domingo, 31 de julio de 2016
Pintxo Sonoro: Mursego - Cumbia villera de la ciudad armera
Vuelve a por mí
Ven a darme una torta en la cara. ¿Dónde te quedaste? ¿En qué momento nos separamos? No soy consciente, solo veo una evolución (o involución) a través de las fotos. Al menos a veces sirven para algo. Las fotos encienden recuerdos y en ocasiones sirven para reflexionar, para que pares, y digas, ey, yo un día fui así, y no estaba mal. Deja de andar un momento e intenta retrotraerte un pelín para ir en busca de eso que funcionaba. Luego sigue el camino de nuevo, pero llévate contigo aquello bueno que por diversas razones te dejaste atrás. Has ido acumulando de todo, los años te llenan de cosas útiles e inútiles. Es hora de tirar estas últimas. La morralla.
Amigos, la vida nos arrastra. Sin compasión. Nos arrastra entre ramas, compresas y bolsas de plástico. ¿Algo de esto te sirve? Creo que no. A la mierda.
Vuelve a por mí, yo que molaba. Caminemos juntos hacia adelante. Limpitos y coleando. Hasta la próxima parada.
sábado, 30 de julio de 2016
viernes, 29 de julio de 2016
Ibrica Jusić
En efecto, el estilo cantautor se lleva mucho por aquí. Son muy de tocar la guitarra y tararear canciones populares. Incluso en el autobús, algún conductor emocionado te planta un disco de canciones tradicionales a todo trapo. Si me las supiera, yo las cantaba. A pesar de lo pastelosas que me suenan, me hacen gracia. Aquí pegan, quedan bien.
Pero Ibrica no es el único que conquista los espacios de la ciudad vieja de Dubrovnik, aunque quizá sí el más conocido. No solo en la calle, las sobremesas o encuentros de amigos y familiares suelen acabar con alguien tocando la guitarra y la gente cantando. Es gracioso porque la persona que menos te esperas se sabe las canciones. Todo esto ambientado por chupitos de rakia, un licor de frutas muy fuerte que se bebe en los Balcanes. O sea, que la exaltación de la amistad y el abrazo inesperado a tu cuñado están servidos.
Ibrica Jusić, según me dijeron, no quiere aplausos, ni calderilla. Quiere que compres su música y disfrutes de ella. De ese todo especial.
Ojalá su tradición perdure. La resistencia pacífica de la música bien entendida.
El alma de la ciudad vive escondida en los mejores rincones.
martes, 26 de julio de 2016
Quiero decirte una cosa
Decírtela a ti que me estás leyendo. Decirte que hace seis años abrí un blog, por necesidad de escupir lo que se me aturulla en la cabeza, pero era privado, una especie de diario con pegotes que usaba para desahogarme además de poder guardar cositas de internet que me gustaban. No sé cómo ni por qué di el paso de hacer público mi caos mental. Ahora a veces me da un poco de vergüenza cuando alguien dice que me ha leído, porque cuando escribo no soy consciente (del todo), y creo que mejor así. Mejor así siempre, en todos los aspectos de la vida. Porque cuando empiezas a ser otro por los demás, estás jodido.
En fin, que recomiendo esto de escribir. Y que gracias. Es raro. Pero a veces uno se siente menos solo cuando comparte sus cosas y ve que hay gente ahí detrás que empatiza. Que no somos tan diferentes, joder. También me he dado cuenta del salto abismal que existe entre el lenguaje escrito y el hablado. Entre la persona que se toma una caña contigo y la misma cuando escribe desde la soledad de su habitación. ¿Cuál de las dos eres? ¿Cuánto hay de personaje en ambas? No tengo ni pajolera idea de la respuesta. Pero yo soy muy de creer en los silencios, no sé, creo que ahí está el verdadero alma de cada uno. Qué bonito, ¿no? "Compartir un silencio".
Podemos entrar también en el tema del egocentrismo o del ombliguismo. Tener un blog para airear tu ego. ¿A quién le importa tu vida? Bueno, creo que somos una dicotomía con patas. Yo no sé la verdadera razón de hacer esto, y me da igual, lo hago por necesidad, porque me alivia. Porque dar a los demás un poco de ti, aunque sea por escrito, no viene mal. Abrirse, aunque sea online, aunque después te pongan a parir, pero ahí estas.
Alguien un día me dijo que sacara a la luz lo que hay en mí y que no tuviera miedo de dejarme llevar. Que escribiera. Que no dejara mis cosas dentro, y me lo intento aplicar. Puede que ella fuera el desencadenante. Aquí estoy, tú, wherever you are - Le vent nous portera - . Y seguiré. Por mí y por ti. Por las cosas que vivimos. Por si acaso. Ella sabía lo que decía. Porque es muy jodido para algunos, para mí lo es. Para mí es muy jodido abrirme. Me acojona. ¿A ti no? De esta forma vivimos relaciones superficiales que en el fondo no nos creemos, donde nos falta algo todo el rato.
Alguien un día me dijo que sacara a la luz lo que hay en mí y que no tuviera miedo de dejarme llevar. Que escribiera. Que no dejara mis cosas dentro, y me lo intento aplicar. Puede que ella fuera el desencadenante. Aquí estoy, tú, wherever you are - Le vent nous portera - . Y seguiré. Por mí y por ti. Por las cosas que vivimos. Por si acaso. Ella sabía lo que decía. Porque es muy jodido para algunos, para mí lo es. Para mí es muy jodido abrirme. Me acojona. ¿A ti no? De esta forma vivimos relaciones superficiales que en el fondo no nos creemos, donde nos falta algo todo el rato.
Quiero decirte que voy a seguir diciendo, a seguir hablando, aunque meta la pata. Llámalo escupir. Sudar, llorar... Hora de ir al baño.
Obviamente la parte fundamental es pasar del escrito al real, y ahí está el abismo. La parte importante es la buena conversación en el cara a cara, el contacto humano, que no se nos olvide. Esto no va de literatura ni de artículos bien argumentados y sin faltas de ortografía. Ahora mismo no. Va de sentimientos, de estar en el mundo y compartir de alguna forma lo que uno es, o le gustaría ser.
Quiero decirte que gracias, que seguimos on the road, a pesar de los batacazos, las abolladuras o los cortes.
A pesar de nosotros mismos.
A pesar de nosotros mismos.
lunes, 25 de julio de 2016
Cositas Pequeñas
Quizá este texto lo escriben mis hormonas, no lo sé. Porque gente, aquí a una rancia le está entrando el instinto maternal, qué se le va a hacer. Creo que estoy un poco harta del viaje sin rumbo, del psicoanálisis frente al espejo. La vida molaría más si tuviera a alguien a quien criar, un pequeñín al que abrirle paso. Criarlo pero a la vez dejarlo libre. Ver su evolución, acompañarle. Que sean lo que quieran, pero que sean felices. Siempre he sido más de perros, pero ahora me empiezo a pasar al otro bando. La vida compartida siempre es mejor.
Así son, cositas pequeñas, inocentes, flipando con todo, nuevos pasajeros en el mundo. Criaturillas que se dejan hacer, que no saben lo que es la maldad, la bondad o un corazón roto. Personitas que pueden hacer de tu día un teatro improvisado. Si te abstraes y entras en su mundo la vida se ve mucho más fácil, más sencilla, más como un patio en el que jugar.
A veces, en algunos círculos de gente de mi generación, queda bien eso de decir que puff, qué pereza, tener un niño, con todo lo que implica, que dejas de tener vida, y blabla. Obviamente, hablo desde la ignorancia. Me aterra el momento parto, toda la responsabilidad que conlleva hacerse cargo de una vida. También sé que muchas veces no es viable porque los pequeñines necesitan de tu estabilidad económica (y emocional). Pero creo que a cierta edad ya has tenido tiempo de vivir "tú" vida e imagino que es solo una forma diferente de estar en el mundo, punto.
Si todo esto no te convence, al menos, alucina como un niño, te irá mejor. Quiere como un niño, vuelve ahí, donde todo estaba por hacer.
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