domingo, 29 de marzo de 2015

"Arrastoak", Dejabu Panpin Laborategia, premio

Viernes 27 de marzo de 2015. Voy al teatro. No suelo hacerlo. Tengo invitación. Se abre el telón y empiezo a atar cabos. Es el Día Mundial del Teatro. Lleva siéndolo desde 1961. Soy una ignorante.

También descubro que la obra que vamos a ver ha ganado la XV edición del Donostia Antzerki Saria. Tampoco tenía ni idea de que dicho premio existiera. 

La obra me gusta desde el minuto cero. La luz, la música, la puesta en escena, los actores. Que estemos en el Victoria Eugenia es un plus. Me quito de un plumazo todos mis prejuicios respecto al teatro y ahora quiero más.

Fue como ver una película en directo, sin tomas falsas, sin cortes, pero con banda sonora, luces y acción. Todo generado a nivel colectivo, sin director, por  Dejabu Panpin Laborategia. Y en euskera.

La sensibilidad es universal y aprender es gratis.


viernes, 27 de marzo de 2015

Entre el Mendia y los copilotos suicidas

Mendia, que significa monte en euskera, es también el nombre de una exposición que se presenta en el museo de San Telmo de San Sebastián con la colaboración del Club Vasco de Camping. Allí estuve el martes pasado (todos los martes la entrada es gratis en este museo).

Me gusta su planteamiento. Combina datos técnicos con historia y muchos cachibaches super antiguos. Leo que se divide en cuatro partes: La liturgia de la montaña, El descubrimiento de la montaña, Espíritu de conquista y la Montaña es nuestro espejo. Se trata de una visión de la montaña desde un punto de vista no solo deportivo, sino cultural y social. En concreto, centrada en el montañismo vasco. Ya sabemos que aquí existe una larga y profunda tradición mendizale (montañera).

Pero una cosa es ir al monte los domingos y otra muy distinta cascarse expediciones de meses hasta el otro lado del mundo, de las que muchas veces no sabes ni siquiera si vas a volver.

Mi paso casual por la expo "Mendia" y la terrible noticia del avión estrellado esta semana en los Alpes me han hecho reflexionar acerca del poder de la montaña. Escuchaba en la radio, al hilo de la fatídica noticia, decir a un comentarista que el enclave de la tragedia podía en cierta forma aliviar a los familiares que se acercasen al lugar de los hechos, como si perder a alguien entre las majestuosas montañas de los Alpes fuera más reconfortante que morir atropellado en el parking de un híper. Al mismo tiempo, pienso, en el caso de que esto que se dice del copiloto sea verdad, si lo de hacer de kamikaze en los Alpes fue algo elegido o simple casualidad.

¿Qué tiene la montaña para hacerla tan atractiva? No creo que la gente de mar se vuelva tan loca por la playa. La rudeza y el espíritu de sacrificio lo veo mucho más en los montañeros. En realidad hablo sin tener ni idea. Me gustaría tener un pelín más de montañera. Pienso en el silencio ahí arriba, la respiración entrecortada,  los callos, arañazos y heridas. La climatología adversa. Los músculos tensos a más no poder. El machaque sobrehumano para un ascenso pasajero.


Lo de algunos es casi adoración. La montaña como religión, como metáfora de la vida; y de la muerte. Esa fina línea con la que a estos locos mendizales les gusta jugar. Cuanto más a pelo, mejor. La montaña, esa cosa enorme, y tú, un ser más bien pequeño; parece una lucha que debe poner bastante. Es el impossible is nothing marcado a fuego en la cabeza.

Y algunos vivimos quejándonos en las laderas.


Pintxo Sonoro: Among Savages - Start At The Beginning

jueves, 26 de marzo de 2015

Tapita Visual: Concierto de Yelle en La Gaîté Lyrique (París)

Hay gente que, sin saber por qué, te pone contenta. A mí por ejemplo Yelle me produce esa sensación. Si no conoces a este grupo francés, aquí tienes un vídeo para que disfrutes de su puesta en escena.

Buenrollismo elevado a la enésima potencia.


miércoles, 25 de marzo de 2015

Manda huevos (Kinder), Uwe

De pequeño ese chocolate en realidad te daba más o menos igual. Tú buscabas la sorpresa, a veces satisfactoria, otras muy decepcionante. Eso sí, a tu primo siempre le tocaba la más guay. Algunas eran para almas de ingeniero, pero el chasco venía también cuando no había nada que montar. De todas formas, la ilusión por el trastito en cuestión era más bien pasajera. Como el efecto sorpresa dura lo que dura, a las horas ya querías abrir otro, olvidándonte del ilustre regalito anterior.

Hace poco fue el cumple de una amiga y decidí regalarle un huevo Kinder, clásico que a pesar de los años, sigue jugando en primera división. ¿Y qué le tocó? Un hipopótamo de una sola pieza; bueno bien, que mi amiga de ingeniera tiene poco. Pero el colmo fue que dicho animal llevaba a su vez en brazos a su bebé hipopótamo. Cuanto menos, inquietante. No soy una freak coleccionista de sorpresas de huevo Kinder, pero basta con observar un poco para darse cuenta de que surrealistas son un rato. 

¿En qué piensan sus creadores? Ayer leí un artículo sobre el diseñador de estas sorpresitas, Uwe Grünewald, que lleva 20 años haciendo realidad en versión mini todo lo que le pasa por la cabeza. 8000 modelos diferentes diseñados hasta ahora, tócate los pies. Y ahí lo tienes, dibujando planos dignos del último modelo de BMW. Oye, que los niños también son exigentes.

Y también más vagos, porque salta a la vista que Uwe utiliza cada vez menos piezas en sus creaciones. Ya no es lo mismo, señor Grünewald. Una sorpresa es menos sorpresa si la ves de golpe, ¿no?