domingo, 10 de diciembre de 2017

BORDEAUX

¿Por qué Bordeaux? Podría haber sido Madrid, Berlín, Albacete, Abaltzisketa o París. Y en ese impasse, en ese a ver qué haces con cuatro días off y poco dinero, se me iluminó la bombilla. Es el mismo tren que me llevaría a París pero me quito cinco horas de viaje y ahorra el bolsillo. Donostia - Bordeaux son dos horas, ¡dale! ¿Por qué no?

En realidad existían "por qué nos". Entre ellos estaba precisamente el desconocimiento. Ese preguntar a la gente y no saber muy bien. Ese "yo solo he estado de paso", que es lo que me comentó la mayoría. Una ciudad de paso para estar medio día y marcharte a otro lugar. Entonces pensé, venga, quedémonos más que ese medio día, por llevar la contraria. Pillas ticket y le das. Te plantas, sin querer, en Bogdó.

Bordeaux, Bogdó, que no Burdeos. 

Burdeos era antes de llegar, Bordeaux es ahora, francesa y de verdad. Burdeos me sonaba poco,  solo a vino y a dogo. Bordeaux, Bogdó, es otra cosa. 

Parece mentira estar tan cerca y sentirnos tan lejos franceses y .... ¿Españoles? ¿Vascos? Bueno, da igual, lo que seamos. Pero, he de decir que esta ciudad la noté menos "gabacha", menos patriótica, más... ¿campechana? Y con un aire bohemio-artístico-llámalo X trop intéressant.


No se ve, pero en una de las pegatinas pone: "Parisiens bienvenue".  Tienen guasa los bordeleses.





























Podría dividir el viaje entre cara A y cara B. La primera cara para los lugares que aparecen en las guías y que hay que visitar sí o sí. La segunda, para lo que me encontré, que no aparece en las guías pero podría. El problema es que ambas caras se me han mezclado, así que soltaré los espacios y lugares que me han gustado, desordenadamente.


Marché des Capucins 

Fue de lo primero que vi, quedaba cerca de donde me hospedaba. Es un mercado típico con comida, puestecitos, fruta fresca, bragas a un euro y demás. En toda ciudad que se precie encuentras uno. Este se mantiene todavía fuera de las garras capitalistas y el instagraming food porn. Ni rastro de trucks made in cocineros estrellas Michelín o gastro poto potes. Aguanta, Marché!

Su nombre se lo debe a los monjes capuchinos que en su día merodeaban por la zona.

                 
 



Place Meynard y Basílica de Saint - Michel


Fue salir del mercado de los capuchinos y encontrarme, a unos cuantos metros atravesando la calle, con la torre (o flecha) de la basílica de Saint-Michel. 

El sol pegaba de lleno en las fachadas y en esa super torre, lo que generaba una bella y luminosa estampa. Si a eso le añades que había un mercadillo de cachibaches y objetos antiguos en la plaza donde está la basílica (Place Meynard), solo nos falta a Yann Tiersen para otra película tipo Amelie. Oh, esa luz francesa tan característica. Este otoño soleado.

Había mucha gente en la plaza junto a la basilíca, sobre todo mucho vendedor con aire gitano trapichero. Aquí pude percatarme también de la cantidad de anticuarios y galerías de arte que habitan la ciudad.  Ay, La Bohéme.

A esta mezcla peculiar de compradores y vendedores ambulantes con pinta mafiosa hay que añadirle grupitos de perroflautas callejeros echándose siestas al sol de otoño francés. 


Saliendo del Marché, de camino a la flecha de Saint Michel. También calcetines a dos euros y acordeonistas descansando.



La luz


La plaza Meynard con el mercadillo de cachibaches y la flecha iluminada



Parte de atrás de la basílica Saint-Michel. 


Flecha, árbol, personas.

Tienda de la zona



Dentro de la flecha...pam!


Río Garona

No muy lejos de la basílica, por la parte de atrás, apareció el río que atraviesa la ciudad, el Garona. Es enorme y lo bordean extensos paseos.









Cualquier ciudad que se precie necesita su correspondiente ejército de palomas.



Creo que se hace mucha vida alrededor del río. Todos los domingos se planta un mercado de comida en una de las zonas del paseo (Marché des Quais). Además, los bordeleses utilizan el paseo para moverse en bici de un lado a otro de la ciudad.



Al río se puede venir a pensar también



 
Marché des Quais, todos los domingos, al lado del río. Vinos, ostras y todo lo demás.

Pont de Pierre


Ya que estamos en la zona del río, hablaré del Puente de Piedra, que me flipó bastante.

Por ahí pasa el tranvía, y también, muchas bicicletas Peugeot. Une la orilla izquierda, donde está el centro y los principales monumentos, con el barrio de la Bastida, en la orilla derecha. Al parecer el puente se considera monumento histórico desde 2002. 



Puerta de Borgoña, enfrente de la orilla izquierda del Puente de Piedra.















Al parecer se hacen experimentos raros en este puente, con niños, bicicletas y autobuses




Barrio de la Bastida

Es el barrio que está en la orilla derecha. El que te encuentras nada más cruzar el largo puente de piedra. Ahí aparece la plaza de Stalingrado con su característico león , para el que realmente no hay una gran historia.  Aún así, es todo un símbolo ya.






Si se sigue andando un poco más allá uno se encuentra con otra iglesia tocha. En este caso, la de Ste. Genevieve.



Iglesia de Ste. Genevieve. Tortícolis.

El barrio de la Bastida es tranquilo, se nota que está al otro lado del río.

El barrio



Fleurs y tabac, typical french

La Bastida te saluda

Bicis, bicis, bicis


Place de la Bourse

Es, seguramente, el lugar más visitado por los turistas. Recomiendo ir de noche. Justo enfrente del edificio hay una especie de estanque que hace efecto espejo. Vale,  el estanque se llama Espejo de Agua. A mi me pilló un momento bonito con tres señores en la plaza, de fondo, tocando algo parecido a unas trompetas.



          




De día también mola

O en días nublados

Justo enfrente está el río y el tranvía pasa por aquí, así que es difícil no ver la plaza-emblema de Burdeos.


Canelé, el dulce bordelés

El canelé es el dulce típico de Bordeaux. Es una especie de bizcocho esponjoso con forma de flan que a mí, personalmente, no me convenció. Lo probé en uno de los sitios típicos: "Baillardrian". Me sablaron cinco euros por el pastelito y un café solo. Está bien por hacer la gracia, una y no más.





5 euros por un escupitajo de café y un pastel de Liliput


Al menos, entré en calor. El sitio estaba en una plaza que también me gustó. Se llamaba...



Place Gambetta

Me recordó a la Plaza de Guipuzcoa. No es muy grande pero tiene mucho verde y un jardín guay con un lago en medio.


Muy bestias los dogos (alemanes, no de burdeos)



Exposición de Beatriz González  en el CAPC




Cuando llegas sin plan a cualquier ciudad, una de las opciones es la visita a algún museo. Yo di con Beatriz González y el Museo de Arte Contemporáneo, de casualidad. Había visto carteles por la ciudad pero no sabía dónde estaba, hasta que me lo crucé, sin querer, y algo me dijo que tenía que entrar. Cómo no, si el suelo me hablaba.





Ahí que entré, y flipé, me quede un montón de tiempo dentro. Beatriz González es una artista colombiana que desconocía. El espacio era enorme. Había estudiantes de dibujo tirados por las esquinas tratando de retratar partes de la exposición, me dieron ganas de ponerme como ellos.




















Ciudad del Vino - Cité du Vin (y alrededores)

Es evidente que la ciudad del vino debía tener su propia, valga la redundancia y la paradoja, Ciudad del Vino. O sea, un parque temático sobre esta bebida con tanta fama en Burdeos cuya entrada cuesta 20€. A mí ni me va ni me viene, pero me acerqué por curiosidad. Hay que coger el tranvía para llegar, ya que está a las afueras, cerca del puerto.

El edificio llama la atención. Pero aparte de eso, más no puedo comentar.



¿De qué tiene forma?


De lo que sí puedo hablar es de lo que me encontré detrás de "La Ciudad" del Vino...


  • Les Vivres de l'Art




"Association, atelier de Jean-François Buisson et de nombreux artistes contemporains, lieu historique et moteur d'événements au coeur des Bassins à Flots"



Pues eso, una asociación de artistas, con un jardín muy mono lleno de esculturas e instalaciones. También había un bar y un escenario con unos chicos dispuestos a rapear. Esta es la magia de los viajes a la deriva, que no sabes nunca qué te espera a la vuelta de la esquina. 













Muy berliner



Work in progress


No todo iban a ser fachadas limpias en Francia


Preparándose para el concierto

Siguiendo con la senda de las caras B,  quiero mencionar la sala de conciertos Krakatoa, el cine Utopía y un bar llamado Ô plafond, bar éphémère (o algo parecido).


A los cines Utopía, que están dentro de una antigua iglesia, no llegué, ni a la sala Krakatoa, donde tocaba un grupo que conocía de hace años llamado Girls in Hawaii.

El bar estaba al lado del albergue, y aunque cuando pasé estaba cerrado, por fuera pintaba, y nunca mejor dicho, muy bien.















Es una de las cosas que me ha sorprendido de Bordeaux, su vida "alternativa", joven y artística. No me la esperaba.



Este artista, Selor, está por muchas paredes

Muy cara B,  ¿que no?


             



Parada del tranvía Berges du Lac

Caminar o perderse implica encontrarse con lugares inesperados. En mi caso fue fruto de un tranvía cogido al azar, "hasta donde me lleve". Cuando me vi demasiado en las afueras de la ciudad decidí bajarme, y cuál fue mi sorpresa, que detrás de ese barrio moderno y residencial, aparentemente anodino, apareció un lago enorme y tranquilísimo bajo un sol de domingo. 
























     
        




Bueno, y como colofón, aunque sé que me dejo historias, aventuras y partes que contar, aquí viene, ya llega la Duna de Pyla.


Duna de Pyla

Vale, no está en Bordeaux, sino a una hora, cerca de Arcachón. Solo diré que me sentí como en un reportaje del National Geographic a miles de kilómetros de aquí. Sorpresa enorme.

Hacía viento, sol, había muchos niños flipando y tirándose como croquetas desde arriba. La Duna es como una pista de esquí pero con arena en vez de nieve. Después se nubló, empezó a llover, me encontré en medio de la nada, entre la ventisca, hasta que al rato paró y salío un arcoiris bestial que iba del bosque al mar, por encima de la Duna. Ninguna de las instantáneas que he sacado han podido retratar del todo ese momento casi, casi mágico.


Acabo esto flipando un poquito con Burdeos y mucho con el mundo.


A tout a l'heure!




















domingo, 5 de noviembre de 2017

Do, Re, Mi, Fa... Foco


Todos los días a todas horas.¿Cuándo empezó? Acompaña esa intensidad con una música a veces pegadiza y otras veces solo martilleante. A las ocho de la mañana, las doce del mediodía o diez de la noche.  Mundo de luces permanentes, ciegamentes. Escaparates. Escápate.


Hay quien pasa más tiempo debajo del foco que debajo del sol. Abruma pensarlo. Sentirnos tan acostumbrados es delito. Dime dónde iluminas y te diré de qué oscureces. Los focos como maquillaje. Foco aquí, foco allá, maquíllate, maquíllate.

¿Qué necesidad real existe de tanta iluminación? A mi entender, ninguna. ¿Brillar significa ser mejor? Al hilo de esta reflexión pienso en la fruta y verdura de los supermercados. Ahora las manzanas brillan, los calabacines vienen barnizados. Una manzana sin brillo y con un pequeño agujero queda desterrada a producto de descuento o directamente va a la basura. Claro que sí, gente.

Puedes poner un reloj de plástico barato y muy rompible debajo de un foco que parecerá un Rolex. También puedes coger a un tipo cualquiera, ponerlo bajo los focos con un poco de maquillaje y que ocurra lo mismo. Somos como polillas atraídas irremediablemente a la luz. Del tipo que sea, nos idiotizamos. El tiempo mercantilizado, las personas, más.

No solo quien trabaja en una tienda, por ejemplo, vive bajo un foco permanente. Hay focos muy intensos que están sin notarse. Somos productos y nadie quiere ser el calabacín feo. ¿Qué implica desaparecer de los focos, salir del escenario, pasar del escaparate?

Muchas veces es  arriesgarse a no tener quien te compre. A coger polvo en el almacén. Estar pasado de moda, qué horror.

Pero ay el día que alguien te encuentra debajo del polvo, en aquel rincón del almacén, o que sales solito y ves que quizá sirvas para algo más que ser camiseta de un día en el armario de una adolescente. Ay cuando brillas sin foco.

Cuando das la nota más alta. O cuando suena sol.









martes, 17 de octubre de 2017

Josetxos

Algunos entornos se prestan más y mejor. No en todos los barrios cuecen las mismas habas. Hay más caldo en algunos, más ingredientes en ebullición. Eso que llaman "vida en común" se ve reflejado, por ejemplo, en esta zona. Los barrios residenciales no tienen opción entre tanto garaje y jardín. Pero aquí... Lo que dan de sí 5 minutos y 100 metros cuadrados.

Sacas de tu casa a la basura un sillón que previamente cogiste de otra basura parecida, lo dejas medio tirado en la acera y empieza el espectáculo: Señoras que pasaban por ahí se te acercan y comentan. La planta huérfana, abandonada a su suerte al lado del contenedor, nos viene muy bien para el atrezzo improvisado. Queda perfecta al lado del sillón, ya tenemos salón. Pero falta algo. Gracias Josetxo por entrar en escena. Bueno, tu perro y tú. Que da la casualidad de que también conocéis a las otras dos actrices espontáneas. "Oye, ¿nos sacas una foto?", dice Josetxo. Y así, repentinamente, quedan retratados en este salón de techo alto y muy azul su perro y él, como si todo estuviera preparado para el momento.

Termina la sesión y de rebote la planta consigue un nuevo hogar. Si Josetxo pudo con las plantas de maría de su sobrino, esta palmerita es pan comido. Arranca las hojas secas  mientras nos habla, antes de irse a casa. Las señoras, entre tanto, piensan que quizá el sillón les podría encajar en su vivienda. Reculan al explicarles que en realidad está carcomido. Entonces, nos ayudan a desmontar el escenario y tirar definitivamente (o no, quién sabe) este asiento multiusos. "Ponlo así, no vaya a ser que algún niño se pinche con ese clavo". Los niños del barrio.

Agur Josetxo, perro y planta. Gracias señoras por su colaboración.





domingo, 8 de octubre de 2017

El verano de Maribel

No es un cuento chino. ¿O sí? Tal vez medio español. Cuando Luo Zhen Xu (por ejemplo) opta por llamarse Maribel o en la taberna Ricardo puedes pedirte un Shao-Mai junto con unas bravas, algo pasa. Hay que contarlo. 

La suya es una revolución silenciosa. De tiempo. Nos reímos, nos hacen gracia. Pero, sinceramente, creo que ellos se están riendo de nosotros. Pobrecitos europeos, no tienen ni idea. Nosotros hemos aprendido de vosotros mientras por aquí os rascabais la barriga admirando vuestra historia, noches parisien y amaneceres en Islandia, cómo mola. Pero chicos, en realidad sois pocos y envejecéis deprisa. 

Compramos cantidades ingentes de leche para lactantes por Internet, porque la prole es gigante y tiene hambre. Conquistamos vuestros bonitos locales para poder después haceros la manicura o venderos coladores de colores para esos zumos de naranja que hace tiempo dejó de ser de Valencia. Aprendemos vuestro idioma mientras vosotros os reís de nuestra pronunciación. Sí, sí. Seguid así. Si ni siquiera inglis pitinglis, como para darle a chino mandarín. 

Antes China solo aparecía en las etiquetas, ahora, lucen su seña orgullosos. En camisetas de fútbol, bares, tiendas y cómo no, en arrogantes smartphones que siempre han hecho en nombre de otros. ¿Qué pasa Xiaomi? ¿Cómo te va, Huawei? 

Por aquí hemos vivido de nuestro propio cuento, sin ser conscientes de lo que se estaba cociendo a una distancia casi imposible para algunos. "Humor amarillo". Qué risas. Ya están dentro. No se avergüenzan, toman el control. Bye, bye, Europa. Una cacerolada no hará nada. (¿Cacerola made in... dónde, dices?).

Mientras tanto por aquí nos peleamos en colores pasados de moda: que si rojos y grises. Que si países o pueblos. Cuando el color mundial puede que sea el amarillo y Maribel ya habla euskera y catalán.

La primavera fue árabe, pero el verano... ay, el verano. Es de Malibel, sin cuentos.