, el jodido control. No es natural. Natural es caer y levantarse. Romperse y rehacerse. Cambiar y dejar ir. Dejarse.

Amar por encima de todo. Es muy difícil hacerlo de verdad. El miedo se impone al amor la mayoría de las veces. Amarse, conocerse.

Deja de esconderte  y siente desde el corazón. Acalla ese ruido que has creado para protegerte de ti mismo. Sé quien eres. Empieza a conocerte y vívete para que los demás puedan vivirte.

 

              

miércoles, 1 de junio de 2016

Apuntes después de tres meses en Dubrovnik

Tres meses puede parecer mucho tiempo o casi nada. Ahora no sé decirlo, estoy perdida en los días. No sé qué ha cambiado o qué no en este rato. Si algo ha cambiado, en realidad. Me parece que llevo siglos y a la vez, dicho en voz alta, tres meses no son nada en la vida de una persona. Dejando estas disertaciones vitales a un lado, puedo decir objetivamente que tres meses sí son suficientes para hacerse una idea más o menos aproximada de un lugar.

El 28 de febrero de este año aterricé en Dubrovnik, saliendo desde Bilbao y con una escala previa en Roma. Un mes antes me habían dicho, oye, ¿qué te parecería ir a Dubrovnik? Me pilló todo muy de repente. Una parte de mí, en el fondo, estaba agusto en la pequeña Donosti. Había asumido que este año no me movería y estaba proyectándome en la ciudad. La ilusión de una posible salida desapareció  cuando me dijeron que no a una beca para Chile - apunto estuve - Y tras ese golpecillo, (yo que ya me veía por el desierto de Atacama, haciendo surf y sacando fotos a alpacas) cambié el chip. "Mejor que te olvides de ir a ningún lado..." me dijeron. Y de repente, por una carambola del destino, Dubrovnik. He de confesar que la idea no me emocionó demasiado al principio. He vivido un tiempo fuera, pero después de un año y cuatro meses en mi ciudad estaba un poco achantada, empequeñecida, acomodada, donostiarrizada. Todo eso, sí, para qué negarlo. Así que Dubrovnik no me llamaba ni me apetecía ponerle ojitos. De todas formas, mi vena inconformista, mi vena de... salta joder, que hay mucho mundo ahí fuera y no has visto una mierda, me animó. De nuevo, solo son seis meses, me dije.

Y ahora, en el ecuador, estos tres meses me parecen una barbaridad. Cuando estás fueras pierdes la noción de todo, hasta de ti mismo. Como si no hubiera suelo bajo tus pies. Esa sensación de... no somos nada, estás sola en el mundo. O le echas huevos y vuelas, o caes en picado, aquí no hay termino medio. Ahora mismo planeo, más serena quizá. También algo perdida en la traducción a veces. La sensación de vacío es clara cuando sales.

Se mezclan tantos sentimientos... Como de montaña rusa. Has salido al inmenso mar, y todo lo que conocías, eso que te ataba y te daba seguridad, desaparece. Imagino que el espíritu nómada lo tenemos que sacar a la fuerza en los tiempos que corren. En realidad no es tan dramático y seguramente me curta. Pierdo y gano. Espero.

Ya sabía antes de venir que Dubrovnik es un lugar pequeño y que no iba a haber mucho culo que rascar. Estando aquí, lo confirmo.  Oh sí, las murallas, Old Town, qué bonito. Y sobre todo en marzo, cuando puedes sentir la ciudad vieja de verdad, llena de gatos, palomas y señores mayores que te miran con recelo. Intuyes el murmullo del mar tras las murallas. Todo muy idílico, en plan, qué pasada, parece de cuento. Además, la primera semana la pasé en todo el meollo del casco histórico. ¡Qué decir! Para más inri, estaban preparando la calle principal de la ciudad vieja para grabar parte de la nueva peli de la Guerra de las Galaxias (Están que no cagan con el tema pelis y localización, porque, para quien no lo sepa, aquí se rodó también Juego de Tronos). El caso es que ver una Dubrovnik gris, lluviosa y el mar envalentonado estuvo muy bien. Pero ya. En marzo no había gente por la calle, estaba todo cerrado. Bien que no haya turistas, ¿pero la gente de aquí?

Podría decirse que Dubrovnik tiene dos caras: La de verano - que empieza en abril y acaba en octubre- y la de invierno. He tenido la suerte de haber catado un poco de la temporada baja (para poder vivir la ciudad en condiciones, más en su esencia aunque con peor tiempo). Y ahora estoy en plena  vorágine turistico-veraniega, y lo que nos queda.

Por favor, dejad de venir en masa.


El turismo es la peste. El turismo de crucero, más

En Donostia hay turismo, pero lo de aquí es otro nivel. Hay días en los que a la entrada de lo viejo se pone una catenaria que divide la entrada en dos carriles. Uno para entrar y otro para salir, como si te metieras en un parque de atracciones. Que si lo piensas, la idea es parecida. Entras, das una vuelta, pagas por subir a las murallas, te compras un helado, sacas dos fotos y sales. Como tengas prisa para algo estás jodido, aunque en realidad aquí de prisa no gastan.

Hay millones de hoteles a las afueras de la ciudad, pero también están los adorables cruceros.  Esto se traduce en masas de peña pululando sin sentido por la calle y abultando en el autobús. Seguramente, desde la perspectiva de un turista todo se ve distinto, porque llegan con el chip de no estresarse y de nos da todo un poco igual, ya nos estresamos en casa si eso. Pero si trabajas aquí y tienes que coger un autobús, respira hondo. Es dificil según en qué zonas ir andando a los sitios. Ni qué decir tiene que ir en bici es algo extraterrestre. Así que todo hijo de vecino se mueve en coche o en autobús. Teniendo en cuenta que los hoteles están a las afueras y que los turistas cogen el autobús sí o sí, imagínate el caos diario ya desde pronto por la mañana. Los de los cruceros, igual. A veces se juntan tres cruceros en un día. Si no has visto uno de cerca, no te haces a la idea de lo que hablo. Además, como ovejitas, a los pasajeros les ponen una pegatina, sí, verídico, y ale, dos horitas por Dubrovnik y pa'dentro de nuevo. Si hace malo hay gente que ni sale. Y los que salen consumen cero porque ya tienen todo pagado dentro del barco. Es decir, no tiene sentido promover este tipo de turismo, a mi entender. 

"Pomalo" style


Pomalo es una palabra que solo se usa en esta zona (Dalmacia). Si buscas en un diccionario de croata no aparece el término. Por algo será. Aquí el "pomalo" se estila mucho. Significa "tranqui", "con la calma", "despacio", "no te preocupes". Vamos, la pachorra elevada al infinito. Y es que aquí parece que las cosas les preocupan poco. Si algo no es hoy será dentro de cinco días. Si no ves a la dependienta es que está fumándose un cigarrillo fuera. Si la que te tiene que registrar en la ciudad está hablando por teléfono con su prima, te jodes.  ¿Que en la frontera tienes que esperar dos horas? Pues oye, lo haces. ¡Pomalo! 










Carreteras, conexiones

El problema que veo yo aquí para muchas cosas son las conexiones, las carreteras, el transporte. Dubrovnik es una ciudad aislada. Por un lado, el espacio es muy estrecho porque la ciudad se asienta entre el mar y unas montañas rocosas con las que no hay nada que hacer. Por otro, las carreteras, quizá también por el terreno tan montañoso, son  una mierda, y solo se puede acceder en coche o autobús. No hay trenes. No se puede. Además, Dubrovnik está en la punta de la punta de Croacia, abajo, atascada entre dos paises (que están fuera de la Unión Europea), Bosnia i Herzegovina y Montenegro. Esto significa que cada vez que te muevas un poco vas a pillar una aduana y tendrás que sacar el pasaporte junto con el espíritu "pomalo", por tu bien. Split es la ciudad grande más cercana a Dubrovnik, 230km que se hacen en casi cuatro horas. ¡Cuatro! (Pomalo...Y a viajar en avion).


Amaneceres y atardeceres, paisaje, naturaleza

Esto mola. Aquí el paisaje te da una torta en la cara todo el rato. Se agradece. Aunque los escarabajos asalten tu casa o los mosquitos perturben tus noches. Es vida. Y es una pena que no se repare mas en ella. Los ragusianos parece que solo tienen ojitos para el dinero en verano, encarnado en inocentes turistas. Somos eso, billetes, dinero, y muchas veces, poco más. Nos quieren y nos odian a partes iguales o quizá, dependiendo de cuánto lleves en el bolsillo. A lo que voy, que aquí es casi imposible terminar teniendo un mal día si te acercas al mar. Y si ya tienes la posibilidad de ir en barco, ni te cuento.


Restaurantes

Lo hablaba ayer con un chico de Dubrovnik. Mucha gente llega y pregunta por restaurantes típicos, familiares, donde den comida casera y de la tierra. O sea, una cosa muy normal en Italia o en Euskal Herria - miss you - . Bien, pues de eso aquí no hay. Todavía no sé cuál es el plato típico de la zona y nadie me ha sabido decir de algún restaurante o txoko más para la gente local. Ellos te dicen lo mismo que lees en las guías. ¿Dónde estás, esencia? Echo en falta eso. Un aire especial, una cultura característica, un sabor genuino. Si sales un poco, y entras en Bosnia, por ejemplo, sí se respira algo distinto. En Dubrovnik respiras turistas, su sudor.

Personas

Se nota el influjo italiano. En la forma y en el fondo. En la manera de hablar. Aunque entienda cero me siento más cómoda rodeada de croatas (hablo de los de Dalmacia, no sé cómo serán en Zagreb), que de alemanes. También es muy guay conocer a personas que están de paso, como tú, y compartir visión. O gente de aquí y su forma de ver las cosas. Me gusta el hecho de que, a pesar de tener casi 50.000 habitantes la gente se salude como en un pueblo pequeño. Saludo a más gente en Dubrovnik que en San Sebastián. Y eso está guay, un poco de humanidad. Aunque la masa de turistas no sea muy agradable, de manera individual a muchos merecerá la pena conocer. Como toda la gente con la que me he encontrado hasta ahora. Me quedo con eso. La gente y la vida.

Podría seguir con muchas anécdotas e historias pero quizá algún otro día. De todo esto, por ahora, saco la conclusión de que a Croacia le queda mucho camino por recorrer, pero lo entiendo. Es un país joven que viene de una guerra y está en pañales. Es increíble la de espacio vacío o casas impresionantes y destartaladas que tienen. Con un poquito de dinero, ganas e ideas chulas se podrían hacer la hostia de cosas. De momento, creo, siguen cegados por lo que ese guiri lleva en la cartera. Es lo cómodo, el dinero fácil, la cultura pomalo.

Así que esto es, grosso modo mi percepción en tres meses. Ahora empieza la segunda etapa, el verano. Voy a viajar: Sarajevo, Zagreb, Belgrado... La Europa desconocida. Los balcanes. Me apetece saber de ella aunque sienta que no es mi sitio. 

Y los que nos quedan...




martes, 31 de mayo de 2016

Date al cuerpo

Date a sentir tus músculos o ese michelín (intenta pensar en la utópica idea de que algún día podrá desaparecer y ser un bello músculo). Las manos, acaríciate. Cuando tu cabeza esté a punto de estallar por cualquier historia, sal de ella a base de trabajar el cuerpo. Baila, haz pesas, abdominales, enfréntate a lo único que es de verdad, tu materia. Los órganos, la piel, el tejido muscular. Machácalos, cuídalos, ponlos en forma. Que palpiten.

 A veces la mente se revela a base de cortocircuitos, idealizaciones, películas experimentales. Que te quede claro que eso no existe. Hola neurosis. Sin embargo, tu bíceps sí existe, los cuádriceps existen, el músculo flexor cubital del carpo, existe. En realidad, es lo único que tienes. ¿Por qué no lo cuidas?

Date al baile, conócete a través del cuerpo. Deja que te conozcan. Haz el ejercicio inverso, ve a contracorriente, porque el pensar es automático y se puede hacer desde el sofá. Te puede arruinar la vida. No te dejes.

 Nunca.







sábado, 28 de mayo de 2016

Lokrum

Como pavo por su casa
Esta islita a 600 metros de Dubrovnik es una caja de sorpresas. Se "abre" al público en abril, con la salida de ferrys cada poco tiempo. Si estás registrado en la ciudad y tienes tu tarjeta del autobús, la ida y la vuelta te sale por 10 Kunas (1,35€ aprox.), y, si, por desgracia, eres un mísero turista, la visita pasa a costarte 100 Kunas (13€ y pico), casi nada.

La primera sorpresa de la caja es su tamaño. Ni de coña, yo al menos, me esperaba que fuera a ser tan grande. No tienes la sensación de estar en una isla. Aunque... ¿alguien tiene la sensación de estar flotando en el universo? 

Después, vienen los pavos reales y los... conejos. Si Dubrovnik se caracteriza por la exagerada plaga de felinos everywhere, Lokrum puede presumir de pavos reales y adorables conejos. Los pavos reales cruzan por tu toalla cual paloma urbana, que para eso es su isla y tú estás de paso. Los conejos, zuper cuquis, pastan a sus anchas también.

Creo que un día no te da para verla en profundidad, porque está llena de recobecos. Mi primera vez ha sido en el lago que se encuentra en medio de la isla, llamado Mar Muerto, y después en una zona de rocas que da al mar. Ambas experiencias, bajo el solazo, han estado genial. En Lokrum hay gente, pero no esa masa amorfa de turistas que hay en Dubrovnik que solo viene a aplastarte, pisarte o mancharte con su p..... helado. 

Lokrum tiene naturaleza pero también tiene historia. En sus entrañas se encuentra un monasterio Benedictino fundado en 1023 y que ahora está abandonado (umm...como el 90% de las casonas y edificios históricos que algún día fueron algo en Dubrovnik). Según cuenta la leyenda, los monjes del monasterio, antes de dejarlo, allá por el siglo XIX, maldijeron el lugar. Así que cuidadín si pierdes el último ferry (A las 16.00 en temporada baja y a las 19.00 en temporada alta) y tienes que pasar la noche en la isla, porque los espíritus de los monjes - o bueno, quizá algún pavo real o conejo - quiera deshacerse de ti.

En 1959 abrieron un jardín botánico, que no he visto. Además hay una fortaleza en la parte alta, llamada Fort Royal, en la que tampoco estuve. Sumemos a esto una basílica y un pequeño palacio. Es decir, tengo que volver.

Ah, y por supuesto, por favor, no olvidar la gozada de saltar desde las rocas al mar. Zona rocosa en la  que además puedes hacer nudismo. ¿Qué más se puede pedir?

Por último comentar que, ahí donde la veis, Lokrum es reserva natural. Vamos, que esta isla es pequeña pero matona. 








Lokrum vista desde las murallas de Dubrovnik
Chapuzón en el Adriático - Gozada - 

El jodido mar -y sus rocas - siempre

Más pavos reales - De la realeza - 


"Mar Muerto"



 







lunes, 23 de mayo de 2016

Café turco: Ningún filtro, muchos posos

A mí también me han mandado hacer café. Café para siete la primera vez. ¿Sabes hacer café?, me preguntan. Yo: "pues claro". 

Vale no. Esto es café turco. Tienes ante ti un cazo estrecho con asa, llamado cezve, un café que parece soluble pero no, y los fuegos para calentar esta maravilla.

Es fácil, me dicen, tú echa el café cuando el agua esté caliente pero sin llegar a hervir, lo mueves, echas un poco de azúcar y listo.

Ok, digo yo. No problem.

No problem? Umm...  

El agua empieza a humear, echo el café y remuevo.

En realidad he puesto las cantidades a ojo. Que sea lo que Dios quiera. 

(Sigo removiendo...)

Esto no se disuelve. Una especie de arenilla cubre la cuchara cada vez que la saco del cazo. 

Oh Dios mio, esto no se va, me he pasado un montón con la cantidad de café. 

Ahí arriba hay gente esperando, pero ¿cómo se van a beber esto que no tiene más que posos? 

Bueno, no puedo hacer mucho más, dejo reposar el potingue para que los posos se queden abajo y voy poniendo la mezcla en las tazas, cogiendo el café desde la parte de arriba para evitar esa arenilla tan desagradable. 

Menudo desastre, pienso. Espero que no se atraganten.

Pues no, no lo hacen, todos siguen vivos, me piden un poco de leche. Todo correcto. 

Resulta que todo estaba estupendo. Lo descubrí en un viaje a Mostar, donde pedimos café turco, servido en ese cacito tan cuqui que se ve en la foto. Y oh, cuál fue mi sorpresa al descubrir que en sus profundidades se hallaba ese ya conocido fango marrón.

No fui tan guay como para poner los azucarillos con los que se toma a veces. Tampoco lo sabía. Te metes el azucarillo a lo bestia en la boca y luego bebes el café. También puedes endulzarlo con lokum, esa cosilla cuadrada pinchada con un palito  que aparece en la foto.

Interesante, ¿no?