Puedes hacerlo por hobby, o, más probablemente, por obligación. Da igual, ambas versiones son, a su modo, disfrutables.
Como diría Haruki Murakami: "¿De qué hablo cuando hablo de mañanear? "
Hablo de esos cinco minutos de café solo, o sola, o acompañada, pero cinco minutos tuyos, de los que puedes saborear. Hablo del camino al autobús cronometrado pero también pausado; del programa de radio en el coche y esa canción que te pilla de sorpresa y te pone de buen humor. Hablo de las calles en blanco para que las podamos pintar, de nuevo, a lo largo del día. El ruido de las persianas levantándose, ¡¡los desayunos!!, el olor a tostada, la mermelada.
La cucharilla acariciando la taza (ese tintineo), el periódico doblado, los "aupa egunon", las caras con aroma a sábana pegada. "Son las 8, las 7 en Canarias". Hablo de esos ratitos de lectura rápida, de tiempo muerto pero en realidad muy vivo, pausas antes de ir a cavar, a sacar oro. Un tiempo que es más tuyo que ninguno, tú verás lo que haces con él.
Los vecinos, la de la limpieza en el descansillo. "Ha refrescado, ¿eh?" Sacar al perro en pijama pero con el abrigo puesto para luego, si hay suerte y mañaneas por gusto - o por chucho -, volver a tu guarida. Comprar el pan, ir a por croissant. El lujazo de un zumo recién exprimido.
El beso y ese "agur amá". El cole. "Txintxo izan". El silencio al ser el primero en la oficina, organizar la mesa, abrir las ventanas, elegir playlist. El gozo latente de poder estrenar tantas mañanas.
El arranque a veces es potente, un poco masoca, hasta que llegas a la velocidad de crucero. Miras al cielo, qué gusto poder respirar otro día más.
Mañana, mañanea. Hoy, también.
Buenos días. Good morning. Bonjour. Egunon, Guten Morgen.
Como diría Haruki Murakami: "¿De qué hablo cuando hablo de mañanear? "
Hablo de esos cinco minutos de café solo, o sola, o acompañada, pero cinco minutos tuyos, de los que puedes saborear. Hablo del camino al autobús cronometrado pero también pausado; del programa de radio en el coche y esa canción que te pilla de sorpresa y te pone de buen humor. Hablo de las calles en blanco para que las podamos pintar, de nuevo, a lo largo del día. El ruido de las persianas levantándose, ¡¡los desayunos!!, el olor a tostada, la mermelada.
La cucharilla acariciando la taza (ese tintineo), el periódico doblado, los "aupa egunon", las caras con aroma a sábana pegada. "Son las 8, las 7 en Canarias". Hablo de esos ratitos de lectura rápida, de tiempo muerto pero en realidad muy vivo, pausas antes de ir a cavar, a sacar oro. Un tiempo que es más tuyo que ninguno, tú verás lo que haces con él.
Los vecinos, la de la limpieza en el descansillo. "Ha refrescado, ¿eh?" Sacar al perro en pijama pero con el abrigo puesto para luego, si hay suerte y mañaneas por gusto - o por chucho -, volver a tu guarida. Comprar el pan, ir a por croissant. El lujazo de un zumo recién exprimido.
El beso y ese "agur amá". El cole. "Txintxo izan". El silencio al ser el primero en la oficina, organizar la mesa, abrir las ventanas, elegir playlist. El gozo latente de poder estrenar tantas mañanas.
El arranque a veces es potente, un poco masoca, hasta que llegas a la velocidad de crucero. Miras al cielo, qué gusto poder respirar otro día más.
Mañana, mañanea. Hoy, también.
Buenos días. Good morning. Bonjour. Egunon, Guten Morgen.



